Miércoles, 15 de Octubre 2025
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El Adviento es la aurora

Es recuerdo, es espera, es presencia

Por: EL INFORMADOR

    Ya viene el Sol, Sol de Justicia, Sol de Amor; ya los creyentes esperan con alegría el momento de celebrar, como cada año, al que vino, el mismo esperado por siglos y siglos.

     Llega el que había de venir, el Mesías prometido, anunciado por los profetas y esperanza de los patriarcas.

     Hoy, veinte siglos después, en este siglo XXI colmado de todo --con el signo de la técnica, con el ritmo acelerado de la prisa, siglo de angustias, de terremotos, de erupción de volcanes, de inundaciones y, lo más triste, de crímenes, de escándalos y tristezas--, con el cansancio de tanta desgracia y  como después de una noche tormentosa, la presencia de Cristo es esperada porque es sol que alumbra y da calor; es la verdad en medio de las tinieblas; es el amor para darle el mejor ritmo a todos los pechos; es la vida del alma.

Y es Cristo y viene

     “No es una representación de cosas que pertenecen a tiempos pasados, sino más bien a Cristo mismo, que se hace presente en su Iglesia para que las almas se pongan en contacto con sus misterios. Éstos son fuente de su divina gracia y perduran en nosotros por sus efectos, siendo causa de nuestra salvación”. Así alentó el Papa Pío XII a la grey católica, para que la Navidad no fuera --y no debe ser-- sólo un recuerdo, una figura de la historia.

     Por eso y para lo mismo tuvo su principio y ha continuado la celebración del Adviento, tiempo litúrgico de cuatro semanas con sus lecturas, antífonas, cantos y oraciones propios para preparar a los cristianos a vivir, no sólo conmemorar, el Misterio del Verbo de Dios hecho hombre, manifestado en el niño envuelto en pañales y recostado sobre las pajas.

Es recuerdo, es espera, es presencia

     Primero ir a los libros sagrados.- Isaías, profeta lejano y cercano a la vez; lejano, porque han pasado ya veintiocho siglos desde el día de misterio cuando, sacudido por el impulso de la divina inspiración, soltó con sus labios y su pluma el torrente de luces con el anuncio de la venida, de la aparición entre los hombres de ese retoño de la estirpe de David. Llegaría, fundaría un reino y ese reino no tendría fin.

     Isaías es el profeta escogido para anunciar la venida del rey, y para amonestar a los pueblos a preparar el camino al rey venidero. Allí está el recuerdo actualizado en la plenitud de los tiempos, cuando la esperanza se tornó realidad.

     Y cuando la realidad, cuando la esperanza, se manifestó cumplida con la llegada de Emmanuel --Dios con nosotros--, entonces, en el misterio de la salvación, brotó otra esperanza. Ésta es la virtud teologal, entonces en el misterio de la salvación --porque el misterio de tomar carne y hacerse hombre es el misterio de la salvación--, y la espera sigue hasta la consumación de los tiempos, para que todos esperen en el que vino y está: Presencia, con el recuerdo del pasado, y esperanza con la mirada en el futuro.

“Vayamos con alegría al encuentro del Señor” (Salmo 12)

     El Adviento tiene, aunque lejanamente, un cierto parecido a la cuaresma, porque el color morado aparece y no se canta el “Gloria in excelis”; sin embargo, el signo del Adviento es de una alegre espera.

     La alegría es, debe ser, una característica del auténtico cristiano. Los grandes santos han pasado por el tiempo --y aún en días difíciles-- con el signo de una alegría. San Francisco de Asís, soldado de gozo; a San Agustín, después de liberarse de todas sus idolatrías, la soberbia, la lujuria y el amor propio, esa libertad lo dejó ligero, libre, alegre.Y el otro Francisco --el de Sales, obispo de Ginebra-- escribió: “Un santo triste es un  triste santo”.

     Es triste el egoísta. Se laurea demasiado a sí mismo, y al no tener satisfacción plena a sus apetencias, se marchita. Un egoísmo tenaz engendra tristeza y a veces depresión y hasta muerte. Atrincherados, endurecidos en las pasiones, muchos se encadenan en la oscura cárcel de su egoísmo.

     La alegría plena procede de la fe y del amor. El anuncio de la venida de Cristo es una llamada a dejar los harapos de la tristeza y vestirse con el traje de gala, de fiesta, de la alegría.

“Velen  pues y estén preparados”

     Velar es mirar no hacia los demás, sino hacia el propio yo, hacia el íntimo ser de cada uno, para darle una purificada en orden a la preparación. Alejarse de Dios por ir tras los halagos del mundo, es perder la vigilancia. Es el marino sin brújula y a veces en plena tempestad, con riesgo así de zozobrar.

     La vida es luchar. “Lucha es la vida del hombre sobre la tierra”, así lo afirmó Job.  

“Velen, estén alertas, porque no saben ni el día ni la hora”

     Las ocupaciones, las preocupaciones y las despreocupaciones de la vida bien pueden hacerles una mala jugada.

     Con el lenguaje del futbol, lamentarán los derrotados sus distracciones, causa de sus goles recibidos y de su derrota. No es lícito distraerse ni en el juego, ni en los negocios, ni en los asuntos delicados de la familia, ni mucho menos en el asunto primordial, el sentido profundo de la vida: “Cristo nació y vino para salvarme”.

     La vida está hecha de semejantes experiencias , y el descuidado, el no vigilado, sufre siempre fatales y a veces irreparables pérdidas.

Responder con docilidad a este anuncio

     La docilidad teórico-práctica.- No solamente disponerse a celebrar la Navidad como fiesta cristiana, con fe, con amor, sino además ponerse a la obra en la purificación interior.

     Si hay purificación, entonces cada cristiano será un reflejo de la presencia de Cristo; un grupo de cristianos serán faros irradiantes de reflejos de luz para señalar el verdadero estilo, la manera de celebrar, de vivir la Navidad.

     Buscar de veras a Cristo.- “El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida” (Jn 8 12).

     Iluminar a los demás.- Iluminar con el ejemplo, con la obra, con la palabra.    

La luz destruye las tinieblas; el amor destrona al odio.

José R. Ramírez 

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