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Entre las piernas

¡Qué payasos!

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO (01/MAY/2010).- Tuve mi primer encuentro con la técnica clown en marzo de 2001; entrevisté a Hugo Roché (del grupo francés Les Matapeste) sobre el trabajo que estaba realizando con la hoy extinta Compañía de Teatro de la Universidad de Guadalajara, bajo la dirección de Fausto Ramírez. Se trataba de un curso que al final desembocó en la puesta en escena Impecable y Diamantina, en la que se abordaba el sentido de la patria y sus símbolos.

Aunque no saqué el payaso que seguramente llevo oculto en mi ser -de acuerdo a la afirmación de Roché, quien aseguraba que dentro de cada persona hay un personaje de este tipo, el cual puede o no tener la nariz roja-, me mantuve medio cercana a los payasos en ciernes de la compañía de la UdeG y recuerdo haber visto cómo Susana Romo, Carlos Cacho, Sandra Avendaño, Rafael Rosas y Abelardo Ferré desarrollaban un intenso trabajo hacia su transformación en clowns.

Pero no en payasos cualquiera, sino en unos que hace más de dos décadas salieron de las carpas de circo para hacer de los teatros su hogar, en un afán por presentar a otros su propia visión del mundo, además de intentan adaptar la realidad a la suya.

Como espectadora y reportera, asistí a un par de ensayos de Impecable y Diamantina en el Teatro Experimental de Jalisco. La primera vez acudí para entrevistar a Fausto Ramírez, para reforzar los datos que ya me había dado antes u hacer una nota al respecto. Después, me senté en una de las butacas y comencé a echar un vistazo al trabajo teatral, hasta que llegó a mi cabeza un terrible dolor. Me fui del lugar y asumí que el malestar era producto de un día denso.

Regresé después a otro ensayo, en el que pude constatar que el dolor de cabeza nada tenía qué ver con la carga laboral, sino con un automático rechazo a teatro clown; y para colmo, todavía tuve que echarme el estreno de la obra, acompañada en esa ocasión por Karla Garduño, quien fuera mi editora por aquellos años.

Tenía la esperanza de que ella compartiera mi sentir respecto al trabajo escénica, pero ni Karla, ni el resto de los espectadores se identificaron con mi sufrir -recuerdo que lo mismo me pasó cuando fui a ver a Joaquín Cortés hace varios años en el Teatro Galerías-. Quién sabe, pero a lo mejor me paso de amarguetas.

La conclusión de esta historia es que los payasos o clowns y yo, no somos amigos. A lo mejor en mi niñez alguno me persiguió como en It (Eso), novela de Stephen King de 1986, llevada a la pantalla grande en 1990. Pero no… eso no pasó, pues en todo caso lo que tendría es coulrofobia y no esta simple antipatía.

Pero aunque no me gusten las obras de teatro clown, reconozco que Esperando a Godot fue un buen trabajo con esta técnica, resultado de los esfuerzos de Humberto Armas, quien se entusiasmó con la idea de aprender y aprehender esta técnica y ahora incluso es el promotor del Festival Internacional Clown Lagos, que celebra este 2010 su segunda edición, después de haber tenido un accidentado inicio en medio de la Influenza.

El festival comienza hoy sábado y concluirá el próximo miércoles, aprovechando el súper puente que provee la Secretaría de Educación Pública. Para más detalles sobre la programación se puede consultar la página http://www.conaculta.gob.mx/estados/sala_prensa_detalle.php?id=4179&sec=estados.

lexeemia@gmail.com

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