Suplementos | Entre los libros leídos y los no leídos... Crónica Hace poco, en la librería, mientras buscaba Vidas perpendiculares, de Álvaro Enrigue Por: EL INFORMADOR 21 de octubre de 2008 - 23:03 hs Hace poco, en la librería, mientras buscaba Vidas perpendiculares, de Álvaro Enrigue, me encontré con una mesa de rebajas de novelas en inglés. Del local salí con la novela del mexicano y con una bonita edición de Moby-Dick, que me engachó gracias a un grabado que trae en la portada y a que juzgué que el tamaño de la letra era muy conveniente. También compré In the Heart of the Country, de J.M. Coetzee, un escritor de historias devastadoras a quien de vez en cuando me dan ánimos leer. Estoy en plan de que mi lectura y mi comprensión del inglés sean cuando menos un poco mejores. En fin. Ya empecé con Vidas perpendiculares, voy lento, y advierto a los alteños que por lo menos en sus primeras páginas se habla muy mal de Lagos de Moreno, aunque creo que al final se terminarán riendo, o quizá no. Esto libros citados se suman a la fila de otros que, se puede decir, medio que estoy leyendo, o que, por una u otra razón, los he tenido que abandonar, cuando menos por un rato, como por ejemplo Brooklyn Follies, de Paul Auster, o incluso The Disappearance of the Universe, un libro que de no haber sido recomendado por una muy querida amiga, creo que nunca lo hubiera considerado. Del libro de Melville –-del que hace unos años leí la primera parte en español, en una edición de la UNAM a cargo, si no me equivoco, de Augusto Monterroso-- y del de Coetzee si acaso he leído algunos fragmentillos, pero en verdad que las ediciones, el tipo de papel que trae en la portada y los interiores, me gustan bastante, así como su olor (tengo un amigo cuentista que mete la nariz entre las páginas de ciertos libros para aspirar no sé qué misteriosos aromas). Esto me hace pensar en un compañero de trabajo que sostiene –y lo dice sin ningún tipo de pudor- que él sólo compra libros de los que esté absolutamente seguro que van a combinar con la decoración de su casa. La postura de esta persona (un diseñador para ser más precisos) contrasta con la de otro amigo que se precia de tener un programa de lecturas de aquí hasta que se muera. Es tan riguroso el programa de este estupendo lector –me consta que sí lo es- que, cuando una vez le pregunté si ya había leído la primera novela de otro amigo en común, recién publicada hacía unas semanas, me contestó que la verdad no estaba seguro. No me lo dijo con estas palabras pero me dio a entender que hay tantos libros clásicos –calidad comprobada— como para perder el tiempo arriesgándose a leer a un contemporáneo. Todo esto viene a cuento porque acabo de leer un artículo en la versión electrónica de un diario español que se titula “Sepa de libros sin leer una línea”, a propósito de Cómo hablar de libros que no se han leído, un ensayo que recién publica la editorial Anagrama. El libro, que se anuncia como un best-seller en Francia y Alemania, países con unos de los índices más altos de lectura en el mundo, está escrito por Pierre Bayard, un profesor de literatura de la Universidad de París, psicoanalista y también novelista. A decir del autor, no se trata de ninguna manera de un libro contra la lectura ni una apología de la incultura. Bayard se explica de este modo: “No puede haber sólo dos maneras de afrontar un libro: leerlo o no leerlo. Hay un vasto espacio intermedio. Incluso los libros que hojearon o se dejaron a medias pueden determinar la vida de uno. Pocos creyentes han leído la Biblia de cabo y rabo y fíjese cuanto ha influido”. La postura de Bayar suena tan interesante como polémica. Seguramente provocará el alivio de muchos lectores irregulares, entre los que me incluyo, claro. Y creo que tampoco faltarán aquellos interesados en la cultura que, cuando llegue a México el libro, ni siquiera se dignarán a hojearlo, esperando que no se tarden demasiado en sacar la película. Clásico. Por: gerardo lammers Temas Tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones