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Suplementos | Estilo de vida. Lincoln MKZ

De mar a mar

El sedán estadounidense ofrece confort y equipo, además de un desempeño sorprendente
Arranque. Desde el Océano Pacífico inició la trayectoria del MKZ que cruzó todo México en tres días. EL INFORMADOR / S. Oliveira

Arranque. Desde el Océano Pacífico inició la trayectoria del MKZ que cruzó todo México en tres días. EL INFORMADOR / S. Oliveira

GUADALAJARA, JALISCO (20/AGO/2016).- Hay algunos momentos en la vida en los que la prisa puede ser olvidada. Esos días en los que decidimos contemplar en lugar de apurarnos. Para hacerlo, decidimos ir del Pacífico al Atlántico de la manera lenta, disfrutando el paisaje, el camino y, por supuesto, todo lo que nos puede dar un MKZ.

Arrancamos en Puerto Vallarta, al mediodía de un soleado viernes. Nuestro Lincoln MKZ blanco esperaba cerca de la Marina Vallarta. Su nuevo y más elegante diseño frontal llamaba la atención y junto con el verde del mar nos estimulaba el primero y más importante de los sentidos: la vista. Durante todo al trayecto hacia Veracruz, nuestro destino final, varias veces tuvimos la oportunidad de deleitarnos con lo que vimos tanto en el auto como a nuestro paso.

Lo primero que hicimos, naturalmente, fue adaptarnos al entorno del MKZ. Ajustamos el asiento, los espejos y la temperatura individual. Luego conectamos el teléfono por cable a uno de los cuatro puertos USB disponibles. De inmediato el sistema lo reconoce y el Car Play pasa a comandar las funciones principales. Podemos guardar el celular en la amplia consola central y controlar todo lo demás a través de la pantalla, de los botones en el volante o de SIRI, el comando de voz del sistema operativo IOS de Apple. Elegimos Spotify como fuente de música para el camino. Era la salida, el inicio del viaje, queríamos oír canciones fuertes e inspiradoras y fue Beethoven con su Sinfonía número 9, la Oda a la Alegría, el elegido para complacernos en los primeros kilómetros. Pero antes tuvimos la precaución de pedir al MKZ que memorizara nuestras preferencias. Un par de botones ubicados en la puerta del conductor nos permitieron hacerlo sin complicaciones.

Olfato y audición

Si antes de subirnos el magnífico e inconfundible olor a mar nos ponía en atmósfera de viaje y vacaciones. Al sentarnos esto se sustituyó por el aroma de la piel que cubre los asientos y varias otras partes del interior del auto. El MKZ y la jornada prometían agradar a todos nuestros sentidos. Y lo cumpliría incluso con el tacto de sus materiales interiores.

Arrancamos hacia Guadalajara alrededor de las tres de la tarde. Antes de llegar a la carretera como tal, lo que nos tomó cerca de 30 minutos, la conducción fue tranquila y el coche se comportó como todos esperamos que haga un Lincoln, es decir, con comodidad, silencio, elegancia. Antes de la desviación hacia Punta de Mita, los vibradores sobre el asfalto fueron una muestra de la estupenda capacidad de aislamiento de la suspensión. Porque tanto conductor como pasajeros percibieron que las ruedas pisaron algo irregular, pero jamás fueron molestados por excesivas vibraciones, mucho menos brincos.

Todos los que han conducido entre Puerto Vallarta y Guadalajara saben que la carretera verdaderamente empieza justo después de eso y nos sumerge en su parte más sinuosa, bonita y peligrosa. Si estuviera sola, un pequeño roadster sería el auto ideal para ese camino, pero como en la vida real hay muchos camiones, autobuses o pickups que se trasladan como si 60 km/h fuera la velocidad máxima alcanzable, las filas detrás de ellos se hacen interminables. Por eso es mejor estar cómodos y suficientemente relajados para que no nos entre la desesperación. Cuando se abre una posibilidad de rebase el espacio disponible es mínimo. Entonces se agradece contar con 350 HP de potencia que invocamos al presionar el pie derecho. Después de la primera vez que lo hacemos y escuchamos el estimulante sonido del V6 bi-turbo de 3.0 litros, hasta Beethoven pasa a un segundo plano. Este Lincoln tiene fuerza y en las curvas nos mostró que sabe bailar. El caballero elegante comienza a mostrar otras virtudes, de esas reservadas sólo para aquellos que se atreven a conocerlo mejor.

El gusto y el tacto

Cinco horas más tarde llegamos a Guadalajara. Final de tarde de viernes, el habitual tráfico en la entrada por la avenida Vallarta sirvió para abrirnos el apetito. Para saciar nuestra hambre y sed decimos que un buen lugar para ello sería el restaurante Sagrantino, con su rica comida italiana con toque contemporáneo. Esa noche el descanso fue en casa y temprano, que el día siguiente había mucho más que recorrer.

A las 12 del día posterior tomamos el coche con dirección a León. La autopista con muchos tramos en reparación y el tráfico más denso producido por la temporada de vacaciones aumentó el tiempo normal de traslado a cerca de tres horas. Era un día de mucha carretera y teniendo Puebla como destino final, decidimos que la comida ese día sería rápida para pronto retomar el camino. Y fue en León, en la salida hacia Silao por la autopista, donde nos tocó el tránsito más pesado de todo el viaje. El Bajío crece con prisa y se nota.

10 horas de camino

Por la autopista a Salamanca tomamos dirección hacia Querétaro a tiempo de ver que el estadio de La Corregidora, a juzgar por la cantidad de autos estacionados afuera, estaba tan lleno como el camino que también lleva a la Ciudad de México. Afortunadamente ya existe el llamado Arco Norte, que nos permite llegar a Puebla de los Ángeles sin entrar a la capital mexicana. Nuestros cuerpos comenzaban a reclamar y fue entonces que nos recordamos que los asientos delanteros de la versión Reserve del MKZ cuentan con un muy bien diseñado sistema de masaje, que nos estimula espalda y muslos y ayuda bastante a relajar. Gracias, Lincoln.

Eran las 10 de la noche cuando pudimos hacer el check-in en el Grand Fiesta Americana Angelópolis, ubicado en la más nueva y elegante zona poblana. Nuestro apetito quería que fuéramos a un restaurante elegante, pero el cansancio nos hizo abandonar la reservación en el Mural de los Poblanos en favor del restaurante del hotel. Luego de probar el delicioso queso de Orizaba, preparado al lado de nuestra mesa con especias y servido con totopos crujientes, pensamos que el desgaste físico terminó haciéndonos un favor. Si van allá, no dejen de probarlo.

Paisajes, puerto, mariscos y café

La mañana siguiente marcaría el último tramo del viaje. El paisaje fue más distinto y tal vez también el más bonito del recorrido. Por una nueva, poco transitada y bien tratada carretera entre Puebla y Xalapa y de ahí al puerto veracruzano, el MKZ pudo estirar las piernas y -no le digan a nadie- incluso rebasar los 230 km/h con una facilidad y aplomo que no hubiéramos esperado. Otra grata sorpresa de parte de Lincoln. Llegamos a Boca del Rio cerca de las 2 de la tarde de un hermoso domingo. Comimos unos ricos mariscos en el restaurante Villa Rica antes de, cansados pero satisfechos, instalarnos en el hotel Emporio, ubicado en corazón del Puerto, al lado de los inmensos barcos con sus gigantescas grúas que no paran de trabajar para bajar lo que el país importa y subir lo orgullosamente hecho aquí hacía todo el mundo.

La temperatura era de 35 grados. De nuevo el olor a mar nos invadía el cuerpo y aunque ya no había apetito, no podíamos estar en Veracruz sin gozar de la cafeína en el Café de la Parroquia, siempre servido por el mesero desde 50 centímetros arriba de nuestra taza, mejor dicho, vaso transparente que es su recipiente tradicional.

Nos acostamos luego de un reparadora ducha, miramos el techo del cuarto con la sonrisa que nos dio haber vivido tres días a nuestro ritmo, sin filas, sin documentar maletas, sin pasar por arcos de seguridad y disfrutando todo el tiempo de nuestra música y de dos buenas compañías, la de nuestro acompañante y la del MKZ, que fue el auto perfecto para un fin de semana inolvidable.

Los números del viaje

Para ir de Puerto Vallarta a Veracruz, con una breve escala en León, naturalmente pasamos por casetas, consumimos gasolina y rodamos muchos kilómetros. Aquí les mostramos algunas cifras del viaje.

días fue la duración total

1318 kilómetros fueron recorridos con el Lincoln MKZ

121.77 litros de gasolina Premium consumidos

10.82 km/litro fue promedio de consumo del auto

23 casetas fueron cruzadas

16 casetas se pudieron pagar usando pago electrónico

casetas solo aceptaban efectivo

1893 pesos fue el gasto total de peaje

80.12 km/h fue el promedio de velocidad en todo el recorrido

64.4 km/h fue el promedio de velocidad entre Puerto Vallarta y Guadalajara

88.6 km/h fue el promedio de velocidad entre Guadalajara y Veracruz, incluyendo tramos urbanos en León y Puebla

EL INFORMADOR / SERGIO OLIVEIRA

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