Suplementos | El camino al cielo se debe recorrer día con día En la hora de la muerte, no se improvisa la salvación El camino al cielo se debe recorrer día con día Por: EL INFORMADOR 28 de septiembre de 2013 - 23:23 hs Bajorrelieve en la Abadía de San Pedro de Moissac, Francia ESPECIAL / LA PALABRA DE DIOSPRIMERA LECTURA:Amós 6, 1. 4-7 “Ustedes, los que lleven una vida disoluta, irán al destierro”. SEGUNDA LECTURA:San Pablo a Timoteo 6, 11-16 “Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre”. EVANGELIO:San Lucas 16, 19-31 “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto”. GUADALAJARA, JALISCO (29/SEP/2013).- En este domingo vigésimo sexto ordinario del año, de nuevo la enseñanza de Cristo viene en una parábola en el evangelio de San Lucas, que sólo él presenta y no los otros tres evangelistas. En la hora de la muerte no se improvisa la salvación eterna, sino que se va labrando día a día, como el cincel va formando en el mármol una imagen que después será contemplada con admiración y placer. Ser cristiano es ser llamado y elegido a la santidad. Muchos de los nuevos santos han llegado con frescura, con cercanía de tiempo —nacidos en el siglo XXI— y cercanía de espacio, allí en la aldea cercana, o en tal o cual lugar y trabajo. Santos con corbata, con pantalón, con bigote. Santo es el que ama a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo. Corre en la boca del pueblo el cuento aquel del diablo que cargó con el presidente municipal de cierto pueblo, quien extrañado, le alegaba:”¿Por qué me llevas, si yo nada hice?” y que el demonio le contestó: “precisamente por eso... porque nada hiciste.” Pecado de omisión es la grave culpa de haber podido hacer el bien y no haberlo hecho. El que de veras ama, siempre está dispuesto a compartir. San Pablo lo entendió al convertirse al cristianismo y lo vivió en plenitud apasionadamente. Su norma, “reír con el que ríe, llorar con el que llora”. Quien ama ve a los demás, piensa en los demás, se da a los demás. Ése merece el premio. En dos filas, cantando, con sus manos juntas, caminan los fieles para recibir a Cristo, pan vivo bajado del cielo. ¿Desde cuándo? ¿Con qué frecuencia? ¿Por qué se acercan? Son tres preguntas que se antoja hacerlas, así, en ese estilo nuevo de hacer encuestas de todo y para todo. Un día, a una anciana de 97 años alguien le presentó estas tres preguntas. No contestó de momento. Era una mujer de inteligencia notable, muy preparada, tal vez la primera en recibir el título en la facultad de medicina en la Universidad de Guadalajara: la doctora Jacinta Curiel. La triple respuesta fue así: mostró una fotografía, ya amarillenta por los años, en la que aparecía una niñita vestida de blanco. En el reverso tenía esta leyenda:” recuerdo de la primera comunión de la niña Jacinta Curiel, Tepic, 8 de diciembre de 1912.” Había nacido en Mascota y la revolución la obligó a emigrar en busca de más seguridad. Noventa años tenía de estarse acercando a la mesa del Señor. ¿Con qué frecuencia? “siempre que puedo; los domingo sin falta y entre semana cuando puedo” ¿para qué? “para seguir viviendo, porque aprendí en el catecismo, que en la comunión, se nos da una prenda de la futura gloria.” A sus 97 años, al hablar del tema de la muerte, contestó con cierto sentido del humor: “prisa no llevo; a la muerte no la deseo ya, ni le temo.” Un mes después de esa respuesta, se podría decir que sin enfermedad, cerró sus ojos para siempre. José R. Ramírez M. Las piedras hablan El pasaje del pobre Lázaro, muerto frente a la opulencia de la avaricia del hombre, ha sido uno de los temas bíblicos más tratados artísticamente. Desde la nominación del anónimo rico del evangelio, Epulón, hasta las expresiones pictóricas esculturales más variadas; en la imagen que ilustra esta nota, tomada de la Abadía de San Pedro de Moissac en Francia, vemos a la derecha de la imagen la representación del rico Epulón sentado junto a su esposa en la mesa de su rica mansión, misma de la que apreciamos una columna, dos arcos y una puerta. Sobre la mesa, cubierta con mantel, vemos diversas viandas y algunos recipientes que un criado está acercando a los señores de la casa, vestidos con lujosa indumentaria. Vemos sus piernas y pies bajo la mesa. La esposa ha sido captada por el artista en el momento en que se está llevando un bocado a sus labios. A las puertas de la mansión observamos tumbado al pobre Lázaro, los perros lamen las llagas que tiene por todo el cuerpo. Sin recibir la ayuda del rico Epulón, fallece. Vemos cómo un ángel toma su alma para llevarla al “Seno de Abraham”, seguramente en forma de pequeño cuerpo infantil del que sólo perdura uno de los piececillos. Hoy a nosotros no sólo nos interpela el texto bíblico, sino también el arte, porque así como hablaron los profetas hoy también el arte nos llama: “'Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen'. Pero el rico replicó: 'No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán'. Abraham repuso: 'Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto'”. Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones