Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | Jesús es el verdadero y auténtico Pastor de todos aquellos que le siguen y escuchan su voz

Entre pastores buenos y lobos feroces

Entre el barullo en que actualmente se debate nuestra vida, hoy por hoy hemos perdido el sentido de respeto a las palabras...

Por: EL INFORMADOR

Jesús es el verdadero y auténtico Pastor de todos aquellos que le siguen y escuchan su voz.
     Entre el barullo en que actualmente se debate nuestra vida, hoy por hoy hemos perdido el sentido de respeto a las palabras y nos da lo mismo hablar sin ton ni son de cualquier tema, verídico o no; de acusar o de crear estereotipos a partir de situaciones particulares. Es muy fácil generalizar y meter en el mismo morral a todos los de un gremio, por alguno o algunos que actúen mal.
     Por ejemplo: es fácil escuchar: “los políticos son corruptos” “los periodistas son mentirosos” y actualmente se ha puesto de moda: “los sacerdotes son pederastas…”.
     Es cierto que resalta más el negro en el arroz, pero por alguno que comete el error, se califica a muchos otros que son excelentes y merecen respeto. Y no es que vaya a defender a los sacerdotes que de veras son pederastas, que ciertamente merecen ser sancionados, tanto más porque son precisamente ellos, que han sido constituidos en nombre del Señor Jesús para continuar la labor de pastores de su pueblo, y cuidar especialmente a los más frágiles y delicados, abusan de éstos.
     Cuando el Señor Jesús quiso nombrar a sus apóstoles como sucesores de su pueblo, le dijo a Pedro: “apacienta mis ovejas”, no dijo: “aprovéchate de ellas y cómetelas”. Más bien habló fuerte, duro y golpeado contra aquellos que rompen la inocencia de los niños, diciendo: “más les valiera a estos tales atarse una piedra de molino al cuello y  arrojarse al mar” (Mt. 18, 5-6).
     Pero haciendo girar un poco la rueda, podemos considerar también de dónde provienen estos hombres que en el presente han sido constituidos pastores y guías de las ovejas de Cristo Jesús. Salen del mismo fango en el cual se debate la sociedad actual, que presta oídos a quienes afirman que todo es permitido y que ya nada es pecado.
     Ellos también están a la intemperie, expuestos a la contaminación que llega por todos los caminos. Desde la  influencia de la familia, de los grupos de amigos, hasta los mensajes que llegan a través de medios informáticos y electrónicos, donde se trasmite de todo…
     También estos “medios” --llámense televisión, Internet, telefonía, etc.-- son culpables de interferir en el proceso sano y natural del desarrollo de las generaciones nuevas. No podemos pensar que tanta contaminación sea indiferente para el alma de los pequeños que empiezan a ver con ojos nuevos el mundo y la vida; bien sabemos que no todo es bueno, pero aún lo que no es precisamente malo, no es bueno para todos.
     La figura del Buen Pastor, que hoy meditamos, nos invita a reflexionar que todos “todos” estamos llamados a pasar de ovejas del Señor Jesús a “pastores”. En este sentido, todos tenemos el compromiso de cuidar sus ovejitas, que crezcan sanas y puras; y con esto no digo ignorantes, sino lozanas, frescas, saludables tanto en su cuerpo como en su espíritu.
Debemos propiciar ámbitos donde se desarrollen personas que vivan armónicamente con su cuerpo y que en él crezca a la par el sentido de lo espiritual, de las virtudes morales y sociales.
     De esto y mucho más son responsables los padres, los familiares, los maestros, los médicos, los amigos, los dirigentes sociales, los dirigentes de grupo, los que promueven actividades deportivas, culturales o de cualquier tipo. Los que propagan mensajes en cualquier forma y con cualquiera de los diferentes medios. De otra forma es inútil pretender gente de primera, que sean nuestros líderes, que orienten, guíen y lleven nuestro mundo por caminos firmes y seguros.
     Por lo tanto, no se trata nada más de tirar pedradas a diestra y siniestra, sino de mirar sinceramente nuestro corazón y analizar en que renglón nos ubicaría el Buen Pastor: como sus fieles colaboradores o como sus enemigos que llegan a ofender y matar la genuina dignidad de esta incipiente juventud, que acaso empezará su caminar por la vida con dolorosas heridas causadas por la inmoralidad o la perversión de aquellos que estaban llamados a darles el ejemplo luminoso de Jesucristo Buen Pastor.
     Lo que Él quiere es que todos protejan y cuiden a sus hijos, para que sean lo máximo y lleguen a la plenitud de una vida hermosa, donde se integren a la vida divina con el Padre Dios y con el Espíritu Santo, meta sublime de todo aquel que busca lo bueno y lo mejor para sí y para los demás, en el presente, en el futuro y en la eternidad.

María Belén Sánchez Bustos fsp                                   

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