Jueves, 16 de Octubre 2025
Suplementos | Cuarta Parte

El Nacimiento de N.S. Jesucristo

La mente de Jesús concebido virginalmente estaría en resonancia y armonía con el Hijo desde el mismo instante de la formación de la mente en el tejido nervioso del embrión

Por: EL INFORMADOR

     En la literatura científica se han reportado gran cantidad de casos de nacimientos virginales; el nombre científico para este evento es partenogénesis. Los estudios partenogenéticos sistemáticos se han realizado principalmente en varias clases de reptiles y en pavos. Aunque se sabe que es un acontecimiento que ocurre también en mamíferos, incluido el hombre, su estudio sistemático en humanos no se ha llevado a cabo por dos razones, una real y otra hipotética. La primera está dada por objeciones de orden bioético, totalmente plausibles y con las que estamos de acuerdo, y la segunda, por razones fundamentadas en ignorancia o atavismos que imponen barreras mentales –principalmente en no creyentes– para considerar que un nacimiento virginal es biológicamente imposible en humanos.

     Para visualizar el nacimiento virginal tomemos como ejemplo a los pavos, para los que se encuentra poco más de cuarenta por ciento de partenogénesis. En éstos, una célula huevo haploide (aquélla que contiene un solo juego de cromosomas) se comienza a dividir (meiosis) sin ser fertilizada por una célula espermática; si en algún momento de la división se duplican los cromosomas, de manera tal que se forma una célula diploide (aquélla que tiene los dos juegos de cromosomas), nace un pavo normal.

     En el caso humano, puede inducirse a un ovocito (la célula huevo) a dividirse sin haber sido fertilizado por un espermatozoide, de manera que puede ser haploide o diploide. Esta división es tan fácil de inducir en el laboratorio, que muchos investigadores en este campo piensan que los nacimientos virginales podrían ser tan comunes en los humanos como el caso de mellizos idénticos, cuya probabilidad es de uno de cada 300 nacimientos.    

     Sabemos que, genéticamente, los humanos usamos un sistema de determinación sexual XY a nivel de cromosomas. Si la combinación de cromosomas es idéntica, XX, el resultado es una mujer, mientras que si la combinación es XY, el resultado es un hombre y que tanto el espermatozoide como el óvulo son células haploides.

     En el varón XY sólo hay 28 genes en el cromosoma Y, de los cuales sólo quince son únicos (no tienen contraparte en el cromosoma X) y trece tienen contrapartes en el cromosoma X. Los genes con contrapartes tanto en el cromosoma Y como en el X, se denominan genes homólogos. Un nacimiento virginal puede explicarse solamente si el hijo es varón XX, posibilidad remota pero no imposible, que se obtiene cuando un solo y único gen masculino del cromosoma Y (denominado gen SRY) se inserta en un cromosoma X. Una posibilidad en el caso de Jesús es que si no todos, al menos varios de los genes del cromosoma Y se insertaron en uno de los cromosomas X de María y que en ella cualquiera de los mecanismos fisiológicos activaran el proceso natural de meiosis. Esto es, el proceso natural del embarazo que dio lugar a N.S. Jesucristo comenzaría cuando el óvulo de María iniciara su división con los genes Y activados antes de convertirse en una célula haploide. La verificación de esta hipótesis no parece posible, pues se necesitarían muestras de la sangre o de tejido de N. S. Jesucristo para realizar pruebas de ADN con el fin de buscar los genes Y y las dos formas de genes insertados del cromosoma X, ya que un varón nacido virginalmente tendría dos genes de cromosoma X por cada una de su contraparte del cromosoma Y.

     El mecanismo biológico tan brevemente descrito se dio por la acción del Padre a través del Espíritu Santo, y es tal, que la mente de Jesús concebido virginalmente estaría en resonancia y armonía con el Hijo desde el mismo instante de la formación de la mente en el tejido nervioso del embrión. Él sería completamente humano, con la mente racional de un humano, pero también completamente el Hijo de Dios. La hipótesis ensayada muestra la fehaciente posibilidad de un nacimiento virginal con todas las características biológicas de cualquier nacimiento humano.

     Como en todos los casos probados hasta la fecha, los avances en el conocimiento científico no se contraponen a los hechos revelados, sino que ambos conforman una mancuerna indisoluble que hace que la fe católica no se asemeje en nada a creencias racionalmente imposibles o supersticiosas. Ante la evidencia, sólo queda caer de rodillas y exclamar: “¡Creo en Ti Señor, Dios omnipotente, y en Jesucristo Tu único Hijo!”. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx

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