Suplementos | 2o Domingo ordinario El Bautismo es puerta para entrar a la luz ''Hoy hay que nacer de nuevo, nacer del agua del Espíritu Santo'' Por: EL INFORMADOR 13 de enero de 2013 - 04:48 hs / El tema fundamental de este domingo es el bautizo en la segunda lectura, de San Pablo a su discípulo Tito, el fervoroso “Apóstol de la última hora” ya no se apega a la fría aceptación de la ley, ahora todo su fervor, todo su entusiasmo, toda su esperanza, están en Cristo y solamente en Él. Así le dice a Tito: “Al manifestarse la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor por los hombres, Él los salvo; no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo, sino por su misericordia, lo hizo mediante el bautismo, que nos regenera y nos renueva, por la acción del Espíritu Santo, a quién Dios derramo abundantemente sobre nosotros; por Cristo nuestro Salvador. Así justificados por su gracia nos convertimos en herederos cuando se realice la esperanza de la vida eterna”. El bautismo es puerta para entrar a la luz; es una renovación para ser un hombre nuevo, en su nuevo nacimiento: “hoy hay que nacer de nuevo, nacer del agua del Espíritu Santo”. La Iglesia es el pueblo de Dios nacido del bautismo. En aquel tiempo todo el pueblo estaba en su expectación y todos pensaban que quizá Juan el Bautista era el Mesías; Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quién no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”. Cristo, que no tiene pecado, se humilla y baja al Jordan para ser bautizado por Juan. Él, que no tiene pecado da a las aguas la virtud purificadora de su amor y de su espíritu para el nuevo bautismo. Todo hombre será invitado, en unión viva con Cristo, al bautismo en el espíritu. “El que crea y se bautice se salvará”. Desde ese momento hasta este día, de este mes, de este año, del siglo XXI muchos -“una multitud que nadie podrá contar”-, han sido marcados para siempre como hijos de Dios y herederos de la vida eterna. La fe, que ilumina la vida; las obras buenas que el hombre va haciendo en su caminar en el tiempo; la relación con Dios, la esperanza de la vida eterna, y hasta los bienes recibidos a través de la comunicación con los demás miembros del Reino, de la Iglesia, todo absolutamente todo, enriquece al hombre, porque recibió el bautismo, que es fuente permanente de la vida. Esta es la gran Epifanía: la manifestación de un solo Dios en 3 personas. Para la Iglesia, para el culto divino, así termina el tiempo de Navidad, con el bautismo de Cristo. Con el bautismo empieza la vida pública, los 3 años para llevar por todos los pueblos el anuncio de que ya llego, está entre ellos, el Reino de Dios. José Rosario Ramírez “MESÍAS” El pueblo estaba a la expectativa para descubrir si Juan era el Mesías que tanto esperaba Israel. El tema del Mesías significaba mucho para toda la nación: se trataba del enviado de Dios, el ungido, cuya tarea sería volver el corazón de los israelitas hacia Dios, de tal manera que Dios les enviaría libertad, prosperidad, gozo, y un reinado que no tendría fin. No se trataba solo de un líder político, o religioso, o un gran maestro, sino que, de alguna manera, el Mesías representaría todo el bien que un buen rey puede hacer a su pueblo, contando con una autoridad suprema, gobernando con justicia, sabiduría, y sentando las bases para un reinado que nunca terminaría. Cuando la gente observó en Juan bautista la manera en que vivía, su manera de hablar, su autoridad de parte de Dios, e incluso su valor para confrontar a los gobernantes, en el corazón de muchos de ellos comenzó la pregunta ¿sería acaso este hombre el Mesías tan esperado por el pueblo de Israel? La pregunta, al principio, era apenas una inquietud del corazón, pero a medida que las señales de Juan aumentaban, al mismo tiempo que la opresión romana, el tema se convirtió en una expectativa de todo el pueblo que venía al río Jordán para escuchar a Juan. Pronto Juan ubicó el asunto ante las inquietudes de la gente: ni siquiera era digno de desatar la correa de las sandalias del Mesías. Juan se encargó rápidamente de establecer la proporción entre un gran profeta como él (considerado incluso el más grande de los profetas) y el Mesías. No había comparación. Eso es totalmente cierto. No hay comparación entre Jesús y los iluminados. Entre Jesús y los grandes maestros, gobernantes o líderes de la humanidad. No hay comparación. Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com Una oraciónMBS, fsp Señor Jesús, déjame ver tu luz, porque sin ella mi vida es mucho más oscura, porque sin ti, mi corazón se nubla y no puedo ver lo que es valioso y útil para mi ser integral que anhela siempre progresar, vivir en plenitud y ser feliz. Señor Jesús , ven a mi inquieto corazón, a disipar las tinieblas del pecado y darme esa claridad radiante que tan sólo tú tienes en tu ser de Hijo de Dios que te hiciste humano para comunicarnos lo divino. Temas Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones