Suplementos | Jesús envía al Espíritu para llevarnos a conocer la verdad sobre la vida divina El regalo de Dios El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos cómo pedir Por: EL INFORMADOR 18 de mayo de 2013 - 23:12 hs / GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY2013).- LA PALABRA DE DIOSPRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11 “El día de Pentecostés estaban todos reunidos y quedaron llenos del Espíritu Santo” SEGUNDA LECTURA: San Pablo a los Romanos 8, 8-17 “Hemos recibido un Espíritu que nos hace hijos y nos hace clamar: `Abba´, es decir, `Padre´” EVANGELIO:San Juan 14, 15-16. 23-26 “Yo pediré al Padre para que les envíe el Espíritu Santo, para que esté siempre con ustedes”. REFLEXIONANDO LA FE... Jesús nos envía al Espíritu para que pueda llevarnos a conocer del todo la verdad sobre la vida divina. La verdad no es una idea, un concepto o una doctrina, sino una relación. Ser guiados hacia la verdad significa ser insertados en la misma relación que tiene Jesús con el Padre; significa llegar a una relación muy profunda con Dios. Ésa es la razón por la que Pentecostés es el complemento del a misión de Jesús. Con Pentecostés, el misterio de Jesús se hace visible en plenitud. Cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos y habita en ellos, su vida queda “cristificada”, esto es, transformada en una vida marcada por el mismo amor que existe entre el Padre y el Hijo. La vida espiritual, en efecto, es una vida en la que somos elevados a ser partícipes de la vida divina. Ser elevados a la participación de la vida divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo no significa, sin embargo, ser echados fuera del mundo. Al contrario, los que entran a formar parte de la vida espiritual son precisamente los que son enviados al mundo para continuar y llevar a término la obra iniciada por Jesús. La vida espiritual no nos aleja del mundo, sino que nos inserta de manera más profunda en su realidad. > Paráclito El nombre de Paráclito que se le atribuye al Espíritu Santo, particularmente en el pasaje de este domingo, nos hace referencia al gran don que se nos otorga con la fiesta de Pentecostés, cuando recibimos el Espíritu Santo. Jesús cuando anuncia a sus discípulos que han de recibir el Espíritu Santo, les hace referencia en orden a que, lo cual es sumamente alentador para toda la Iglesia, ya que lo presenta como el Paráclito, lo cual significa: como un testigo a favor de nosotros que después de Jesús consuele a su pueblo. Su función como la palabra paráclito significa es el Consolador, el Abogado, el que asiste a los creyentes, está a nuestro lado, con la intención de ayudarnos a cumplir nuestro llamado de volver, como Jesús, al Padre, cumpliendo desde aquí y ahora la voluntad de Dios. Cuando Jesús habla de otro consolador, se refiere a que Él es el primero porque intercede por nosotros ante el Padre, con quien Él se encuentra. Y el Espíritu Santo, en cuanto Paráclito, ejerce la función de enseñanza y memoria: “El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que yo les he dicho”. El Espíritu Santo, persona divina, viene enviado por el Padre, por mediación de Cristo, por lo cual no existe novedad alguna respecto a lo que Cristo nos ha revelado, ya que el Espíritu Santo no tiene una revelación propia, autónoma: “Lo que hable no será suyo, hablará de lo que oye”. > Una realidad El Espíritu Santo como persona divina, Paráclito, enviado del Padre, es una realidad personal, no es una energía cósmica impersonal, o una simple fuerza que impulsa, una potencia que vigoriza, un amor genérico, es mucho más que esas falsas interpretaciones, es el amor mismo de Dios que se realiza a través del cumplimiento concreto de sus mandamientos, de sus palabras; a través de la fe profunda en que Él nos ha hablado según la voluntad de Dios, su Padre y en Él Padre nuestro. Para el cristiano el Espíritu ya no es sólo el “Espíritu de Dios”, como se dice normalmente en el Antiguo Testamento y como repite el lenguaje cristiano. Y no es tan sólo un “Espíritu Santo”, entendido genéricamente, según la manera de expresarse del Antiguo Testamento, y del mismo judaísmo en sus escritos. Es propia de la fe cristiana la confesión de una participación de este Espíritu en el Señor resucitado, quien se ha convertido Él mismo en “Espíritu que da vida”. Precisamente por este motivo san Pablo habla directamente del “Espíritu de Cristo”, del “Espíritu del Hijo” o del “Espíritu de Jesucristo. Parece como si quisiera decir que no sólo Dios Padre es visible en el Hijo, sino que también el Espíritu de Dios se expresa en la vida y en la acción del Señor crucificado y resucitado. Pablo nos enseña también otra cosa importante: dice que no puede haber auténtica oración sin la presencia del Espíritu en nosotros. De hecho, escribe: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios” (Romanos 8, 26-27). Es como decir que el Espíritu Santo, es decir, el Espíritu del Padre y del Hijo, se convierte como en el alma de nuestra alma, la parte más secreta de nuestro ser, de la que se eleva incesantemente hacia Dios un movimiento de oración, del que no podemos ni siquiera precisar los términos. El Espíritu, de hecho, siempre despierto en nosotros, suple nuestras carencias y ofrece al Padre nuestra adoración, junto con nuestras aspiraciones más profundas. > Anticipo El Espíritu nos pone en el ritmo mismo de la vida divina, que es vida de amor, y, dado que por definición el amor une, el Espíritu es ante todo creador de comunión dentro de la comunidad cristiana. Ahora bien, por otra parte, también es verdad que el Espíritu nos estimula a entablar relaciones de caridad con todos los hombres. De este modo, cuando amamos dejamos espacio al Espíritu, le permitimos expresarse en plenitud. El Espíritu es un anticipo generoso que el mismo Dios nos ha dado como adelanto y al mismo tiempo garantía de nuestra herencia futura. Aprendamos, de este modo, de Pablo que la acción del Espíritu orienta nuestra vida hacia los grandes valores del amor, de la alegría, de la comunión y de la esperanza. DESDE LAS LETRASAceite Óleo santo, ungüento de la vida sacro perfume del cielo que se abre toca mi mente, Bendición del Padre y enciende en mis auroras tu osadía. Unción de reyes, fuerza que unifica la vida errante en la pasión que invoca fuerza del dedo de Dios cuando me toca la vida intensa que en mi ser radica. Sagrada unción que enciendes los profetas consagración del tiempo en la Palabra toca mi mente indigna y que se abra a la Palabra de las grandes metas. Aceite vivo que todo vivificas unge mis labios con anuncios nuevos pasión de Elías, Dios de mis desvelos óleo divino que todo santificas. Ven a mi alma, toque delicado bálsamo suave del Amor eterno calor divino en medio del invierno mi corazón te ansía enamorado. Fray Alejandro R. Ferreirós Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones