Suplementos | Dinámica pastoral UNIVA El retorno al padre La conversión es un deber fundamental y habitual de todo creyente Por: EL INFORMADOR 10 de marzo de 2013 - 01:39 hs / LA PALABRA DE DIOSPRIMERA LECTURA:Josué 5, 9. 10-12 “El Señor dijo: Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio” SEGUNDA LECTURA:Segunda de san Pablo a los corintios 5, 17-21 “El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo” EVANGELIO:San Lucas 15, 1-3. 11-32 “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo” REFLEXIONANDO LA FE...Caminos de la paternidad El sacerdote holandés Henri Nouwen, en su libro que está basado en la contemplación del cuadro de Rembrandt, en donde se presenta el regreso del hijo pródigo, nos describe tres caminos que llevan a una auténtica paternidad misericordiosa: el dolor, el perdón y la generosidad. Puede parecer extraño que el dolor conduzca a la misericordia. Pero así es. El dolor me lleva a dejar que los pecados del mundo, incluidos los míos, desgarren mi corazón y me hagan derramar lágrimas, muchas lágrimas por ellos. Si no son lágrimas que brotan de los ojos, por lo menos son lágrimas del corazón. Este dolor es oración. El segundo camino que conduce a la paternidad espiritual es el perdón. Por el perdón constante es como vamos llegando a ser como el Padre. El perdón es camino para superar el muro y acoger a los demás en el corazón sin esperar nada a cambio. El tercer camino para llegar a ser como el Padre es la generosidad. En la parábola, el Padre del hijo que se va no sólo le da todo lo que le pide, sino que le colma de regalos cuando vuelve. Y al hijo mayor le dice: “Todo lo mío es tuyo”. El Padre no se reserva nada. Lo mismo que el Padre se vacía de sí mismo por sus propios hijos, así debo darme a mis hermanos. Jesús deja entender a las claras que en esta oblación está el signo del verdadero discípulo. Darse supone una auténtica disciplina, porque no es algo que brota automáticamente. Cada vez que doy un paso en dirección a la generosidad, me muevo del temor al amor. La comúnmente llamada parábola del hijo pródigo es tan conocida por todos, que podemos escucharla sin atender, porque ya la sabemos de memoria, y es la misma memoria la que nos puede hacer insensibles ante la misericordia del Padre que se nos ofrece en donación total de amor La conversión Siempre que iniciamos una cuaresma, pensamos en conversión, y quizás nos propongamos una serie de cosas en favor de la conversión, algunas, irónicamente en razón de procurar la conversión de otros, mas no la nuestra, y terminado el tiempo cuaresmal desaparece de nuestra mente y propósitos el término conversión. Pero en sentido real, la conversión debe ser un empeño de toda la vida y de todos los tiempos, ya que es un camino al que instintivamente tendemos evitar. La conversión es el propósito firme de marcar nuestros derroteros hacia Dios, por lo mismo es un proceso de toda la vida, porque aun cuando nos gusta pensar y en momentos engañarnos de que Dios siempre está de nuestra parte, la verdad es que siempre está más adelante (y qué bueno, porque esto genera una constante superación). Desde esta perspectiva, podemos decir, que convertirse significa precisamente caer en la cuenta de que no estamos en nuestro sitio. Que no estamos en su sitio. Que nuestra lógica es diferente a la suya. Que nuestros sentimientos resultan desentonados respecto a los suyos. Que nuestros pasos no están sincronizados con los suyos. Esta es la conversión. Que no se reduce a un pequeño ajuste, a un retoque de fachada, a un momento de lágrima y pesar, particularmente el Viernes Santo, no es un minúsculo cambio que no molesta, sino que comporta una transformación radical, un vuelco total, un completo cambio de arriba abajo, mejor aún, de adentro hacia afuera. Como lo dice san Pablo: “El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo”. Movilidad e inmovilidad La mejor manera de entender lo que implica la conversión es analizando los personajes de la parábola del hijo prodigo, que se presenta este domingo. Los personajes principales del relato son: El Padre, el hijo menor y el hijo mayor. Partiendo desde la dinámica de la conversión el Padre es la meta, hacia donde se debe dirigir. El hijo menor, con todas letras podemos decir que era un abusivo, explotador, inmaduro. Pero el mayor era un insoportable, alguien que se sentía merecedor de privilegios, un tipo como dice la expresión popular, que sentía que el mundo no lo merecía, razón por la cual es incapaz de moverse, así sea unos cuantos centímetros, son los demás quienes han de ir a él y no él quien debe salir de sí, por lo mismo es el Padre quien sale en su búsqueda cuando él se niega a entrar a la casa del Padre. La actitud del hijo mayor es quizás la que más hemos de analizar, no desde la perspectiva del análisis psicológico, sino en razón del examen de conciencia personal. El hermano mayor no se mueve, porque se considera en su sitio, vive enjaulado en la ley, en la observancia de preceptos que no cumple por amor, sino por ciego deber. Algo muy importante, probablemente, no ha cometido faltas graves, pero vive sin amor. Él busca la seguridad en la inmovilidad. Si entre los dos hermanos encontramos un abismo en su manera de vivir y responder, el distanciamiento entre el hijo mayor y su Padre es infranqueable, su manera de pensar es polarmente distante, pero lo es aún más su capacidad de amar, el hijo no sabe, ni quiere amar, es un cumplidor sin amor. El Padre habla de amor, perdón, misericordia. El hijo sólo puede pensar en ley, castigo, dureza. La conversión para ser efectiva, debe generar el movimiento, pero con dirección al Padre, como lo hace el hijo menor, para vernos siempre gratamente sorprendidos, al ver que él saldrá presuroso a nuestro encuentro, lo cual nos da la garantía de que no sólo tenemos un puesto en la casa, sino que tenemos un Padre. Dicho en palabras para nosotros, no se trata de esforzarnos ciegamente en un sinfín de responsabilidades para lograr ir al cielo, sino movernos en dirección a Dios nuestro Padre, que está aquí y ahora en nuestro prójimo, para encontrándonos con Él desde esta vida, alcanzarlo en la otra, o mejor dicho, dejarnos encontrar por Él, no con la intención sólo de estar en su casa, sino de estar con Él. DESDE LAS LETRASHijo mío... Hijo mío te llamo, no te escondas yo conozco el dolor que hay en tu pecho sé bien por dónde has ido y lo que has hecho, anhelo en este día que respondas. Vagabundo en la hiel te has encontrado pordiosero sin rumbo ni camino mendigo de un amor que nunca vino estás cansado, débil y frustrado. Falsos dioses te dieron sus amores perfidia y desazón sólo encontraste por ídolos mundanos me dejaste y pariste desdichas y dolores. Por eso, vuelve a mí que Yo te espero, deja ya de vagar sin rumbo fijo Soy el Dios de la vida que te elijo Soy un Padre amoroso que te quiero. Ven a mí, deja el llanto, haremos fiesta que mi casa es reino de alabanza ven y enciende, golosa, tu esperanza reconoce mi Amor, tu casa es ésta. Fray Alejandro R. Ferreirós Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones