Suplementos | Es un privilegio humano, no algo que beneficia a nuestro Creador ¿Enseñas a tus hijos a rezar? Quienes se preocupan por enseñar lo mejor a sus hijos y no les enseñan a acercarse a Dios, se están quedando a medio camino Por: EL INFORMADOR 5 de marzo de 2011 - 10:40 hs Es evidente que son muchas las cosas que hay que enseñar a los hijos, desde que son pequeños; cosas que atañen al ámbito físico-corporal y otras a la mente, y también tenemos que tomar en cuenta las espirituales. El “conocer, amar, servir a Dios” que hemos venido considerando en las reflexiones pasadas, debería incluir también “orar a Dios”, si bien a Dios no le estamos haciendo ningún favor al rezarle. Orar o rezar a Dios es un privilegio humano, no algo que beneficia a nuestro Creador. Porque es evidente que a Él no le hace ninguna falta el homenaje de nuestra plegaria; en cambio, nosotros la necesitamos como la luz del día. Por ejemplo: el agua cristalina fluye ante nosotros, y cuando nos acercamos a ella, cuando nos lavamos o la bebemos, no estamos haciendo ningún servicio al agua, eso nos beneficia exclusivamente a nosotros. Porque el agua bien podría seguir discurriendo por su cauce y nada ha perdido ni ganado si nos beneficiamos de ella. Así pues, quienes se preocupan por enseñar lo mejor a sus hijos y no les enseñan a acercarse a Dios, a acudir a su providencia para implorar su gracia y bendición, se están quedando a medio camino y les están privando de uno de los medios que abren la puerta a la verdadera grandeza del ser humano, medio indispensable para llegar a la plenitud en todos los aspectos. De poco sirve que enseñes a tu hijo la ciencia de los números, si a la larga va a ser un sabio en matemáticas, pero no llega a conocer su corazón. Enseñar a orar se empieza con oraciones sencillas, que nos conectan con el colectivo de la humanidad, que con una sola voz se dirige a nuestro Padre Dios con los mismos conceptos y las mismas palabras. De la oración vocal se pasará instintivamente a la invocación espontánea y a dirigirse a Dios con las propias palabras, expresando lo más personal e íntimo que llevamos en el corazón. Y aunque esto parezca que va a surgir espontáneo, en realidad no será fácil lograrlo en la edad adulta, si no se ponen las bases desde la más tierna infancia. Enseñar a orar se va haciendo camino con las breves frases que se sugieren casi al oído: “Dios te cuide”, “Dios te bendiga”, “su Dios quiere”, “en nombre de Dios”. Cuando los niños ven que sus padres rezan, ellos aprenden; y cuando los niños rezan, su oración infantil se vuelve sonrisa de Dios en nuestro mundo tan lleno de asperezas. Todo cuanto se mueve y vive tiene su origen y su meta en Dios Creador y Salvador. De Él procedemos y a Él nos dirigimos en toda nuestra vida. Por eso no podemos prescindir de esa relación filial y amorosa que nos vincula a su amor. Es inútil querer sacar frutos buenos de plantas que no hemos cultivado. Es inútil pretender que los hijos desarrollen en sí los buenos sentimientos que la gracia de Dios regala a quienes abren su corazón para recibirla. La buena oración tiene efectos muy positivos y constructivos en toda persona que se acerca a Dios con sinceridad y no solamente por conveniencia, por interés, cuando necesitamos o queremos pedir algo. Ciertamente el pedir también está inscrito en el ambiente filial, los hijos le piden a sus padres con todo derecho, y los hijos de Dios le pedimos cuanto necesitamos porque Él sabe lo que nos hace falta antes de que lo expresemos... pero quiere que lo pidamos. Una buena oración implica también un comportamiento acorde a esa condición de “hijos de Dios”, para que no merezcamos un reproche que anota Jesús en el Evangelio: “¿Y tú quién eres? No te conozco”. En fin, enseñar el camino de la oración a los hiijos es ayudarles a construir su vida sobre roca firme, pues se toma en cuenta todos los aspectos de la persona: físicos, espirituales y religiosos. Y no dejarlos instalarse en arenas movedizas, que a la primera tormenta se derrumban y se dejan arrastrar por cualquier desfiladero. Por lo tanto, enseñemos a orar a nuestros hijos y nuestros hijos nos enseñarán a orar. María Belén Sánchez fsp Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones