Suplementos | ¡Cuánto daño hace a nuestra vida de cristianos esta forma de pensar! El peligro de la soberbia Es una realidad que el hombre siente una natural e irresistible inclinación a alcanzar un elevado ideal Por: EL INFORMADOR 15 de mayo de 2012 - 07:27 hs Jesús, al pedirles a sus discípulos: “aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29), estaba marcándoles la pauta a seguir para llegar a ser auténticos cristianos. Sí, porque la humildad es una de las virtudes fundamentales. Es una realidad que el hombre siente una natural e irresistible inclinación a alcanzar un elevado ideal, un algo superior y elevado, por eso el hombre aspira a grandezas. Para alcanzar ese ideal existen dos caminos: el de la humildad, por el que el hombre, como María y como Cristo, es ensalzado por Dios: "Porque miró la humillación de su esclava". "Dios ensalza a los humildes y abate a los soberbios". "El que se humilla será ensalzado, el que se ensalza, será abatido"; y el camino de la soberbia, que siguieron los ángeles rebeldes o demonios, Adán, algunos filósofos paganos, y tantos y tantísimos hombres, que cayeron en un estado miserable por dejarse arrastrar por ella, comidos por la ambición de elevarse sobre los demás. La soberbia nos lleva a que, en vez de considerar las perfecciones y los dones que hay en nosotros como regalos de Dios o de la gracia, las consideremos como un motivo para sobresalir entre los demás, pisoteándolos, o en llegar más allá del nivel justo al que se puede aspirar racionalmente. La soberbia suscita en nosotros la idea, el pensamiento de que nos merecemos todo, y esa forma de pensar, además de ser errónea y hasta ingenua, resulta ofensiva ante Dios y muy nociva para el ser humano. Al creer firmemente que, por el hecho de que Él nos haya creado, de que sea un Padre todo bondad y generosidad, tiene la obligación de concedernos todo lo que le pidamos y hasta le exijamos con nuestros caprichos, desconociendo o relativizando que sólo Él sabe lo que realmente necesitamos y lo que es para nuestro bien y nuestra salvación, automáticamente estamos cerrándonos nosotros mismos a ser sujetos de esa bondad y esa generosidad. Esta actitud implica también una creencia por demás nociva, fruto también de la soberbia: pensar que somos nosotros el que lo elegimos como nuestro Dios, entre ‘tantas’ opciones que hay en la actualidad, y que por lo tanto –aunque se oiga irreverente—‘nosotros le hacemos hecho el favor’. Jesús es contundente al sentenciar y decirnos que: “Ustedes no me eligieron a Mí; soy Yo quien los he elegido”. ¡Cuánto daño hace a nuestra vida de cristianos esta forma de pensar! Tanto que si persistimos en ella, sin duda acabaremos por perder lo poco de fe que tenemos. La humildad es fuerza y es un don que hay que pedir al Espíritu Santo, y la soberbia, debilidad, un pecado capital que hay que suplicar al mismo Espíritu que nos libere de él. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones