Suplementos | Si ser cristiano significa ser seguidor, ser discípulo de Cristo, entonces éste debe reconocerlo como lo que es y asumirlo El señorío de Cristo Señor significa amo, dueño, rey, y en el Antiguo Testamento era un término que sólo se le aplicaba a Dios Por: EL INFORMADOR 27 de septiembre de 2008 - 12:52 hs Si ser cristiano significa ser seguidor, ser discípulo de Cristo, entonces éste debe reconocerlo como lo que es y asumirlo, no solamente como un Maestro, sino como el centro y contenido de su existencia, de una manera que trasciende absolutamente toda su vida. Lo proclama también como su único Salvador o Redentor y Señor, lo que significa, primero, que Él fue enviado por el Padre para darnos la libertad de los hijos de Dios, es decir, la liberación de la esclavitud del pecado, en el que caímos y fuimos reducidos a la condición de esclavos. Se trata entonces de la libertad del dominio del diablo, en la medida en que el hombre puede vencer ya el pecado en Cristo; así mismo, de la libertad de la vida según la carne, que se opone en nosotros a la vida sobrenatural. Jesús realiza esa redención salvadora con su sacrificio, en su pasión, muerte y resurrección. Este sacrificio es tan aceptable y agradable a Dios que, en el mismo instante en que lo mira, compadecido de nosotros, se ve impulsado a otorgar su clemencia a todos los que se arrepienten de verdad. Es, además, un sacrificio eterno, ya que se ofrece no sólo cada año (como sucedía entre los judíos), sino cada día; más aún, cada hora y a cada momento, para que “en él hallemos consuelo y alivio”. Ahora bien, Señor significa amo, dueño, rey, y en el Antiguo Testamento era un término que sólo se le aplicaba a Dios. De aquí que el auténtico discípulo de Jesús, al reconocerlo como tal, está aceptando entregar, someter todo lo que es y lo que tiene a Jesús, incluyendo su libertad, su entendimiento y su voluntad, y por lo tanto ya no ha de vivir más que para Él, en Él y por Él, y lo ha de obedecer total y absolutamente. A partir de que se da ese paso en forma consciente, todo el pensar, hablar y actuar del cristiano habrá de estar bajo el Señorío de Cristo, lo que dará la garantía de la salvación eterna, del cumplimiento de las promesas del mismo Señor. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser ésta. Un reflejo de la misma se da en forma, por demás evidente, en cómo se vive el domingo, “día del Señor”, el cual, en la mayoría de los casos de personas católicas, hoy por hoy lo han transformado, más allá de un día de descanso, de convivencia familiar, en un día dedicado a la diversión, al esparcimiento, a la socialización con otras personas, a realizar compras, etc. Y todo eso no estaría fuera del plan de Dios, si no se le estuviera marginando u olvidando totalmente, sin tomársele en cuenta; y no sólo eso, sino que muchos lo denigran y hasta incurren en sacrilegio, al caer en excesos, en conductas no sólo inapropiadas, sino indignas de alguien que se dice cristiano y proclama creer en Dios y en su Enviado Jesucristo. Entonces, ¿es realmente Jesucristo el Señor de todos aquellos que, lejos de vivir con Él, de vibrar con Él, acompañándolo en el proceso de su Pasión, Muerte y Resurrección, se dedican tan sólo a la diversión, muchas veces desenfrenada, y se olvidan totalmente de Él? La respuesta cae por su peso. Es triste y lamentable, pero es una realidad que domingo a domingo se agrava. Ello se debe, fundamentalmente, a la falta de solidez en la fe, por un desconocimiento de Jesús, de su persona, de sus mandatos; es decir, la ausencia de un encuentro personal con Él, y la falta de estudio y profundización de su doctrina y su plan de salvación para todos y cada uno de los seres humanos, unida a la cada vez más agresiva influencia de tantas corrientes paganizantes, desacralizantes, las cuales, haciendo uso de todos los medios posibles, difunden falacias consumistas, hedonistas, materialistas, que han logrado desvirtuar, casi en su totalidad, el origen y la naturaleza de la celebración del domingo, trastocándola y dándole un sentido, como ya lo insinuábamos, puramente intrascendente. El Evangelio de hoy nos reconviene y nos cuestiona acerca de qué clase de hijos somos: ¿de los que con los labios decimos que sí, pero con nuestra conducta respondemos con un rotundo no, porque no vivimos, no ponemos en práctica en nuestra vida el Señorío de Jesús? Si es así, ¡cuidado! Jesús mismo lo advierte: “los paganos y las prostitutas se les adelantarán en el Reino de los Cielos”. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones