Jueves, 23 de Octubre 2025
Suplementos | La vida nos lleva a la muerte

Dialogando con el calendario

Es una buena oportunidad para detenernos unos momentos ante el calendario y reflexionar

Por: EL INFORMADOR

Al mirar el calendario nos damos cuenta, a lo mejor con sorpresa o pavor, que las páginas del mismo se están agotando. Estamos ya casi poniéndole el punto final al Año Litúrgico, y antes de que nuestro mes termine estaremos empezando uno nuevo, y faltará un mes para que empecemos el nuevo año civil.

Es una buena oportunidad para detenernos unos momentos ante el calendario,  y reflexionar seriamente acerca de realidades que consideramos muy distantes y que a menudo ni nos gusta considerar.

La vida nos lleva a la muerte

A pesar de que iniciamos el mes de noviembre celebrando con énfasis la Fiesta de los Santos y de los Difuntos, la realidad de nuestra propia muerte la consideramos muy lejana, improbable o irreal.

Y de pronto, así como de golpe, nos encontramos con que el tiempo de nuestra vida se ha agotado. Que la vida se nos dio como una oportunidad única e irrepetible para vivir una aventura, y como un tiempo de prueba para ver lo que somos capaces de hacer con ella.

Ante el inatrapable tiempo

Este es un buen momento para que, con toda lucidez y serenidad, meditemos acerca del tiempo. Ese tiempo que se desliza como agua que fluye constante y que no podemos detener. Tiempo que no podemos sujetar, detener ni acumular, y mucho menos atesorar.

Por eso es muy bueno considerar cómo aprovechamos el momento que se nos da y que en realidad es el único que nos pertenece verdaderamente.

A la hora del balance

Es cierto que llegará un día en que el tiempo se nos ha agotado y ya no tendremos oportunidad de hacer ni decir más.

Los que creemos, sabemos que nos presentaremos ante Dios para rendir cuentas, y ¡pobres de nosotros si el balance es negativo...!

Pero incluso los que dicen no creer en Dios, se encontrarán de frente consigo mismos y tendrán, necesariamente, que reconocer que podría haber hecho mejor uso del tiempo que se les concedió para vivir en este mundo.

Inevitablemente, sea cual sea el esquema de valores que cada uno haya manejado en su existencia, habrá que reconocer que lo bueno y lo malo existen, que no se dan la mano y que hay cosas para lamentar y arrepentirse y cosas para sentirse satisfechos.

Como una oración

Señor, hoy que tengo tiempo disponible y a mi favor, vengo a tu presencia a pedirte perdón por todo lo bueno que pude hacer a favor de los demás y no lo hice:

No supe ayudar al que estaba más necesitado que yo; no supe brindar amor y respeto a quienes contaban conmigo.

No cumplí verdaderamente mis obligaciones en mi trabajo y gané fraudulentamente mi salario.

Perdóname las mentiras que dije en nombre del amor, a aquella persona a quien luego abandoné.

Perdón pido a la esposa(o) a quien juré solemnemente amar y respetar toda la vida, y de quien luego me desentendí para ir tras otras mariposas de colores.

Porque muchas veces impuse mi fuerza con gritos y golpes, a quienes debí dar protección y cariño.

Al hijo que engendré en un momento de pasión o locura, y que tuvo que sufrir las consecuencias de mi irresponsabilidad.

La lista de tópico para pedir perdón podría prolongarse muchísimo, pero en momentos de sinceridad, cada uno sabe dónde le aprieta el zapato y qué es lo que le reprocha el corazón.

Cada quien sabe también, cómo supo valorar el tiempo y qué es lo que puede agradecer o presentar el último día como ofrenda.

Bien sabemos que todo lo temporal va a quedarse aquí en este mundo, y que tan sólo llevaremos al futuro el amor que llegamos a cultivar y que supimos dar generosa y desinteresadamente.

María Belén Sánchez  fsp

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones