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Suplementos | El pastor es, a la vez, un jefe y un compañero; la metáfora perfecta para Cristo

El Señor es mi Pastor

El pastor es, a la vez, un jefe y un compañero; la metáfora perfecta para Cristo
Buen Pastor. Catacumbas de Santa Priscila, Roma. Siglo III. Pintura ubicada en la bóveda de uno de los recintos. ESPECIAL /

Buen Pastor. Catacumbas de Santa Priscila, Roma. Siglo III. Pintura ubicada en la bóveda de uno de los recintos. ESPECIAL /

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA
Hechos de los Apóstoles 2, 14. 36-41:

“Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo”.

SEGUNDA LECTURA
Primera Carta de San Pedro 2, 20-25:

“Jesús cargando con nuestros pecados subió al madero de la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia”.

EVANGELIO
San Juan 10, 1-10:

“El Buen Pastor camina delante de sus ovejas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz”.

GUADALAJARA, JALISCO (07/MAY/2017).- “El Señor es mi Pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar [....] Tu bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por siempre”. Salmo 23 (22).

Para perpetuar su presencia y su acción salvífica entre los hombres, Cristo fundó un Reino, lo llamó Iglesia, congregación de los creyentes, y le dio también el nombre de rebaño, para subrayar su naturaleza social. Él mismo se dio el nombre de Pastor. Así ha querido expresar la relación para con cada uno y con todos los bautizados. Él y su pueblo, un rebaño necesitado de guía, tutela, protección. El Israel antiguo era un pueblo con la presencia activa y generosa de pastores y rebaños. Abel era pastor. Moisés cuidaba las ovejas de su suegro Jetró, cuando vio arder una zarza que no se consumía y recibió allí el mensaje y la misión de convertirse en el caudillo para conducir al pueblo escogido, de la esclavitud en Egipto a la libertad, a la tierra prometida. En el oficio de pastores se ocupaban algunos profetas, cuando la voz del Señor, imperiosa, los envió a anunciar la verdad, la justicia. David fue ungido con aceite por el profeta Samuel, y de pastor de las ovejas de su padre fue consagrado “pastor de su pueblo, Israel”, y fue su rey poderoso durante 40 años. En tomo al pesebre de Belén, los primeros afortunados con el gran privilegio de contemplar a Dios hecho hombre, fueron los desvelados pastores que una noche dichosa estaban al cuidado de sus rebaños.

Por analogía, por imitación y seguimiento a Cristo su Señor y Maestro, al Papa se le da el nombre de Pastor de la Iglesia Universal. y ha de ejercer ese oficio, a imitación del Señor, movido por el amor y sólo el amor, y ese amor hasta la muerte por sus ovejas. Está el testimonio de algunos Papas que recibieron las palmas del martirio, con el rojo vivo de su sangre derramada por Cristo y por sus ovejas. Pastores son los obispos, sucesores de los apóstoles, y como ellos enviados a pastorear las ovejas de una región, con el deber de guiar, nutrir con los sacramentos y la Palabra, defender de los peligros del alma y del cuerpo y entregarse a su servicio. Son pastores del pueblo cristiano, quienes han recibido la gracia del sacerdocio ministerial. Desde los apóstoles y los discípulos de los apóstoles, ha ejercido su sacerdocio una multitud que nadie podrá contar.

Llamados, ungidos, enviados —tomados de en medio del pueblo, para el servicio del pueblo—, han servido a las ovejas —los fieles— con sus cualidades, sus carismas, sus limitaciones y desde luego con una enorme diversidad de estilos. “Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Bien pueden ser estas palabras de San Pedro (segunda lectura) una ferviente amonestación y un aliento a los llamados al sacerdocio, apasionante aventura en la que con entrega en distintos grados han servido los sacerdotes, pastores del pueblo de Dios.

“Os daré pastores según su corazón”, del Libro de Jeremías 3, 15. Es un estudio profundo en seis capítulos, documentado y al día, sobre la vocación sacerdotal. la formación de los candidatos al sacerdocio y la formación permanente de los sacerdotes. Manifiesta la preocupación de la Iglesia. del Papa, en dar sacerdotes al pueblo de Dios con el ideal que antes sintetizaba en tres cosas: sabios, sanos, santos.

José Rosario Ramírez M.

La historia del Pastor

La metáfora del pastor que conduce su rebaño, profundamente arraigada en la experiencia de los arameos nómadas que fueron los patriarcas de Israel en medio de una civilización de pastores, expresa admirablemente dos aspectos aparentemente contrarios y con frecuencia separados, de la autoridad ejercida sobre los hombres. El pastor es a la vez un jefe y un compañero. Es un hombre fuerte, capaz de defender su rebaño contra los animales salvajes; es también delicado con sus ovejas, conociendo su estado, adaptándose a su situación, llevándolas en los brazos, queriendo con cariño a una y otra como hija. Su autoridad no se discute, está fundada en la entrega y en el amor.

En el Antiguo Testamento, Yahveh no lleva casi nunca el título de pastor. El título parece reservado a aquel que debe venir.

Pero con el paso de los años, el término llegó a tener ciertas interpretaciones muy diversas, al grado que en tiempos de Jesús, a los pastores se los asemejaba a los ladrones y a matones, pero se guardaba presente en la memoria la profecía del pastor venidero.

Jesús, fiel a la tradición bíblica, pinta la solicitud misericordiosa de Dios con los rasgos del pastor que va en busca de la oveja perdida. El título de “Buen Pastor” desarrollado en el cuarto Evangelio, no se trata tanto del rey, señor del rebaño, cuanto del Hijo de Dios que revela a los suyos el amor del Padre. Jesús precisa, aún más, Él es el mediador único, la puerta de acceso a las ovejas y que permite ir a los pastos. Sólo él delega el poder pastoral; sólo él da la vida en la plena libertad de las idas y venidas.

Jesús es el pastor perfecto porque da la vida por sus ovejas; no sólo es herido, sino que él mismo da su vida, las ovejas dispersas que él reúne vienen del aprisco de Israel y de las naciones. Finalmente, el rebaño único así reunido queda unido para siempre, porque el amor del Padre todopoderoso lo mantiene y le garantiza la vida eterna.

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