Miércoles, 22 de Octubre 2025
Suplementos | Días que tendrían que ser de reflexión, de interiorizar y analizar nuestra vida

Cuando se vive mejor en casa y en familia

Días que tendrían que ser de reflexión, de interiorizar y analizar nuestra vida para ver qué tenemos que arreglar y qué mejorar

Por: EL INFORMADOR

     El tiempo no se detiene y cuando nos parece que estamos todavía a inicios de año, ya llegó la primavera y estamos preparándonos para la Semana Santa.

Días que tendrían que ser de reflexión, de interiorizar y analizar nuestra vida para ver qué tenemos que arreglar y qué mejorar, y mientras tanto nos abocamos a otra carrera loca, porque decimos que es la única oportunidad para escapar, para ir a la playa, para tomarnos unas vacaciones.

     Habría que pensar si no sería bueno tomar las vacaciones precisamente para estar en casa, para disfrutar de esos días que nos permiten vivir juntos lo que en el transcurso del año descuidamos por salir aceleradamente al trabajo, a la escuela, a las actividades cotidianas, y correr a hacer frente a las urgencias.

     Es muy oportuno considerar el porqué la juventud escapa de casa y permanece en ella lo menos posible. Por qué busca sus alegrías afuera.

     En estos días de cuaresma, sea en domingo o sea entre semana, se pone a nuestra consideración la parábola que acostumbramos llamar del Hijo Pródigo, que nos habla de aquel muchacho que después de haber dado vueltas y tumbos por el mundo vuelve a la casa paterna, porque reconoce que sólo en familia se experimenta el verdadero amor y nada supera la alegría de sentirse “hijo”.

     La casa debiera ser el lugar donde nos sentimos más a gusto, porque tenemos la certeza de que es allí donde se nos quiere verdaderamente, donde nos aceptan como somos, donde no nos crtica ni nos juzgan, donde cada reunión familiar es una verdadera fiesta.

     Esto podría ser un lpunto clave para que los mayores analizáramos nuestra actitud en casa, desde nuestra propia actitud.

     El padre puede preguntarse si está mejor en su casa, con su familia, o si prefiere estar con los amigos.

     La madre, preguntarse si sabe crear ese ambiente acogedor donde sus hijos y su esposo prefieren regresar lo más pronto posible a casa, a vivir allí los mejores momentos.

     Los dos, marido y mujer, son los principales responsables de construir el nido amoroso donde los hijos puedan sentirse bien, amados, valorados, acogidos, respetados, protegidos y cuidados.

     Sin desconocer que también los hijos tienen el deber de llevar al hogar lo bueno y mejor que han recogido y aprendido fuera de casa, donde su juventud puede impregnar de alegría y de entusiasmo el ambiente famililar.

     Pero, ¿qué pasa si todo se vuelve críticas, regaños, reproches y palabras agrias? Desde luego que es mejor correr a buscar en otra parte la comprensión que no encontramos en la familia.

     Y no obstante, el día que “él y ella” decidieron formar un hogar, fue para sembrar allí el amor que sentían germinar en su corazón, para tener algo propio por que vivir, por que luchar y ser felices.

     Es tan hermoso ver familias en donde se siente un ambiente de oasis, donde la aspereza del mundo externo se olvida, porque allí todo se vuelve alegría y frescura, donde bien pudiera decirse

     --¿A dónde vamos de vacaciones?

     -- Mejor nos quedamos en casa.

     -- Aquí hay algo muy bueno y mejor.

     Ciertamente no se niega que es muy bueno ir alguna vez a ver el mar, a disfrutar del sol y la brisa pasando unos días en la playa, pero insistimos que

también es bueno hacerlo en familia. Y no precisamente en días en que nos sentimos obligados a ir “porque todos van”.

     Es bueno leer de nuevo en la Biblia el capítulo 15 del Evangelio de san Lucas, donde cada uno puede encontrarse reflejado como en un espejo, y decir sinceramente que lo mejor que puede sucederle en este “hoy” de su vida es volver a los brazos amorosos de nuestro Padre Dios.

     Y por fin, la sugerencia ineludible de rezar juntos. No importa si es mucho o poco, pero con devoción y amor.

     Porque sólo la bendición de Dios aglutina los corazones en la unidad y el amor que edifican lo “verdadero”, y sólo la gracia divina es luz que infunde paz, alegría y felicidad.

María Belén Sánchez fsp

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