Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | La vida humana discurre entre triunfos y fracasos, entre alegría y dolor

Domingo de Ramos

Esta fiesta abre la puerta a la Semana Mayor, la Semana Santa en la que todo nos va a hablar de sufrimiento, de dolor y de muerte…

Por: EL INFORMADOR

28 de marzo 2010

     La vida humana discurre entre triunfos y fracasos, entre alegría y dolor.
El domingo de Ramos es un día hermoso lleno de fantasía, de cantos y alabanzas, de palmas y flores, de júbilo y alegría, pero que envuelve en sí mismo una desconcertante contradicción.
     Esta fiesta abre la puerta a la Semana Mayor, la Semana Santa en la que todo nos va a hablar de sufrimiento, de dolor y de muerte…
     Tendremos que esperar hasta el próximo domingo, en que se abran los cielos para hacernos ver la Pascua de Resurrección en todo su esplendor y en ella contemplar al Cristo glorioso y triunfante, que se levanta del sepulcro y vence la muerte…
     Mientras tanto, hoy nos toca enfrentarnos al misterio del dolor en toda su crudeza y realidad. Hoy toca preguntarnos seriamente y alzar la voz para preguntar también a Dios: ¿por qué del dolor humano abunda tanto en nuestro mundo?
     Es muy significativo el hecho del sufrimiento humano de Jesús, porque cuando le preguntemos eso a Dios, Él tan sólo nos mostrará a su Hijo divino, y Jesús mismo nos podría decir: “¿Has acaso sufrido más que yo?”.
     Lo que sí es desde todo punto evidente, es que Dios no aprueba el sufrimiento humano, por eso lo consuela. Dios no quiere que ningún ser humano haga sufrir a otro. Dios no quiere las guerras, los asesinatos, las muertes injustas, la violencia, de ningún tipo.
     Pero vamos por la vida viendo cómo unos a otros nos damos golpes bajos, y nos metemos zancadilla. Todo lo que hace sufrir al prójimo atenta directamente al corazón de Dios. Han pasado ya más de 2000 años de que Cristo Jesús nos explicó estas cosas, y sus enseñanzas han pasado por muchas generaciones en el mundo y todavía no lo hemos entendido.
     Vamos creyendo en el progreso, un progreso que se gloría de alcanzar alturas nunca antes soñadas que casi tocan el cielo con las manos; y no obstante, en lo elemental, en lo que atañe a la vida, no hemos podido entender que el ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, es mucho más vulnerable y delicado, que la primigenia raíz de su grandeza está en el corazón.
     Y cuando una persona sufre, sea cual sea el motivo, la razón y la expresión de su dolor, la respuesta le viene dada desde el corazón de Dios.
     Para los que sufren, Dios tiene un raudal de consuelo…
     Para los que lloran, tiene su ternura siempre pronta, abierta como un amplio pañuelo para enjugar sus lágrimas.
     Dios sabe dar siempre algo mucho más grande y del dolor profundo suele sacar flores hermosas.
     El sufrimiento de Cristo fue salvación para la humanidad y sigue todavía llegando hasta nosotros.
     Pero ay de quienes son causa de sufrimiento para los otros seres humanos.
Y ¿qué vamos a decir a la familia?
     Allí donde debe germinar el amor como en un jardín hermoso donde Dios se complace, ¿por qué habrán de hacerse sufrir mutuamente lo que nacieron para vivir unidos y se buscaron un día para ser felices juntos?
     No podemos pensar que todo sea utópico o ideal, pero sí es un hecho que en medio de los inevitables contratiempos de la vida, la familia debe ser el lugar privilegiado donde cada uno acude y encuentra la caricia y el consuelo que en manos humanas Dios quiere darle a cada uno.


María Belén Sánchez Bustos fsp

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