Jueves, 09 de Octubre 2025
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El Primer Mandamiento

El Primer Mandamiento de la Ley de Dios es muy largo (Ex 20 2-6)

Por: EL INFORMADOR

El Primer Mandamiento de la Ley de Dios es muy largo (Ex 20 2-6), pero puede resumirse en las palabras de N. S. Jesucristo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” (Mt 22, 37).   Amar a Dios no es, precisamente, sentir cariño sensible hacia Él, como lo sentimos por ejemplo, por nuestros padres, hermanos, novio, esposa o hijos. Amar a Dios es estar convencido de que Él vale más que cualquier cosa sobre la tierra y por eso ha de preferírsele antes que nada.

     Ese mandamiento nos obliga a creer en todas las verdades de la fe; a esperar en Dios, confiando en que nos proporcionará todos los medios necesarios para que alcancemos la vida eterna; y a adorarle solamente a Él, darle el culto debido y reverenciarle en espíritu y en verdad. En otras palabras, nos llama a la fe, la esperanza y la caridad.

     Respecto a la fe, no nada más nos pide que busquemos y aceptemos las verdades, sino que también realicemos actos de fe todos los días en todo lugar. Por ejemplo, podemos tener obstáculos para expresar nuestra fe por miedo a que perjudique algún negocio, a llamar la atención, a ser señalado y ridiculizado. El católico o la católica que asiste a un congreso, que estudia en una universidad, que tiene una vida social muy activa, y otras situaciones parecidas, puede caer en la tentación de negar su fe, lo que equivale a la negación que impide dar a Dios el honor debido. Y en ocasiones, cuando omitimos profesar nuestra fe por cobardía, afectamos al prójimo, pues una persona con una fe más débil, al observar nuestra forma de actuar puede tomar una decisión equivocada. Con frecuencia se nos presentan ocasiones en que la necesidad del testimonio valeroso redundará en el sostenimiento de la fe de otros.

     Por otro lado, la fe se manifiesta en otras acciones ordinarias: guardar el agua bendita en un recipiente limpio y lugar apropiado, manejar la Biblia con reverencia, pasar por alto las debilidades y los defectos de sacerdotes y religiosos, conducirnos con respeto en el templo, especialmente en bodas, XV años y bautizos, cuando el aspecto social puede llevarnos a descuidarlo.

     Y además de estas manifestaciones exteriores, hay algo más grave: la superstición. Ésta es pecado contra el Primer Mandamiento porque atribuye a personas o cosas creadas poderes que sólo le pertenecen a Dios, por lo que el honor que Él se merece se desvía hacia sus criaturas. Por ejemplo, todo lo bueno nos viene de Dios, no del amuleto para la buena suerte o para alejar las “malas vibras”. Y nada malo sucede por derramar sal, romper un espejo o encontrarse con un gato negro. Además, como lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica (2111), atribuir la eficacia de la oración o de los signos cristianos (escapularios, crucifijos) a su sola materialidad, “prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición”.

     Del mismo modo, creer en adivinos o espiritistas va contra el Primer Mandamiento, porque es un deshonor a la providencia divina. En el Catecismo leemos (2116): “todas las formas de adivinación deben rechazarse… la consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’… están en contradicción con el honor y el respeto que debemos solamente a Dios”. Los adivinos saben combinar la psicología con las probabilidades, y con algo de “cuento” son capaces de confundir inclusive a personas inteligentes. Por su parte la falsedad de la astrología ha sido probada y demostrada por la ciencia desde hace siglos. Solamente pensemos en esto: en el hemisferio sur no se ven las mismas estrellas y constelaciones que en el hemisferio norte; entonces, ¿cómo es posible que la astrología tenga valor real en nuestro planeta? O ¿hay una astrología para el sur y otra para el norte? ¿Por qué los gemelos tienen en general personalidades dispares y destinos diferentes? Después de todo nacieron bajo el mismo signo y prácticamente a la misma hora.
     El Catecismo nos sigue iluminando (2115): “la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro, y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. Sin embargo, la imprevisión puede constituir una falta de responsabilidad”. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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