Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | El relato del evangelio del día de hoy nos presenta una conversación que escandalizó a los judíos, debido a las palabras de Jesús

El pan vivo que ha bajado del cielo

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día...

Por: EL INFORMADOR

    El relato del evangelio del día de hoy nos presenta una conversación que escandalizó a los judíos, debido a las palabras de Jesús: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”. Luego el Señor añadió: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.”
    Todo esto confundió y molestó a los judíos, porque supusieron que Jesús les estaba proponiendo un acto de antropofagia, lo cual consideraban una abominación. Tristemente no tomaron el tiempo necesario, ni la humildad, para buscar el verdadero significado de las palabras de Jesús. ¿Qué era lo que el Señor estaba tratando de decirles? Hay varias lecciones que podemos aprender de estas palabras del Señor Jesús.
    Tener comunión con Jesús. Un deseo evidente en el corazón de Dios, siempre ha sido estar cerca de los humanos; esto ha sido palpable desde el huerto del Edén, y a lo largo de la historia de la humanidad. Cuando Jesús se refiere a sí mismo como “el pan vivo que descendió del cielo” está proponiendo la idea de que nos hagamos uno con Él, de la misma manera que nos hacemos uno con el alimento que comemos cada día. Tomemos el ejemplo del pan que usted tomó esta mañana durante su desayuno: antes de desayunar, usted y el pan eran dos entidades separadas, pero luego, a través del acto de comerlo, se integraron dentro de su cuerpo; esto no significa que el pan se extinguió, o dejo de ser, sino que se integró a su cuerpo.
    Ser alimentados por Él. Cuando el pan se integra al cuerpo, su función es desdoblarse en elementos cada vez más sencillos, para que sean capaces de llevar sus nutrientes a cada rincón de nuestro organismo… y vaya que tenemos muchos rincones a lo largo del cuerpo. El pan, de alguna manera se simplifica, pero a través de este proceso puede llegar y nutrir a todo el cuerpo. De la misma manera, el anhelo de Jesús al vivir dentro de nosotros, es traer el verdadero alimento espiritual, lo que nos ayudará a crecer y fortalecer nuestro ser interior. Jesús sabe que separados de Él no podremos hacer nada, por eso su deseo es alimentarnos y fortalecernos a lo largo de nuestra vida.
    Depender diariamente de la vida que el Maestro da. Como verdadero alimento y verdadera bebida para nuestro espíritu, Dios diseñó que la vida de su Hijo Jesús fuera la clave para poder vivir cada día de nuestra vida. El hambre que nuestro cuerpo físico experimenta cada día es un recordatorio de que debemos nutrirlo diariamente, bajo peligro de perder la salud o la vida si no lo hacemos. No sólo es un asunto de saciar el hambre que tenemos cada día, sino de alimentar nuestro cuerpo para que se mantenga vivo y sano; de una manera similar, nuestro ser interior no puede mantenerse sano recibiendo un poco de “alimento espiritual” cada domingo, si es que decidimos tomar un tiempo para buscar a Dios en una iglesia. Es necesario comer del pan de vida todos los días.
    Reproducir su vida en nosotros. La razón de que el verdadero pan de vida entre a nuestro interior, no sólo tiene que ver con la idea de que estemos saludables, sino de responder al diseño de Dios de que todos los creyentes en Jesús nos convirtiéramos en sus discípulos, es decir, en verdaderos seguidores de Él; que seamos capaces de seguir reproduciendo aquí en la tierra la vida de Jesús: hablar como Él, amar como Él, y seguir haciendo las obras que Él hizo mientras estuvo entre nosotros. Esa es la razón por la que Jesús no se quedó aquí en la tierra después de su resurrección: confió en que sus seguidores haríamos correcta y completamente su obra.  

    Angel Flores Rivero
   iglefamiliar@hotmail.com

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