Suplementos | Dentro de mi corazón de niño, yo no quería que Judas lo traicionara Era necesario que se repitiera la historia Tardé en darme cuenta de que Jesús siempre tuvo el control de esos momentos tan atribulados Por: EL INFORMADOR 12 de abril de 2012 - 06:36 hs Recuerdo vívidamente el tiempo de Semana Santa cuando yo era niño. En aquellos tiempos era necesario mostrar un recogimiento durante los días llamados “santos”, y cumplir con las obligaciones de la fe; recuerdo que escuchaba con mucha atención los relatos de la pasión de Jesucristo, su traición y entrega, su sufrimiento a manos de los soldados romanos, para posteriormente crucificarle y el aparentemente triste final en una tumba. Siempre que escuchaba el relato, cada año, surgía en mi interior el deseo de que la historia fuera diferente, que pasara algo que librara a Jesús de lo que se cernía sobre Él. Dentro de mi corazón de niño, yo no quería que Judas lo traicionara, ni que los soldados romanos lo apresaran, ni que sus discípulos lo abandonaran; deseaba que sucediera algo que le permitiera a Jesús escapar en la noche de Getsemaní, o que por lo menos Poncio Pilatos tuviera el valor de defender a un inocente, enfrentando a una turba manipulada, y que liberara a Jesús en lugar de hacerlo con Barrabás. Sin embargo, cada año sucedía lo mismo. La historia se repetía una y otra vez, y el desenlace no variaba. No alcanzaba a entender la naturaleza del sufrimiento de Jesús, su propósito al sufrir, y la maravilla de su resurrección. Pasaron muchos años antes de que entendiera que esto siempre fue la voluntad del Padre y del Hijo, y que la historia sucedió exactamente como Dios quería que sucediera. Tardé en darme cuenta de que Jesús siempre tuvo el control de esos momentos tan atribulados: decidió no resistirse a su arresto, a pesar de haberlo podido evitar de muchas maneras, decidió sanar la oreja del siervo del sumo sacerdote, para demostrar que seguía teniendo su poder sobre todo; decidió responder a la pregunta de Caifás, con la cual lo sentenciaron a muerte, cuando podría haber seguido en silencio, hasta que el juicio terminara por falta de pruebas; decidió no defenderse ante Pilatos, permitiendo que la turba decidiera por encima de los deseos del gobernante; decidió no quejarse, ni maldecir cuando lo azotaron con crueldad inhumana; decidió no beber el vinagre que mezclaron con mirra, y que produciría una misericordiosa anestesia, a fin de enfrentar el dolor de la cruz con toda conciencia, y finalmente, decidió entregar su espíritu, cuando supo que la obra completa había sido consumada. Me di cuenta de que era necesario que se repitiera la historia, con el mismo final cada vez, para poder entender que era la única manera de resolver mi propia historia, plagada de errores que he cometido una y otra vez. Los humanos pocas veces entendemos de nuestros propios errores. Alguien dijo que el ser humano es el único que se tropieza dos veces con la misma piedra, y frecuentemente nuestra vida lo demuestra: mentimos, nos damos cuenta de las consecuencias de la mentira… y volvemos a mentir, y lo mismo sucede con los tropiezos inveterados de nuestro caminar por este mundo. Entonces, ¿cómo poder romper ese círculo vicioso, esa cadena invisible que nos ata siempre a la misma prisión de nuestra voluntad subyugada? La Biblia dice que “el Hijo de Dios apareció para deshacer las obras del maligno”. En los evangelios lo podemos ver claramente: encontramos a personas que experimentaron un cambio de vida tan evidente, que no se pudo negar que habían encontrado la salvación. Considere a María Magdalena, una mujer endemoniada, llena de miseria y dolor, convertida luego en una fiel sierva de Jesús y de quienes le seguían; mire a Zaqueo, un despreciable recolector de impuestos, codicioso y explotador de las necesidades de los demás, cambiando para ser un generoso dador para los pobres, y un honesto restituidor de lo defraudado; piense en la mujer de Samaria, alguien con una vida emocional devastada, casada cinco veces y viviendo en unión libre con su último hombre, viniendo a ser una mujer portadora de noticias de salvación para toda su aldea. La historia de vidas cambiadas se extiende de las aldeas de Israel en el siglo primero, a prácticamente cada rincón de este mundo en pleno siglo XXI; millones de vidas cambiadas, como consecuencia de una historia que nunca cambió. Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones