Suplementos | ´´Honra a tu padre y a tu madre´´ El Cuarto Mandamiento Los padres que se aman mutuamente en Dios, amarán a sus hijos con verdadero amor Por: EL INFORMADOR 1 de agosto de 2009 - 13:25 hs “Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da” (Ex 20, 12) es el texto del Cuarto Mandamiento, dirigido explícitamente a los hijos; pero Dios, en su infinita sabiduría, se dirige también a los padres para indicarles implícitamente que deben ser dignos del amor y el respeto que se les exige a los hijos. Después de todo, los hijos no son sino producto de lo que los padres hicieron. El Catecismo de la Iglesia Católica (2198) nos hace saber que “este precepto se expresa de forma positiva, indicando los deberes que se han de cumplir. Anuncia los mandamientos siguientes, que contienen un respeto particular de la vida, del matrimonio, de los bienes terrenos, de la palabra. Constituye uno de los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia”, la cual ha tratado profusamente con anterioridad. En el mismo Catecismo (2200) leemos además que cumplir con este mandamiento, tiene gran recompensa, pues su observancia proporciona, junto “con los frutos espirituales, frutos temporales de paz y prosperidad. Y al contrario, la no observancia de este mandamiento entraña grandes daños para las comunidades y las personas humanas”. Los deberes de los hijos para con sus padres los podemos desprender de tres citas bíblicas, de entre un gran número de éstas: “Guarda, hijo mío, los preceptos de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre… Cuando camines ellos te guiarán; cuando duermas vigilarán sobre ti, y cuando te despiertes, se entretendrán contigo” (Pr 6, 20-22); “El hijo sabio ama la disciplina, el insolente no escucha la reprensión” (Pr 13, 1), y “El que abandona a su padre es como un blasfemo, y maldito del Señor quien irrita a su madre” (Si 3, 16). Las enseñanzas parece ser muy claras: mientras el hijo o hija vive en el domicilio de sus padres, debe obedecer a todo lo que ellos dispongan para su bien o el de la familia. Se recalca la parte de que es para el bien propio o de la familia, pues puede haber disposiciones no razonables o incompatibles con la moral. Por ejemplo, si uno de los padres pide mentir por él o ella, no está obligado a obedecer. Por otro lado, el respeto que se debe a los padres es inexcusable. Aquí se incluye que no es lícito odiarlos, golpearlos, amenazarlos, insultarlos o ridiculizarlos, maldecirlos o negarles la ayuda si estuviesen en necesidad, o cualquier otra cosa que les cause pena, vergüenza o dolor. Los padres tienen también obligaciones graves, pues un día tendrán que rendir cuentas a Dios por el alma de sus hijos. Los deberes comienzan por los cuidados materiales: alimento, vestido y atención médica cuando se necesitase; luego, educarlos para hacer de ellos buenos ciudadanos, útiles, económicamente independientes y autónomos, corteses y con conciencia cívica. Además es de considerarse que ser buenos padres no comienza con los hijos, sino con el amor mutuo, genuino y verdadero que se juraron ante Dios y ante los hombres el día de su boda. Es muy poco probable que los esposos que dependen de los hijos para satisfacer su necesidad de cariño lo encuentren realmente. Cuando no existe ese verdadero amor conyugal, el supuesto amor de padres se convierte en algo posesivo y celoso, que busca la propia satisfacción más que el verdadero bien del hijo o hija. Estos son los amores que hacen a los hijos malcriados, egoístas y mimados. Y en veces otros padres, frustrados en sus vidas, tratan de realizarse a través de sus hijos, obligándolos a hacer lo que ellos quisieron pero por cualquier razón no pudieron. El hijo crecerá rebelde e insolente, y como en el otro caso, será presa fácil de las drogas, el alcoholismo o la promiscuidad. Los padres que se aman mutuamente en Dios, amarán a sus hijos con verdadero amor, y la familia que forman vivirá en paz, concordia y tranquilidad. Podrán cometer errores, mas nunca causarán un daño serio y permanente en sus hijos, porque en un hogar así los hijos se sienten seguros, amados y aceptados, con lo que desarrollarán fuerza de espíritu, generosidad y capacidad de amar; sus posibilidades de ser realmente felices serán muy elevadas. Los hijos de estos hogares serán quienes podrán, en espíritu y en verdad, cumplir a la letra los preceptos del Cuarto Mandamiento. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Evangelio de hoy: Alegría, signo de perseverancia y misericordia Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones