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Martes, 19 de Noviembre 2019
Suplementos | La persecución a los cristianos

Conociendo a san Pablo desde su vida

22 de noviembre

Por: EL INFORMADOR

(Última)
     Lucas regresa a Roma y las sorpresas le salen al paso: sabía que Pablo había vuelto a Roma, pero lo busca en diferentes domicilios y ninguno de sus amigos se halla en casa, los hermanos andan todos dispersos, hasta en los momentos de reunión para la oración están ausentes…
     Por fin, en la calle silenciosa donde Pablo vivió preso durante su anterior estadía se encuentra con un conocido y le pregunta:
     – ¿Dónde está Pablo? Vengo a buscarlo y no está…
     – No lo sé, también yo hace tres días que vengo a buscarlo y no lo encuentro…
     Un vecino llega de improviso, y antes de que entre en su casa le preguntan:
     – Oye, ¿tú conoces a Pablo?
     – ¿A Pablo?
     – Sí, el que vivía aquí…
     – Ah, el apóstol. Se lo llevaron preso
     – ¿Preso?, ¿a dónde?, ¿por qué?
     – ¿En dónde vives o de dónde vienes? ¿Es que no te has enterado? Todos los cristianos son perseguidos, se los llevan con motivo y sin él.
     – Sí, lo dicen, pero no entiendo por qué.
     – Es que Nerón ha enloquecido, no sabe qué más inventar… desde la noche del incendio que él mismo ordenó, quiere culpar a los cristianos y los persigue sin piedad.
     – Eso es una infamia…
     – Además, necesita inventar nuevos juegos; tú sabes, ese es su lema: “pan y circo” para entretener al pueblo…
     -- Y qué con eso?
     -- Ahora quiere echar a los cristianos al Coliseo, para que luchen con las fieras y sean devorados...
     – Es horrible, no es posible, no creo que sea capaz de llegar a tanto…
     – Pero verás que lo hará…
     – Es inaudito. Pero… ¿y Pablo?
     – Búscalo en la cárcel Mamertina… tal vez esté allí… Allí llevaron a Pedro y a otros…
     Hacia allá dirige sus pasos y, en efecto, Pablo se encontraba allí, sufriendo con otros una interminable cantidad de penalidades, agravadas por la humedad, en un espacio siempre mojado… hasta parecía que por allí se deslizaba un río.
     A través de una minúscula ventana, Lucas puede conversar con Pablo, claro, después de sobornar a un guardia a quien nada le interesa…
Pablo al verle se ilumina:
     -- ¡Qué alegría! Por fin, ver un rostro conocido...
     -- ¿Puedo ayudarte en algo?
     -- Sí, ciertamente…
     -- Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
     Escríbele a Timoteo, dile que estoy llegando al final... desde hace tiempo que nada saben de mí…
     Dile que siempre que oro me acuerdo de él y doy gracias a Dios,  al acordarme de la fe sincera que él tiene, al igual que su abuela Loida y que  su madre Eunice…
     Dile que venga pronto… que traiga mi manto y los libros que dejé allá… porque todos me han abandonado… en mi primera defensa estuve solo…
Dile que yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He competido en la noble competencia, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe… Ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor

La segunda Carta a Timoteo

     Lucas, haciéndose portavoz de Pablo, piensa en lo que el Apóstol diría a este discípulo, su hijo querido… y escribe:
     “Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones. Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza”.

¿Qué más le diría Pablo a Timoteo?

     “No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por la gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús, y que se ha hecho presente ahora con la Manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús. Él ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio, para cuyo servicio he sido yo constituido heraldo, apóstol y maestro…
     Y Lucas, haciéndose portavoz del Apóstol, escribe:
     “Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día”.
     Lucas recuerda también los consejos que habitualmente daba Pablo a sus colaboradores y añade lo siguiente:
“Ten por norma las palabras santas que oíste de mí, en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el buen mensaje mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros. Tú, hijo mío, mantente fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros”.
     “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, según mi Evangelio; por él estoy sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. Por esto, todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús con la gloria eterna. Es cierta esta afirmación: Si hemos muerto con Él, también viviremos con Él; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con Él; si le negamos, también Él nos negará; si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo”.
     “Todavía un poco más…
     “Esto has de enseñar en presencia de Dios: que se eviten las discusiones de palabras, que no sirven para nada, si no es para perdición de los que las oyen. Procura cuidadosamente presentarte ante Dios como hombre probado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, como fiel distribuidor de la palabra de la verdad. Evita las palabrerías profanas, pues los que a ellas se dan crecerán cada vez más en impiedad, El Señor conoce a los que son suyos…Apártese de la iniquidad todo el que pronuncia el nombre del Señor”.

Los consejos de Pablo

     Todavía Lucas escribía, cuando llega Fortunato y le informa las tristes noticias que corren por allí.
     -- Qué bueno que has venido, amigo, ayúdame.
     -- Sí, a nombre de Pablo escribamos también los consejos que tantas veces hemos oído de sus labios:
     “Huye de las pasiones juveniles. Procura alcanzar  la justicia, la fe, la caridad, la paz, en unión de los que invocan al Señor con corazón puro. Pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio”.
     “Tú has seguido asiduamente mis enseñanzas, persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, ten presente que desde niño conoces las Sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena”.
     -- Gracias por tu apoyo, Fortunato… Cuando terminemos la carta, tú mismo la llevarás a manos de Timoteo.
     -- Como tú digas, Lucas, pero antes iremos a ver a Pablo…
     “Por Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos: Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el afán de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.“
      Y sigue todavía:
     “El único que está conmigo es Lucas. El Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. El Señor me librará de toda obra mala y me salvará guardándome para su Reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

El final

     Nerón ha dado la orden de matar a todos los cristianos. Todo aquel que se declare seguidor de Jesús es enemigo del imperio romano y por lo tanto deberá morir…
     – ¿Qué?
     – Unos como teas humanas para alumbrar los jardines del palacio, algunos más crucificados y a otros los tienen prisioneros para las fiestas en el circo…
     – ¿Y Pablo?
     – Es uno de ellos
     – ¿Se le ha hecho juicio?
     – ¿Juicio? Nada, nada, que  mueran todos los cristianos…
     – Pero Pablo…
     – También él.
     – Si ni siquiera le han oído.
     – No importa, es cristiano.
     – Dicen que es romano…
     – Entonces… ¡a espada, decapítenlo! Pero no en Roma, sáquenlo afuera de los muros de la ciudad, allá donde ya está todo despoblado y no alcanzan a llegar ni los rumores…
     Cuando Lucas y Fortunato regresaron a la cárcel era ya demasiado tarde… Había sucedido el inesperado desenlace…
      Así fue como Pablo entregó su cuerpo al martirio… La palabra ardiente que a todos convencía, la voz potente y cautivadora, la sonrisa amable y bondadosa, fueron cortadas a un tiempo por un tajo de espada…
     Su cabeza rodó por los suelos dando tres saltos, de donde brotarían tres fuentes; pero su espíritu, libre al fin, alzó el vuelo hasta el cielo para llegar a recibir el premio de gloria prometido: allí le fue entregada la corona de los justos por su dedicación sin límites a la misión confiada y por su fidelidad incondicional hasta el final.

Epílogo

     Pero la vida de Pablo no termina… sigue presente en sus cartas. Vale la pena leerlas completas.
     Sigue vivo su amor a Jesucristo, y mientras haya, quienes inspirados en su vida y su mensaje, se deciden a seguir al Maestro Jesús, el espíritu de Pablo continuará animando el caminar de la Iglesia.

María Belén Sánchez Bustos fsp

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