Suplementos | Segunda parte El pecado social Hace unos 40 años, surgió una nueva rama de la ética denominada Bioética Por: EL INFORMADOR 25 de junio de 2011 - 10:52 hs El primer concepto de lo que en el artículo anterior llamamos heptálogo, se refiere a la prohibición de la manipulación genética, la cual viene a ser, entonces, el primer pecado social. El término manipular significa, de acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, “operar con las manos o con cualquier otro instrumento”. En el caso que nos ocupa se advierte que la manipulación genética, en palabras del jurista Jaime Miguel Pérez Riviera, “comporta la modificación de los caracteres naturales del patrimonio genético. Supone la creación de nuevos genotipos mediante la transferencia programada de un segmento específico de ADN, que contiene una particular información genética, de un organismo viviente a otro”. Esto abarca varios casos, incluidos los relacionados con el genoma humano. A este respecto, desde hace unos 40 años, surgió una nueva rama de la ética denominada Bioética que se encarga de proporcionar principios para la correcta conducta humana respecto a la vida y una de sus aplicaciones es a la genética. La disciplina ha surgido, entre otras cosas, porque la manipulación en humanos es un asunto de gran trascendencia que puede dar lugar a experimentación atentatoria a la dignidad de la persona. De ahí que la manipulación genética en humanos sea declarada un pecado capital social. Por otro lado, podrá argumentarse que la producción de los vegetales y frutos transgénicos también debería prohibirse. Es muy discutible. Lo cierto es que la producción, por ejemplo, de un maíz resistente a diversas calamidades, que además sea más grande y con mayor grado nutricional, no puede ser mala. En un caso así, la Ingeniería Genética está puesta al servicio de la humanidad para aliviar problemas como el hambre y la pobreza. A lo que se refiere más específicamente la manipulación genética como pecado, es el controvertido tema de la eugenesia. En su acepción común, ésta es la que tiende a mejorar determinado carácter somático de una persona por nacer, por ejemplo, color de ojos o de piel. Aquí se tienen, de entre varios problemas, cambiar la identidad de la persona por nacer. lo que a su vez acarrea otros más, uno de los cuales, como dice AmyOtchet, de la UNESCO, “permite aliviar problemas sociales sin resolverlos. Si el color de la piel es mirado como una desventaja social, una pareja afronorteamericana procurará procrear un hijo blanco”. Así estaríamos inaugurando una nueva época al estilo Hitleriano. El segundo pecado social, no realizarás experimentos con seres humanos, incluidos embriones, es también objeto de estudio de la bioética. En este apartado entra en juego el tema de las células madre, a veces conocidas como células estaminales (stemcells). Estas células tienen dos características fundamentales y únicas que otras células del cuerpo no poseen: la capacidad de reproducirse constantemente, y la capacidad de “diferenciarse”, es decir de transformarse en una célula especializada del cuerpo humano, por lo que tienen la capacidad de generar los 220 tejidos y órganos que componen el cuerpo humano. La investigación con células estaminales de animales se ha venido dando desde hace muchos años con algunos éxitos. Se ha logrado, por ejemplo, que estas células se reproduzcan en el laboratorio y generen otras células más especializadas. Por citar un caso, se ha conseguido producir tejido cardíaco. El problema que nos atañe es que estas células se encuentran en los embriones y para extraerlas habría que destruirlos. En humanos tiene como consecuencia desconocer el embrión como ser humano y negarle el derecho a la vida. Sin embargo, de acuerdo con reconocidos científicos, el descubrimiento de células estaminales en la médula ósea de los adultos hace 40 años, y más recientemente en el cerebro, pulpa dental, vasos sanguíneos, sistema digestivo, retina, hígado y páncreas, también de adultos, así como en la sangre del cordón umbilical de los recién nacidos, abre las puertas a la esperanza de una ciencia en favor de una cultura de la vida. Las células estaminales de adultos pueden reproducirse y generar también células de otros tejidos, como ha sido probado ya con las células estaminales de la célula ósea y el cerebro. Quedan solemente por resolver aquellos asuntos bioéticos y doctrinales que resultaran de estas investigaciones. De cualquier modo, la tipificación del pecado asociado a este problema sigue siendo clara: la experimentación con seres humanos, incluidos embriones, en la que los experimentadores pretendan jugar el papel de Dios, es improcedente. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones