Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | ¡Cuánto daño hace a nuestra vida de cristianos esta forma de pensar!

El peligro de la soberbia

Es una realidad que el hombre siente una natural e irresistible inclinación a alcanzar un elevado ideal

Por: EL INFORMADOR

Jesús, al pedirles a sus discípulos: “aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón”  (Mt 11,29), estaba marcándoles la pauta a seguir para llegar a ser auténticos cristianos. Sí, porque la humildad es una de las virtudes fundamentales.

Es una realidad que el hombre siente una natural e irresistible inclinación a alcanzar un elevado ideal, un algo superior y elevado, por eso el hombre aspira a grandezas. Para alcanzar ese ideal existen dos caminos: el de la humildad, por el que el hombre, como María y como Cristo, es ensalzado por Dios: "Porque miró la humillación de su esclava". "Dios ensalza a los humildes y abate a los soberbios". "El que se humilla será ensalzado, el que se ensalza, será abatido";  y el camino de la soberbia, que siguieron los ángeles rebeldes o demonios, Adán, algunos filósofos paganos, y tantos y tantísimos hombres, que cayeron en un estado miserable por dejarse arrastrar por ella, comidos por la ambición de elevarse sobre los demás.

La soberbia nos lleva a que, en vez de considerar las perfecciones y los dones que hay en  nosotros como regalos de Dios o de la gracia, las consideremos como un motivo para sobresalir entre los demás, pisoteándolos, o en llegar más allá del nivel justo al que se puede aspirar racionalmente.

La soberbia suscita en nosotros la idea, el pensamiento de que nos merecemos todo, y esa forma de pensar, además de ser errónea y hasta ingenua, resulta ofensiva ante  Dios y muy nociva para el ser humano. Al creer firmemente que, por el hecho de que Él nos haya creado, de que sea un Padre todo bondad y generosidad, tiene la obligación de concedernos todo lo que le pidamos y hasta le exijamos con nuestros caprichos, desconociendo o relativizando que sólo Él sabe lo que realmente necesitamos y lo que es para nuestro bien y nuestra salvación, automáticamente estamos cerrándonos nosotros mismos a ser sujetos de esa bondad y esa generosidad.

Esta actitud implica también una creencia por demás nociva, fruto también de la soberbia: pensar que somos nosotros el que lo elegimos como nuestro Dios, entre ‘tantas’  opciones que hay en la actualidad, y que por lo tanto –aunque se oiga irreverente—‘nosotros le hacemos hecho el favor’. Jesús es contundente al sentenciar y decirnos que: “Ustedes no me eligieron a Mí; soy Yo quien los he elegido”.

¡Cuánto daño hace a nuestra vida de cristianos esta forma de pensar! Tanto que si persistimos en ella, sin duda acabaremos por perder lo poco de fe que tenemos.

La humildad es fuerza y es un don que hay que pedir al Espíritu Santo, y la soberbia, debilidad, un pecado capital que hay que suplicar al mismo Espíritu que nos libere de él.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones