Suplementos | Francisco Elías pensó en ser bailarín profesional o astrónomo El sastre de la arquitectura Francisco Elías pensó en ser bailarín profesional o astrónomo; al final, estudió para lo que nació: la arquitectura. Tiene 33 años y cuenta con obras en Miami y San Antonio, EU y en París, Francia Por: EL INFORMADOR 13 de septiembre de 2015 - 05:17 hs Como arquitecto, estando en el octavo semestre de la carrera, el director de obras de la UNAM, me señalo como destacado. EL INFORMADOR / A. Camacho GUADALAJARA, JALISCO (13/SEP/2015).- Existe una frase de Louis Kahn que versa, “un ladrillo quiere ser algo más. Tiene ambiciones. Quiere ser algo más de lo que es; quiere ser mejor de lo que es… Eso es lo que debemos ser”… Y eso es lo que ha logrado Francisco Elías: ser uno de los mejores arquitectos de su generación. Con 33 años de edad, el arquitecto mexicano cursó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en entrevista para Tapatío levanta capa por capa lo que hay detrás de la disciplina que ya le dio a ganar el premio Íconos del Diseño en 2011. —¿Cuándo supiste que querías ser arquitecto?—Antes de saber que la arquitectura se llamaba arquitectura, cuando tenía cuatro o cinco años me di cuenta que me gustaba jugar con los espacios; me encantaba meterme en el interior de las cajas de cartón donde venía la lavadora o el refrigerador; les hacía una perforación y veía cómo entraba el haz de luz. —Entonces, ¿los arquitectos nacen o se hacen?—Hay de los dos; en mi caso siento que soy arquitecto, pero también siento que soy otras cosas; no creo en la mono disciplina; la vida es tan rica que soy arquitecto, pero también puedo ser bailarín o actor… Para mí la arquitectura es un camino profesional que tengo, que trato de usar como directriz para ser lo que soy como persona. En definitiva nací arquitecto; puede sonar arrogante y me da un poco de pena, pero nací arquitecto, porque amo pensar desde una visión espacial todo el tiempo. —Más allá de las definiciones clásicas, las que vienen en el diccionario, ¿qué es la arquitectura? —La arquitectura es el recinto que alberga la vida de los seres humanos. Vida emocional, intelectual, sexual, espiritual; para mí es la cueva de los orígenes que alberga la vida. Entonces ser un arquitecto es ser esa persona especializada en atender todo lo relacionado a los seres humanos… —Eres muy joven —33 años— y tienes una carrera destacada, ¿cómo iniciaste, cuál fue tu primer empleo?—Aprendí de mi padre; él es ascendiente de migración libanesa, de gente que llega con nada de dinero, con una mano adelante y otra atrás, y lo único que sabes que tienes es el conocimiento de los oficios; saber pintar, cortar, bordar… Saber de oficios es lo que te saca adelante. Entonces, desde los 12 años mi papá me decía: “Oye va a venir un señor a pintar la casa o la quieres pintar tú”, entonces me ganaba cinco pesos de domingo; así aprendí a trabajar, porque mi papá me puso a prueba. Como arquitecto, estando en el octavo semestre de la carrera, el director de obras de la UNAM, que era mi maestro de construcción, me dijo que estaba seleccionando a un grupo de alumnos destacados para presentarle al rector Juan Ramón de la Fuente una serie de proyectos, con la promesa de que los elegidos podrían ser construidos. Así que un equipo y yo presentamos el proyecto, les encantó y terminamos construyendo el Centro Académico Cultural, en el campus de Juriquilla (Querétaro) de la UNAM. Se trata de la biblioteca central y el teatro central de dicho sitio… Y es un monstruo… Créeme, a los 21 años, no terminaba de entender lo que estaba pasando. —A los 21 años sientes que te puedes comer el mundo, ¿cómo lograste no perder el piso por ser responsable de un proyecto de dicha magnitud? —Me sentía con mucha emoción, pero sobre todo tenía un sentimiento de compromiso; saber que no puedes defraudar, porque hay muchos millones de pesos de instituciones e inversionistas que decidieron poner dinero en tu idea… Entonces el peso de equivocarse en muy grande, pero ello te ayuda a convertirte en un guerrero que está en la primera fila de la batalla, resistiendo. Y con 21 años claro que te mareas; pero antes que ocurriera eso, regresé a los principios de mi educación y uno de ellos es que la vida da vueltas: hoy eres famoso, hoy tienes dinero, pero mañana no… Así que si la vida me va a llevar un día a pasar por una mala situación, al menos quiero que la caída sea suavecita… Espero que no me suceda, pero si ocurre puedo volver a empezar; sé pintar, dibujar, lavar coches… —El proyecto del Centro Académico Cultural te dio el primer premio de muchos por venir; qué nos puedes platicar de esta experiencia… —Este proyecto de la UNAM lo inscribí en los premios de Iconos del Diseño de la prestigiada revista Architectural Digest; ellos tienen una categoría que es ópera prima para arquitectos menores de 30 años y yo ya tenía 29 años cuando decidí concursar con él… Y fue toda una revelación… Estando en la premiación comenzaron decir quiénes eran los finalistas y escuché mi nombre; luego, oí que era el ganador y exprese “wow”; cuando subí a recoger el galardón lo primero que hice fue checar si mi corbata estaba bien colocada… Después, di mi discurso y todo lo que expresé fue: “gracias a mi universidad y sobre todo, gracias a las personas que creyeron en nosotros... Gracias”. —Después del proyecto de Juriquilla, ¿cómo fue el despegue de tu carrera? —Prácticamente me enfoque en cuestiones más pequeñas, no todo el tiempo tienes enormes construcciones; así que hice un departamento que llamó mucho la atención, gustó y fue portada de una revista; de ahí me llamaron más clientes y ahora voy a cumplir 10 años con mi despacho —Elías Arquitectura— desde el cual he desarrollado 34 proyectos. Y me siento orgulloso de todos y cada uno, porque ellos me han permitido aprender y reflexionar… Todos tienen un atributo que ha marcado mi vida y me han hecho crecer… Todos son como mis hijos y a todos los quiero igual. —Existe un estigma que persigue a los arquitectos: hay clientes que se creen arquitectos aunque lo no sean; y de paso, les dicen cómo hacer las cosas. ¿Cómo resuelves estas situaciones? —Aún no me ha tocado un cliente así, pero para mí sería muy fácil; si llega alguien a decirme: “ya compré esto, ya decidí hacer lo otro…” Yo le respondería, “como ya sabe lo que quiere ya no me necesita…”. Es como ir al médico, llegar y decirle: “tengo cáncer y ya decidí qué mi tratamiento será ‘x’ o ‘z’”, el doctor va a decir good for you. Por el momento, lo que hago es indagar los motivos que los llevan a tener ciertas necesidades y se va rompiendo el hielo y van abriendo el corazón. Lo que he aprendido es a lograr la empatía con la gente, no llegar de forma categórica… —¿Cómo son los procesos creativos de Francisco Elías? —Lo primero que hago es preguntarle a la gente por qué quiere lo que quiere, descubro cuál es su pretexto para su situación de vida; tengo que llegar a un grado de entendimiento que me permita que la solución espacial que doy sea el traje a la medida al cuerpo del usuario. Mi estilo arquitectónico es escuchar y luego hago trajes a la medida; no estoy casado con ninguna escuela, pero sí busco lo auténtico y contemporáneo… Eso sí, no hago escenografías, hago arquitectura. Soy un poco psicólogo, observo y hago un análisis del cliente; para mí es fundamental saber cómo piensa la persona, cómo vive la persona… Qué desea. —Todo arquitecto tiene la influencia de una escuela, de un colega… ¿Cuál es el tuyo? —Sí tengo, son dos y están vivos: uno fue mi maestro en la UNAM, el Dr. Gerardo Guízar Bermúdez; y el otro es el arquitecto Axel Arañó, quien está en sus cincuentas, y con quien desarrollé varios edificios públicos universitarios, diseñé casas y una plaza en el Centro Histórico de la Ciudad de México llamada Plaza de la Humildad, en el callejón de Manzanares. Sobre los clásicos me encantan los arquitectos renacentistas, como Sebastiano Serlio, quien construyó el palacio de Fontainebleau. Amo el Renacimiento, me encanta pensar que mi trabajo aunque no sea una búsqueda precisa del Renacimiento, sí me gusta saber que mis ideas renacen en cada usuario. —Existe un común denominador que define la obra de todo arquitecto, ¿cuál es el tuyo? —Son cinco los actores principales que salen a escena: luz, color, material, escala y proporción; he llegado a esta etapa de mi vida en la que identifiqué que estos son los elementos básicos que siempre deben estar presentes para crear nuestro traje a la medida. —Hablas de crear trajes a la medida, pero no a todo el mundo le queda ponerse de todo, como dicen: “de la moda, lo que te acomoda”. Cuando te das cuenta que una petición de tu cliente no va con él, ¿se lo dices? —Sí, porque la arquitectura es un espejo de la persona; la arquitectura debe ayudar a que la gente se entienda. Por ejemplo, hay clientes que en su vida se van a sentar en un comedor, porque son personas que trabajan mucho, son solitarias, no tienen familia; entonces, les digo que no sigan los clichés y les sugiero que ocupen los espacios pensando en sus requerimientos. Debes entrar al mundo del cliente… Y entre más penetras, más se va ajustando el traje a la medida, porque rompes con los convencionalismos. Debemos darles acompañamiento que los lleven al final de sus vidas a tener recuerdos mágicos del sitio donde vivieron, trabajaron... —Como buen sastre, hay diversos materiales que no van con tu estilo… Por ejemplo, hay diseñadores que jamás trabajarían con la seda… —Yo uso de todo, menos aquellos materiales que vienen desde un acto de irresponsabilidad, por capricho, que no aporten nada, como serían aquellos elementos clásicos hechos en unicel, pastiches; repito, yo no hago escenografías. —Pese a tu edad, tienes una experiencia muy amplia: ¿Qué mensaje les darías a las nuevas generaciones que buscan enfocarse en tu área laboral? —Les diría que confíen en eso que los motivó a estudiar arquitectura, que por más complicado que sea el contexto que sigan adelante… Esa flama que vive dentro de ellos es lo único que les va a hacer fluir en la sociedad, es una carrera cruel, exigente… Deben ser conscientes que lograr los buenos contratos es difícil, pero cuando realmente eres arquitecto lo logras… Es fácil que alguien deje la carrera cuando se formó como arquitecto, pero no cuando nació siendo arquitecto. También les recomiendo que escuchen a sus clientes, a todos; en un mundo lleno de ego, prevalecen los que escuchamos. En pocas palabras, les diría que no tiren la toalla y que aprecien a sus clientes. —¿En qué posición se encuentran actualmente los arquitectos mexicanos en comparación con los de otros países? —En México somos conocidos por la arquitectura hecha en la primera mitad del siglo XX, principalmente la de Luis Barragán; fuera de él, no ha existido otro que haya ganado un Pritzker. También se reconocen las obras de Pedro Ramírez Vázquez. Sin embargo, la arquitectura de los ochenta y noventa sólo son refritos de otros países y para los 2000 se han hecho versiones de la escuela holandesa; también es importante recordar que ahorita se está redescubriendo la arquitectura emocional de Mathias Goeritz. Es un buen momento para volver a tejer las propuestas; tenemos mucho por trabajar, debemos detener la importación del pensamiento y crear el propio. SABER MÁSLos básicos de Elías Tu ciudad favorita para vivir: Paris. Para vacacionar: Nueva York. Para trabajar: la Ciudad de México. Libro de cabecera: “Cien años de soledad”, me marcó la vida. Película para reír: no es nada de cine de arte, pero amo “Batman regresa”, donde sale el Pingüino y Catwoman; es una narrativa en torno a la ciudad de Gotham. La cinta que te quita el sueño: “El exorcista”. El filme que terminó por ser una enseñanza de vida: “La lista de Schindler”. Si fueras un condenado a muerte, qué platillo pedirías para cerrar tu ciclo: Enfrijoladas de pollo hechas por mi mamá. Accesorio que todo arquitecto debe de tener: un flexómetro para medir –ríe. TOMA NOTAProyectos Centro Académico Cultural, UNAM. Juriquilla, Querétaro. Oficinas Centrales Q.C.G. Polanco, Ciudad de México. Hotel Flor de Mayo, Cuernavaca, Morelos. Casa Miami Beach, Florida. Residencia San Antonio, Texas. Temas Tapatío Arquitectura Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones