Suplementos | ¿Qué vamos a entender por pobreza? El pecado social ¿Qué vamos a entender por pobreza? Por: EL INFORMADOR 9 de julio de 2011 - 14:14 hs El siguiente pecado social es causar pobreza. Pero, ¿qué vamos a entender por pobreza? Una conocida enciclopedia nos remite a cinco concepciones de pobreza: como falta de desarrollo humano, la pobreza absoluta, la pobreza relativa, la pobreza relativa como desigualdad y la pobreza como privación. La primera de ellas tiene rasgos interesantes, pues se inspira en la acepción de pobreza como “falta de capacidad de producir o de realizar su potencial productivo. En este enfoque el énfasis está puesto no tanto en el resultado (ser pobre en el sentido de no disponer de ingresos o bienes suficientes) sino en el ser pobre como imposibilidad de alcanzar un mínimo aceptable de realización vital por verse privado de las capacidades, posibilidades y derechos básicos para hacerlo.” Este concepto se relaciona con el segundo en que esta forma de ver la pobreza, centrada en las capacidades para realizar las propias potencialidades, se opone a la definición de pobreza absoluta que considera a la pobreza y a la condición de pobre como un estado de privación o falta de recursos para poder adquirir una “canasta de bienes y servicios” necesaria para vivir una vida mínimamente saludable. Estamos aquí frente a lo que habitualmente se entiende como la medida más utilizada para determinar la extensión de pobreza de acuerdo con el Banco Mundial. Éste ha fijado una “línea internacional de pobreza” en 2 dólares estadounidenses de 1985 per cápita, en paridad de poder adquisitivo, para definir la pobreza y en 1 dólar para definir la pobreza extrema. En agosto de 2008, la línea de pobreza extrema fue reajustada a 1.25 dólares. Y como hemos insistido, el pecado social no es sino la suma de cada pecado individual cometido. Las causas de la pobreza son muchas y muy variadas, pero siempre es responsabilidad de todos. De entre las causas personales tenemos destacan alguna o varias de las siguientes actitudes: Me conformaré con sentarme en una esquina a vender chicles a los peatones y a los automovilistas. Si soy estudiante, estudiaré lo menos posible pero exigiré la máxima calificación. Si soy empresario, venderé lo que hoy me genere más utilidades sin importar los beneficios a largo plazo para mí o para quienes me rodean. Trabajaré si no tengo alternativa, pero siempre haré lo menos posible, llegaré tarde y haré únicamente lo que se me obliga a hacer o lo que debo hacer hoy y no puedo posponer. Realizaré las tareas asignadas con el mínimo esfuerzo y ninguna iniciativa personal, tomando ventaja de cuanto atajo pueda, y dándome por vencido ante el primer obstáculo. Mi fórmula favorita es “gracias a Dios es viernes”. Siempre promoveré mi horario de trabajo más corto, fines de semana más largos, más vacaciones y días feriados. Mi empleador me debe no sólo mi trabajo y mi salario, sino también tiene muchas otras obligaciones tales como mejores condiciones de trabajo, planes médicos, y el establecimiento de mecanismos adecuados para canalizar mis quejas. El empleador es un adversario de los empleados, y debe ser controlado y censurado cuando no proporciona mayores beneficios y utilidades. Tengo el derecho de participar en paros laborales pagados cada vez que esté insatisfecho. Estoy convencido de que el gobierno no es sólo responsable de proteger a mi sindicato y amonestar a mi empleador, sino también debe asegurarse de que mi salario sea continuamente aumentado. El gobierno también debe asegurarse de que los precios de los productos de consumo, las tarifas de transporte público, y las rentas que pago se mantengan tan bajas como sea posible, y que la calidad de todo lo que compro sea excelente. El gobierno adquirirá todos los fondos necesarios para proveer estos servicios, cobrando impuestos a todos aquellos más ricos que yo, emitiendo deuda o cuando sea conveniente, imprimiendo más dinero. Quien así es y así piensa, la pobreza vendrá y lo atacará como un vagabundo armado (Prov 6, 11), pues es un contribuyente a la pobreza de un país. Simplemente consúltese el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Todo esto se ve confrontado con la luz de la pobreza evangélica, la pobreza de espíritu, que no consiste en la indigencia material, contra la cual siempre hay que luchar (Cfr. Prov 31, 9). Es la libertad del corazón que, libre de ilusiones, puede elevarse sin ataduras hacia Dios amándolo sobre todas las cosas. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones