Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Lunes, 19 de Noviembre 2018

Suplementos

Suplementos | No dejamos de impresionarnos con los acontecimientos cotidianos que se dan en nuestro país

Dios nos habla en los acontecimientos

Durante esta semana hemos sido sacudidos por las noticias de decenas de muertos a manos de enemigos, especialmente en el ámbito denominado “delincuencia o crimen organizado”, y de un llamado “avionazo”...

Por: EL INFORMADOR

     No dejamos de impresionarnos con los acontecimientos cotidianos que se dan en nuestro país. Muertes violentas por asesinatos, ejecuciones, venganzas, disputas, suicidios, así como por desastres naturales, accidentes fatales, negligencias de unos que afectan a muchos, etc.
     Durante esta semana hemos sido sacudidos por las noticias de decenas de muertos a manos de enemigos, especialmente en el ámbito denominado “delincuencia o crimen organizado”, y de un llamado “avionazo” en el que perdieron la vida distinguidas personalidades del mundo de la política y la seguridad nacional, junto con sus acompañantes y transeúntes que se encontraban en el área del accidente.
     Con referencia al mismo, se ha dicho, escrito y visto muchísimo; desde las palabras de pésame, de lamentación, hasta los rumores de un posible atentado, por tratarse de personas involucradas en la intensa campaña en contra, precisamente, del crimen organizado.
     Mas, ¿qué nos dicen estos acontecimientos, particularmente el del “avionazo”, a quienes profesamos la fe en Jesucristo?Ante todo habrían de motivarnos a unirnos en oración y súplica a Dios nuestro Padre, no sólo por su eterno descanso y la consolación de sus seres queridos que, sino también por nuestro país, para que este fatal hecho no afecte más a la paz social y al progreso que se busca en un marco democrático, justo y legal. Así mismo, que la luz divina ilumine desde al presidente de la república hasta el servidor público más modesto, para que sepan hacer sus tareas y cumplir con sus responsabilidades que el propio pueblo les ha encomendado.
     Así nos lo pide la Palabra de Dios, que a través de San Pablo nos dice: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad”. (1Tim. 2,1-2).
     Por otro lado, nos debería llevar a una reflexión profunda acerca del valor de nuestra vida, así como de lo valiosos que somos como personas humanas y, en yuxtaposición, lo que decíamos el domingo pasado: de la muerte, como una contundente e ineludible realidad.
      Por ella todos tenemos que morir y moriremos algún día, no sabemos cuál, y por lo tanto --si creemos que hay otra vida, la cual podemos vivir eternamente en el Paraíso gozando de la presencia y compañía de Dios, o bien sumergirnos en un sufrimiento eterno e inacabable, justamente por la irremediable ausencia de Dios-- habremos de estar preparados.
     Y ese estar preparados consiste, entre otras cosas, en saber ponderar nuestra valía como seres creados a imagen y semejanza del Dios todopoderoso, amoroso y eterno, y, por lo tanto como “espíritus encarnados’, redimidos por la sangre de Cristo, que nos destinó --en su plan de amor al crearnos-- precisamente a esa vida eterna. Para ello fuimos constituidos “templos vivos del Espíritu Santo”, y Él mora en todos los bautizados que lo aceptan en su vida.
     Ante esta reflexión y la realidad de nuestro efímero paso por este mundo, debemos dedicar nuestra existencia a cuidar, honrar y venerar ese templo y amar el don de la vida --y no sólo de los nuestros, sino también los demás--, mientras la muerte no lo destruya. Y cuando eso suceda, como sucedió con Jesús, resucitaremos con Él a esa vida maravillosa de eterna felicidad.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

Temas

Lee También

Comentarios