Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Martes, 19 de Noviembre 2019
Suplementos | Unos ojos

Cuento corto

Unos ojos pelones sin pestañas y sin parpados me vienen vigilando desde hace rato

Por: EL INFORMADOR

Unos ojos pelones sin pestañas y sin parpados me vienen vigilando desde hace rato. Por más que me muevo de un lado para otro, no dejan de perseguirme, la verdad que ya me dio miedo, y eso que yo nomás le tengo miedo al diablo. Ese que se me aparece en la cortina de la pieza, con todo y cola, bombín y cigarro, en cuanto mi abuela apaga la luz, por más que le ruego que no lo haga. Y luego que no se queje de que amanezca con la cama toda mojada…
Un ejército de ojos me vigilan… hacia donde dirijo mi mirada me encuentro con ellos…

Esa tarde Juanito, el niño de mi tía Engracia, estuvo tratando de agarrar mis juguetes, pero yo no se los quise prestar. Por más que lloró y le fue con el cuento a mi abuela. Ella me dijo que se los prestara, pero así como al descuido, la verdad que si me lo hubiera ordenado con los modos que ella sabe, no me hubiera quedado otra más que obedecer, pero, cosa extraña en ella, sólo se limitó a decirme: “Préstaselos mi’ja, mira que Dios que todo lo ve, te puede castigar…”.  La verdad es que andaba bien ocupada en recibirle unos cortineros al carpintero. Que para no perder la costumbre no dejó de estarme fisgando en cuanto mi abuela se dio la vuelta. Viejo libidinoso, qué ganas de echarlo de cabeza, pero con quién. Desde aquella vez en que se lo comencé a contar a mi abuela, y que ni siquiera me peló, se me quitaron las ganas de andar contando esas cosas, sólo se me quedó viendo como si le estuviera hablando de lo  que pasa por allá en Marte. Total que no me dio la gana que Juanito agarrara mis juguetes, bien que no se me olvida que me descompuso la perinola de cuerda que me había traído el Niño Dios el año pasado…

Ayer llegó una carta de mis padres, mi abuela, en cuanto se la entregó el cartero, la metió a la bolsa de su mandil y allí la dejó toda la tarde, por más que le pedí que me la leyera, o que me dejara leerla, no quiso, que porque andaba muy ocupada, que no moliera. Ya era bien tarde, cuando por fin se puso a abrir la carta, hasta después de que rezamos el Rosario -creo que adrede le metió más rezos o repitió la letanía, la verdad que hasta dos veces cabecee muriéndome de sueño (los mismos sopapos que me metió)-, ya ni me acordaba de la carta, sería por la modorra... Dice mi mamá qué ya merito se vienen por mí, que nomás que termine el año escolar, en lo que a ellos también se les acaba el trabajo, pero falta bien mucho para eso, sacando cuentas un montón de meses. Mi mamá me dejó un calendario en el que marcó el día en que estarán de regreso, yo le voy cortando una hoja por cada día que pasa, pero el calendario sigue bien gordo…  Que con el dinero que se traigan vamos a  comprar una granjita -yo la verdad con tal de estar con ellos no me importa la mentada granja-. Que el dinero que mandan en la carta es para que me compren comida y ropa y lo que se ofrezca de la escuela. La verdad que ni para el trabajo manual me quería dar mi abuela, si no ha sido por la maestra que mandó un recado diciéndole que si no llevaba el dinero para hacer el alfiletero en forma de perrito, no me iba a recibir en clases... Yo creo que por eso me vigila cuando les escribo, no vaya ser que les cuente de las galletas rancias que me da en el desayuno. Capaz que por eso no me da ni para comprar un timbre. No sé que está haciendo aquí Engracia, ha de tener mucha necesidad la pobre, aguantando las maltratadas que le mete mi abuela, que de buena pa’ nada no la baja, pa’ lo que le paga. Ya me viera yo, pero habladora que soy, bien que estoy a disgusto y no me voy…

Muy temprano me mandó mi abuela a la escuela, hasta gusto me dio que me despertara, así me deshice de la persecución de los ojos. De camino, como siempre, llegué por Rosalía y su hermano, que según ella yo le gusto, nomás que me hago la disimulada, pero eso sí, le recibo los dulces que me manda todos los días a la hora del recreo y sin ningún compromiso.

A la salida de clases cuando íbamos pasando por en frente del mercado, comenzó a escurrir agua por todas partes, yo creía que del puesto de las flores se les estaba tirando, pero más adelante seguía corriendo el agua, poco a poco fue subiendo, hasta nos tuvimos que quitar los zapatos. Se comenzaron a hacer charcos, y ni por dónde rodearle. Cuando menos pensamos, ya el agua nos llegaba hasta las rodillas, ya para entonces estaba bien asustada, en eso se me ocurrió voltear para atrás y ándale que los ojos, esos ojos pelones y sin pestañas venían siguiéndome a llore que te llore…
Que estaba fuera de peligro, que tuvimos mucha suerte de que nos rescataran a tiempo los bomberos, que qué mala pata de que la explosión en la presa coincidiera con la salida de la escuela inundando todo aquel lado del pueblo, y sabe qué tanto más oí que le decía el doctor a mi abuela, yo me hice la que seguía dormida, al cabo que los ojos pelones ya se habían ido…

Destacado: Un ejército de ojos me vigilan… hacia donde dirijo mi mirada me encuentro con ellos…

Por: Sylvia o. gonzález

Temas

Lee También

Comentarios