Suplementos | La obra de caridad que realicemos al dar la hemos de hacer de buena gana Debemos darnos La ayuda a quienes se encuentran realmente necesitados disminuye sensiblemente Por: EL INFORMADOR 10 de julio de 2010 - 09:37 hs Un capellán de regimiento estaba hablando a un soldado recluido en un hospital. --”Usted ha perdido un brazo para una gran causa--”, le dijo con el propósito de consolarle. “--No --dijo el soldado con una sonrisa. No lo perdí, lo di”. De igual forma, Jesús no perdió su vida, la dio. Hoy en día y ante la situación de crisis que estamos viviendo, y como en todas las crisis del estilo de ésta, suele suceder que ya sea por miedo al futuro, por previsión o bien por el egoísmo, la indiferencia o el desinterés por los demás, y sus necesidades, la ayuda a quienes se encuentran realmente necesitados --no digamos a los que han hecho del pedir limosna su forma de vida-- disminuye sensiblemente. Ello se acentúa mucho más en aquellos que, como el capellán, piensan que al dar a los que necesitan, o a una buena causa, y especialmente a la obra de Cristo --ya sea de caridad, de evangelización para darlo a conocer, lo mismo que a su Evangelio, a su plan de salvación o de culto para rendirle la adoración--, lo pierden. Cuando en realidad si lo entregan de corazón, con pureza de intención y desinteresada e incondicionalmente, como el soldado de la breve historia con la que comenzamos nuestra reflexión, entonces lo estarán dando y no perdiendo, y como consecuencia y conforme a las palabras de Jesús, “hay más felicidad en dar que en recibir” (Hech 20, 35). Y además, también de acuerdo a las palabras de Jesús, cuando se da de corazón, se recibe “el ciento por uno”, y ello en multiplicidad de bienes espirituales y materiales (Cfr. Mc 10,30). Para ello basta con tener fe. Ahora bien, para que la obra de caridad, de misericordia, que realicemos al dar, la hemos de hacer de buena gana y no a la fuerza ni por conveniencia o compromiso. Así nos lo dice la Palabra de Dios, a través de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios 9, 6-7: “Miren: el que siembra con mezquindad, con mezquindad cosechará; y el que siembra sin calcular, cosechará también fuera de todo cálculo. Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con corazón alegre. Y poderoso es Dios para bendecirles de mil maneras, de modo que nada les falte y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena”. Ahora bien, si se da al estilo y en el nombre de Jesús, se estará ya no sólo dando, sino ejerciendo el amor y la caridad cristiana a plenitud, lo que nos hará recibir el don más grande que podemos recibir: configurarnos a Cristo, para ser sus auténticos discípulos y caminar por el sendero de la santidad. Y Jesús mismo nos enseña cuál es ese estilo de dar, de amar, en el pasaje evangélico que la Iglesia nos propone este domingo, en el que se nnos narra la parábola conocida como de “el Buen Samaritano”. En ella vemos cómo aquel hombre que ni siquiera era de la misma raza del que había sido asaltado y herido, sino que se le consideraba enemigo de los judíos, no sólo interrumpe su viaje para ayudarlo y curar sus heridas, sino que además lo lleva al mesón y lo deja al cuidado del encargado, pagándole por adelantado y anunciando que regresaría para seguirlo apoyando hasta que sanara totalmente. Al concluir el relato Jesús nos dice: “Anda y haz tú lo mismo”. Lo que en otras palabras sería un mandato a no sólo dar, sino darnos a los demás como Él se nos dio, encarnándose en el vientre virginal de María, viviendo en el mundo como uno de nosotros y enseñándonos a vivir y amar como Él nos amó, padeciendo, muriendo y resucitando por nosotros para que tuviéramos vida, y vida en abundancia y eterna. ¿Difícil? Ciertamente, pero será posible con el poder de su Espíritu y siendo obedientes a sus mandatos, especialmente el de renunciar a nosotros mismos y tomar la cruz --es decir, renunciar a nuestro egoísmo, nuestros criterios, nuestras propias fuerzas--. para seguirlo con todas las consecuencias que ello con lleva. En la medida que los cristianos vivamos esto, en esa medida cambiará nuestra realidad, nuestro mundo, porque cambiarán los corazones. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones