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Martes, 18 de Septiembre 2018

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Suplementos | Un artista de la tela y la cocina: Gabriel Canales

De memoria

por: alfredo sánchez

Por: EL INFORMADOR

Gabriel Canales estudió odontología por darle gusto a su padre quien, como sucede con frecuencia, no creía mucho en las vocaciones artísticas. La practicaba en su consultorio de avenida Niño Obrero –a donde yo mismo llegué a ir a atenderme de algún problema dental- y lo hacía bien pero sospecho que sin mucha convicción. En realidad pensaba en el cine, el teatro y las artes en general. Tenía amigos relacionados con esos medios y hasta él mismo emprendió, en los años en que lo conocí, la dirección de una adaptación teatral de un cuento de Elena Poniatowska donde actuó nuestro amigo común Julio Haro, en el Teatro Alarife. No recuerdo los detalles de nuestro primer encuentro, pero supongo que fue cuando yo hacía un programa de radio en la XEJB. Le gustaba el cine y solía hablar con gusto de las películas que lo entusiasmaban.  También le gustaba la cocina. Un día entró a un concurso de repostería y se ganó un viaje a Francia como premio. Ese fue un gran cambio en su vida: dejó para siempre la odontología, se dedicó a viajar y a cocinar. En uno de sus viajes por Alemania se entusiasmó con los tapices, pero no de cualquier clase: descubrió unos pequeñitos que se tejían en bastidores minúsculos hechos con cerillos de madera y encontró su vocación, la de tejedor. Fue hace 25 años. Gabriel está festejando ese aniversario por estos días con la edición de un calendario para el 2009 diseñado por Felipe Covarrubias -quien también fue su galero-, en donde exhibe dos de sus pasiones: sus tapices y sus recetas de cocina. En las dos facetas hay color, forma y textura y me atrevería a decir que hasta aroma y sabor. Las dos son, por supuesto, expresiones artísticas que, en el caso de Gabriel, se complementan de maravilla. La cocina le encanta y, aunque suene redundante, le ha dado de comer por temporadas.  En alguna época se hizo cargo, junto con su amiga Monique, de la cafetería de la Alianza Francesa. En otro tiempo tuvo su propio lugar, el Café Bagdad, bautizado así en honor de la famosa película del mismo nombre que dirigió Percy Adlon. Actualmente trabaja como chef preparando cenas especiales para un hotel y da clases de gastronomía en el CUCBA de la UdeG. Y en el tiempo que le queda, teje, por supuesto; exhibe sus trabajos en museos y galerías del país, pero también va con frecuencia al cine y al teatro como lo ha hecho durante muchísimos años. En su faceta de espectador hace reseñas semanales de teatro para el programa Señales de Humo en Radio Universidad, donde trata de entusiasmar al auditorio para que asista al teatro y aprecie las buenas producciones locales que se escenifican. 

Gabriel es hombre de plática fácil y amena y de risa contagiosa, que siempre tiene anécdotas qué contar acerca de sus muchos viajes, especialmente por Europa, a donde se escapa cada vez que la economía se lo permite. Aprendió –con dificultad, lo confiesa- a hablar alemán y tiene una fascinación especial por los pueblos germanos a donde ha ido en ocasiones a ganarse la vida cuidando casas o atendiendo a personas mayores. Por si fuera poco también participa de manera altruista en una asociación que ayuda a personas con problemas mentales y se da tiempo para, con pretexto o sin él, invitar a sus amigos a cenar en su pequeño departamento, siempre con menús sorprendentes y deliciosos de tres y hasta cuatro tiempos. Actualmente goza del apoyo del Programa de Estímulos a la Creación de la Secretaría de Cultura de Jalisco en la categoría de Creadores con trayectoria, una trayectoria que, como escribí antes, abarca ya un cuarto de siglo. Hace años Gabriel obligaba a sus pacientes a abrir la boca para extraer muelas o tapar picaduras. Hoy a los espectadores de sus tapices y a sus comensales nos mantiene con la boca abierta por la maestría de su arte, en el tejido y en la cocina.

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