Miércoles, 29 de Octubre 2025
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El papel de la religión en el mundo actual

Hemos descrito los cinco niveles de desarrollo del intelecto humano, y con ellos las interpretaciones de la realidad y del mundo que los acompañan

Por: EL INFORMADOR

 Segunda parte


     Hemos descrito los cinco niveles de desarrollo del intelecto humano, y con ellos las interpretaciones de la realidad y del mundo que los acompañan. Una segunda fase, que va más allá de esos cinco niveles, es alcanzada por pocos, lo que trae a nuestra memoria la sentencia del evangelio por la que se nos recuerda que “la puerta y el camino que llevan a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; pero la puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y difíciles, y pocos los encuentran.” (Mt 7, 13-14).
     Encontrar la puerta angosta y llegar a la segunda fase, requiere trabajo y esfuerzo por parte del individuo. Es en esta fase donde se toma consciencia de la existencia de los niveles anteriores, se comprenden y se reconoce su necesidad y la importancia que tienen en el desarrollo humano. Esta fase está centrada en la comunidad, en la relación entre los seres humanos y en la sensibilidad ecológica. Es entonces cuando el espíritu se libera de la codicia, de la cerrazón de mente y de la división, entendida ésta como lo contrario a la integración de formas de pensar diferentes en un todo interdependiente fundamentado en el respeto, la concordia y la tolerancia. En su nivel más elevado se percibe el mundo como una unidad total que sintetiza la oración de Jesús: “Guarda con Tu poder a los que me has confiado, para que sean, como nosotros, una sola cosa” (Jn 17, 11). Es cuando se logrará la gran unificación, la unidad total de los creyentes.
     Y ahora, ¿cómo y dónde ubicar la religión dentro de todo esto? La gran mayoría de los expertos en sociología y psicología están de acuerdo con que el sentimiento religioso surge en la humanidad primitiva al mismo tiempo, y de forma indisociable, que la toma de conciencia. En particular, los expertos Don Beck y Christopher Cowan diferencian entre dos formas de religiosidad: horizontal y vertical. La primera de ellas es la modalidad propia de las fases pre-racionales y su forma propia es la creencia, y su práctica se reduce a ritos diversos, como por ejemplo el miércoles de ceniza y algunas procesiones como la del 12 de octubre. Por su parte, la religiosidad vertical es el camino de la trascendencia, de la superación del yo, de la consolidación de un estado de conciencia en el que el egoísmo se abandona. Para la religiosidad vertical, religión significa fundir la individualidad con el todo; es la que conduce al grado máximo de espiritualidad, la que cultiva las más hondas dimensiones del corazón humano.
     La religiosidad vertical es practicada por un número relativamente pequeño de personas, mientras que la religiosidad horizontal es practicada por la mayor parte de los adeptos. De ahí que personas como san Francisco de Asís, san Josemaría Escrivá, santa Rita de Casia o la madre Teresa de Calcuta sean tan escasas. La diferencia es que mientras la religiosidad horizontal se basa en creencias, la vertical se fundamenta en experiencias interiores, amorosamente vividas y conscientes. La creencia es la expresión más simple de la religiosidad y, a veces, no está ligada con la verdadera religiosidad, sino que deviene en superstición. No es un acto de fe religiosa, sino la adopción ciega de un sistema mítico que ayuda a mitigar la angustia existencial del ser humano. La frase de Marx “la religión es el opio del pueblo” se aplica a esta forma de religiosidad, puesto que la creencia tan sólo mitiga o narcotiza la angustia existencial.
     Por su parte la, fe no es exactamente lo mismo que creencia, aunque parezca lo mismo, porque se comparten los mismos símbolos o creencias externas. Sin embargo, la fe presupone la intuición del conocimiento superior que sólo se adquiere mediante la experiencia religiosa del Todopoderoso. Así como la creencia es anti-racional, la fe no se opone a la razón y es el sentimiento religioso que queda cuando la creencia ha pasado el filtro de la razón. La persona de fe no busca el consuelo de la creencia, y por ello a veces la persona de fe experimenta la tensión provocada por la duda. La fe es un preámbulo, un impulso hacia la verdadera experiencia religiosa. Continuaremos con la discusión. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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