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Miércoles, 22 de Noviembre 2017
Suplementos | Kuna Yala, ahora Guna Yala es un enorme territorio al norte y al oriente de Panamá

En las montañas de Panamá

Kuna Yala, ahora Guna Yala es un enorme territorio al norte y al oriente de Panamá
Belleza. Una mujer Kuna elegantemente ataviada se prepara para viajar. EL INFORMADOR / P. Fernández Somellera

Belleza. Una mujer Kuna elegantemente ataviada se prepara para viajar. EL INFORMADOR / P. Fernández Somellera

GUADALAJARA, JALISCO (05/JUN/2016).- El camino estaba ciertamente estrecho. Lo cerrado de las curvas rivalizaba con lo empinado (para arriba o para abajo) de la pequeña vía pavimentada. El calorón del trópico, que nos atosigaba, se atenuaba un poco al pasar bajo los abrumadores verdes de los túneles de hojas y de ramas que -quizás hasta con vanidad- se afanaban por cubrir la brecha por donde intentábamos llegar a Kuna Yala. La tupida selva nos abrumaba de sombra, de bochorno y de verdor.

El negro caoba de las facciones del intrépido manejador de nuestra camioneta 4 X 4, complicaban aún más el entender las palabras que -en español ladino y caribeño- mascullaba nuestro amigo tratándonos de explicar algunas de las cosas y de las costumbres de los Kuna regionales.

Las pocas palabras que podíamos comprender, se mezclaban incómodas con las rumbosas canciones que brotaban del estéreo que colgaba debajo del tablero de la camioneta. Fácilmente entenderán que pedirle que bajara el volumen a ese monstruo, hubiera sido casi una ofensa frente a sus raíces y sus costumbres.

-Intentaremos llegar hasta un pequeño puerto entre los esteros; en donde nos embarcaremos hacia los territorios de Kuna Yala- dilucidé que vociferaba entre las notas de una cumbia. Me causaba azoro que aquel remedo de estéreo colgado de unos cables, pudiera producir tal cantidad de decibeles mientras se balanceaba, cual trapecista de circo, entre las banderas panameñas que igualmente se mecían ante los estertores del famélico aire acondicionado. -Así es la onda aquí y punto: de plática ni hablemos; disfrútala o bájate- pensé…  

De igual manera “y en el mismo idioma”, al son de lo que estuvieran tocando, nuestro amigo nos trataba de explicar ¡al mismo tiempo! los vericuetos del paisaje, la filosofía de los Guna, y los profundos sentimientos que a estos hombres tan particulares y tan aislados de todo les han sido heridos en el curso de los tiempos...

La “conversación” nuestra, se vio de súbito interrumpida cuando apareció delante de nosotros un grupo de individuos con rostro y seriedad impenetrable y autoritaria, que nos hicieron detener el vehículo “para hacer una inspección”...

-A dónde van- fueron las primeras palabras que gruñó el más adusto de ellos...

-¡Pue’ a Guna Yala chico…! ¡a donde má’…!- contestó con fingida ingenuidad nuestro morenísimo conductor, bajándole (ahora sí) un poco al volumen del estéreo.

-¡Pasaportes!- inquirió secamente el hombre moreno-rojizo, con una gorra de Caribean Tours y una camiseta Polo con un jugador a caballo a todo galope con el mazo alzado… ¡igualita a la que con sonrisa socarrona se exhibía “La Barbie” cuando lo apresaron!

-¡Cuántas gentes van!- dijo, revisando el interior de la camioneta sin entender él mismo, ni el por qué ni el para qué de la revisión.

-¡Tienen que pagar por entrar a Guna Yala!- Por fin rezongó el que estaba atrás de él, sin dejar el tonillo de agresividad bastante actuada y previamente preparada.

Pagamos… entramos… devolvieron los pasaportes y seguimos (fiiiu) entre las selvas y los vericuetos de la cordillera que atraviesa Panamá, tratando de llegar al archipiélago de casi 400 islas.  -¡365!- me corrigieron de inmediato, tratando de agregar con este número cabalístico, un “plus” al encanto de las pequeñas islas que desde tiempos inmemoriales han pertenecido a los Kuna.

Kuna Yala, ahora Guna Yala (se dice que fonéticamente es más adecuado) es un enorme territorio al norte y al oriente de Panamá, que se extiende hasta casi llegar a Colombia; y que es frontera con los impenetrables territorios del Darién: origen de los Emberás y de los Wounan, quienes nunca han dejado que la “civilización” penetre en sus territorios; ni que la Carretera Panamericana -que pretende cruzar de sur a norte todo el continente americano- pase por sus selváticos dominios.

De hecho, a este recóndito espacio se le llama el “Tapón de Darién”; y cualquier intento, tanto de Panamá como de Colombia su vecino, ha sido imposible de superar por cosas nunca entendidas: políticas, narcos, madereros, mineros, ecologistas, tribus, intereses, razas, dioses, creencias. Pero… de que el “Tapón” existe, y la carretera no pasa es una realidad que me hizo recordar aquel dicho tan conocido en donde… hablando del poder de las mujeres apunta que: “Cuando una mula dice no paso y la mujer me caso… la mula pasa, y la mujer… se casa”.

Y así la vida sigue entre las selvas y las costas caribeñas de Panamá, con sus territorios anexos de los Guna, los Wounán, los Emberá, los narcos y los políticos quienes, tratando de “cuidar” la invaluable selva, poco a poco -conciente o inconcientemente- la van destruyendo.

Por de pronto la selva, en esta ocasión, nos dio la dicha de mostrarse para nosotros francamente lujuriosa. Y a Darién… nos aconsejaron no adentrarnos más.

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