Jueves, 27 de Noviembre 2025
Suplementos | Por: Juan Palomar

Diario de un espectador

Casi todos los genios invierten una cantidad de tiempo impresionante en quejarse de la adversidad y pelearse con ella

Por: EL INFORMADOR

Lunas alternadas cruzan la oscuridad del jardín replegado. Quieta la casa, y la lámpara junto a la ventana apenas alumbra las ramas altas del guayabo. Horas de plata calculando cual pudiera ser el exacto diámetro de la aureola que las nubes leves forman en la noche fría. La pila cambia imperceptiblemente su canción: el agua fluye con otra densidad.
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Orozco, el grande, obviamente. La lectura de sus Cartas a Margarita, su mujer, (Era 1987) es aleccionadora en más de un sentido. En primer lugar, en que casi todos los genios invierten una cantidad de tiempo impresionante en quejarse de la adversidad y pelearse con ella.

Es una vieja enseñanza –bien remachada por los jesuitas- la que afirma que sin el cotidiano desgaste de las dificultades la voluntad se mella, el espíritu se reblandece en la fofa comodidad. (Y hay, sin embargo, brillantes excepciones de genios felices: Rubens, for one.) El kitchen sink style del de Zapotlán retumba de la primera a la última carta. Por otro lado, se entrelee en la correspondencia la abnegada y aplicadísima dedicación de Alma Reed para con nuestro pintor mayor.

Para cuando la célebre Peregrina de Carrillo Puerto, inmortalizada por Palmerín, comenzó a ocuparse de Orozco, ya había, ella sola, logrado con su trabajo periodístico que se le conmutara una injusta pena de muerte en San Francisco a un mexicano de 17 años. (Y con ello quedó sentado que no podía aplicarse tal condena a ningún menor de edad en los Estados Unidos).

Además, había denunciado al embajador gringo, que en connivencia con autoridades yucatecas había saqueado el gran cenote de Chichén Itzá, sacando miles de piezas a través de la valija diplomática. Algo se recuperó gracias a ella. Además, era bonita. Todo el rollo del círculo délfico y los Sikelianós queda en mera mención en esta correspondencia, sobre la que planea el fantasma de los celos y luego un triste desagradecimiento de parte del pintor.
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Además, cuenta Orozco cómo fue convidado nada menos que por Frank Lloyd Wright a fundar Taliesin en 1932. "Él vive allá y va a fundar una especie de escuela de arte. Me da casa, alimentos y educación para los niños, nada de sueldo, pero lo único que tengo que hacer es trabajar ahí mismo en lo mío, mis cuadros y mis proyectos de frescos. No dije que sí ni que no. Quiere que vaya yo dentro de dos semanas a ver yo mismo, pero tampoco eso está resuelto. Simplemente la asociación con él sería una cosa muy valiosa pues ya te digo que es el arquitecto más famoso del mundo.

Alma va a hablar otra vez con él mañana, pero ya te digo que no hay nada. Él hubiera querido que me fuera con él inmediatamente. Claro que tengo que terminar el trabajo que estoy haciendo aquí, primero." The mind boggles. Chispas y centellas hubieran salido del encuentro y la convivencia de dos gentes como Orozco y Wright: pero quién sabe qué espléndidas colaboraciones también.
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En otro libro sobre el muralista, Orozco, verdad cronológica, de Clemente Orozco Valladares y publicado por la Universidad de Guadalajara en 1983, se trancribe una muy interesante entrevista del pintor con Lola Vidrio en 1948. Dice, a propósito de la iniciativa del gobernador González Gallo de fundar un Museo de Arte Moderno: "Cuando los gobiernos tienen buenas ideas hay que aprovecharlas [...] un museo es más importante que una academia, desde el punto de vista de la educación, de la atracción que ejerce sobre el público en general y el visitante extranjero y hasta desde el punto de vista económico, comercial. Aparte de que el Museo de Arte debe contener la riqueza artística, recogerla, popularizarla, cumple su función de educar artísticamente, de servir también a la educación popular [...] Es el punto de partida. La base [...] y se necesita atacar las ideas básicas, porque son las madres de otras ideas.

Ya después nacerán éstas." (Los incómodos corchetes son de COV.)
Y sigue: "Yo estoy en la mejor necesidad de ayudar al licenciado González Gallo, y así se lo dije a él, en el sentido de unir a todos los pintores de México (a los buenos pintores, se entiende), para que cada uno ellos regale cuando menos dos de sus mejores cuadros al Museo de Arte Moderno de Guadalajara. De este modo se tendrá desde luego una colección de cuadros seleccionados, valiosos, que sirvan de orientación y sean el fundamento del museo: después se podrán hacer otra clase de exposiciones, lo que sea, pero ya que se cuente con una base y se tengan obras de mérito." No omitió, don Clemente, decir que después sería necesario "desligar al Museo del gobierno"...
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De nuevo, la imaginación vuela. ¿Un museo de arte moderno en Guadalajara desde 1948? Hubiera sido una jugada maestra, en muchos sentidos. A saber por qué nunca se inició. En alguna parte del libro se dice que iba a estar "frente al parque de la Revolución". Posiblemente en la manzana que está al Norte, en donde terminó por construirse una vistosa gasolinera.

De paso: si el Museo se hubiera construido, el trazo de la ampliación de Escobedo para construir Federalismo lo hubiera tenido que respetar, y entonces no se le hubiera cercenado un buen pedazo al parque, y entonces –como se hizo con lo demás- se hubiera podido restituir la magistral sección de juegos infantiles del proyecto de Luis Barragán... Ahora que está en pie, 52 años después, la misma iniciativa, esperemos que alguien pudiera recuperar esa experiencia fallida y aprender de ella –en esta ciudad tan pronta a decir no a todo. Ya se ha insistido en ubicar al museo en el parque, no en vez del parque. Y que el espacio siga siendo de cotidiano acceso público. Parece que esta fue la decisión del cabildo tapatío. Además es necesario superar la idea del museo "container" que no dialoga con el contexto, particularmente con un entorno tan extraordinario como el del Parque Mirador Independencia y la barranca.

El paseo-malecón de la barranca, que ya tiene su primera muestra junto al edificio de la policía, debe ser continuado en el parque del museo; y ser especialmente cuidadosos con la arquitectura del paisaje del predio, volverla una sola obra con el edificio... en fin.
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Sabina había de escribir la mitad de las canciones que escribe. O escoger bien y publicar la mitad de lo que produce. Claro que no es nada seguro que escoja la mitad adecuada. De su último disco habría que decir que sería muy bueno si tuviera cuatro, cinco canciones. Lo demás o es meramente repetitivo o enfadoso. No le hace, una buena canción del Sabinas redime –para quienes lo seguimos desde siempre- varios ratos de tedio. Su última producción se llama Vinagre y rosas.

De allí, por ejemplo, Virgen de la Amargura: "Rompiendo la promesa/ de no volver a verte ni en pintura/ me he sentado a tu mesa,/ Virgen de la Amargura,/ a jugarme a los dados nuestra suerte,/ a absolverte de todos mis pecados.// Bendigo la condena/ al solo de bordón que me hace fuerte/ y beso tus cadenas/ y quiero prometerte/ ser libres como dos versos tachados/ del dictado de la revolución.// Me acuso de morirme sin tu boca/ confieso que desde que te has marchado/ solo bailo en las fiestas donde tocan/ la música del vals de los ahorcados.// Virgen de la Amargura/ devuélveme la vida/ sin tí todo es usura/ y noches perdidas/ facturas/ calenturas/ heridas sin sutura/ caídas/ conjeturas/ sacudidas/ cerraduras/ despedidas de locura y callejón."

Y la canción termina, entrañablemente, con los compases de Norwegian Wood, de los Beatles.
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Sol de los años tempranos mira cómo regresas, júbilo amarillo, a estas mañanas nuevas. Aquí es 2010.

jpalomar@informador.com.mx

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