Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Segundo viaje Misionero

Conociendo a san Pablo desde su vida

Pablo es inquieto, aventurero, va pasando el tiempo y él sigue añorando los caminos

Por: EL INFORMADOR

Pablo es inquieto, aventurero, va pasando el tiempo y él sigue añorando los caminos, las caras nuevas, las ciudades desconocidas…
    
Un día, sin más ni más, dice a Bernabé:
     --¿Por qué no volvemos a visitar a nuestros hermanos en las ciudades donde predicamos el nombre del Señor, para ver cómo se encuentran?
     --Muy buena idea, Pablo… vamos  allá…Invitemos también a Juan Marcos.
     --Ni se te ocurra. Ya ves lo que nos hizo la vez pasada…
     --Eso fue antes… ahora es distinto.
     --Si tú quieres vete con él, pero conmigo no cuentes…
     --Como quieras, Pablo, y conste que fuiste tú el de la sugerencia. Yo me voy con Juan Marcos a Chipre.
     Pablo se quedó un poco triste, porque en la misión que había realizado anteriormente con Bernabé había sido su compañero y amigo en las buenas y en las malas, siempre juntos, a pesar de las dificultades.

Un nuevo compañero

     Una tarde, cuando se encaminaban al lugar de la oración, Pablo se encontró con Silas, también ciudadano romano, buen predicador y cristiano convencido. Pablo le dijo:
     --Silas, ¿Quisieras acompañarme a la misión?
     --Cierto, pero dime, ¿a dónde iremos?
     --Iremos a visitar a los hermanos que evangelizamos en el viaje anterior, aunque… si quieres, iremos primero a Tarso, mi tierra…
     --Me parece muy buena idea. Hoy, después de la oración lo comunicaremos a la comunidad.
     Los hermanos de Antioquía, llenos de fe y de entusiasmo, vieron con regocijo la propuesta de Pablo y Silas, les dieron la bendición y unos días después partieron para Tarso.

Otra vez Derbe y Listra

     
     De allí partieron hacia Derbe, donde fueron muy bien recibidos.
     Era hermoso recordar aquellos días en que recibieron el primer anuncio del Evangelio, cuando, después del Bautismo, recibieron el Espíritu Santo… Era consolador comentar cómo continuaban viviendo su fe y comunicándola a otros hermanos.
     La comunidad crecía y se fortalecía. Pablo les hablaba con nuevo fervor y les informaba acerca de las decisiones tomadas por los apóstoles en Jerusalén, de no molestar a los no judíos con las prescripciones mosaicas y mucho menos con el rito de la circuncisión.
     Los hermanos se regocijaban y daban gracias por tanta bondad de Dios.
     En Listra, la llegada de los misioneros causó gran alboroto. Hasta los chiquillos iban a las casa gritando: ¡Ya llegó Pablo, ya llegó Pablo!
    Y todos con mucha alegría acudían a oírle y a hacerle preguntas y a pedirle les explicara algo más acerca del Señor Jesús.
     --Cristo es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura. Por Él quiso Dios reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.
     Cuando Pablo vio a Timoteo le dijo:
     --Muchacho, ¡cómo has crecido! Ya estarás listo para entrar de lleno en la vida.
     El joven Timoteo sonreía…
     --Y ¿qué piensas hacer?
     --Yo quiero ser misionero y apóstol, como tú, Pablo.
     --Timoteo, hijo querido…
     La madre lo abrazó, lanzó un suspiro y elevó sus ojos al cielo como agradeciendo a Dios por haber escuchado su oración. Sí, lo que ella más deseaba era tener un hijo entregado de lleno a Cristo Jesús.
     --Eunice…eres una mujer valiente.
     --No, Pablo, tan sólo tengo fe.
     --¿Y tú que dices, Loida?
     --¿Qué quieres que diga, Pablo? Yo como abuela, y como la primera evangelizada, soy la más feliz.
     --¿No te importa que muy pronto nos iremos?
     --¿A dónde irán después?
     --A Iconio, primeramente; allí hay una comunidad grande y fervorosa.
     --Hay muchos pueblos que esperan todavía la luz de este mensaje que llevamos en nuestras manos como si fueran de barro. Pero quiero que un día se diga que faltaron los pueblos a Pablo, pero no faltó Pablo a los pueblos.
     --¿Y después?
     Luego iremos a Antioquía de Pisidia y después a Galacia.
     --Timoteo, querido hijo, lleva también algo en nuestro nombre.
     En todos los lugares donde llegaban, los hermanos de las comunidades escuchaban a Pablo como a un ángel; sus palabras resonaban como si fueran las palabras mismas de Jesús, y continuamente prometían fidelidad y adhesión.
     Pero como todo lo bueno dura poco, llegó el día en que tuvieron que ir hasta el puerto para despedir, con gozo y lágrimas, a los misioneros que debían proseguir su camino para seguir anunciando el mensaje de salvación y vida en nombre de Cristo Jesús.
     Llegaron a Troade un día al amanecer. y allí se sintieron como en casa, como en familia. Los hermanos los esperaban ya y les dieron muy buena acogida.
     Una vez más las conversaciones se prolongaban, los tiempos de oración parecían cortos y la Fracción del Pan era toda una fiesta.
     Aquí conocieron a Lucas, el médico griego, siempre atento, siempre asiduo.
     Él había estado ya en Jerusalén con los Apóstoles, pero ahora, al encontrarse con Pablo, Silas y Timoteo, ya no quiso separarse de ellos.
Desde ese día se unió al grupo y continuó con ellos; la labor evangelizadora ganó un buen predicador y excelente escritor.

El sueño de Pablo

     --Pablo, Pablo, ¿qué te pasa? Has estado muy inquieto durante la noche. Hubo un momento en que te enderezaste como si quisieras levantarte…
     --Tienes razón, Lucas, he tenido un sueño extraño. Me veía a orillas de un río, y al otro lado veía un hombre que me llamaba y me decía:
     --Pablo en visión ven a nosotros, y ayúdanos también a nosotros, necesitamos la luz de Dios.
     --¿Y tú quien eres? –le dije yo.
     --Soy un Macedonio. Pablo, por favor, ven mi tierra, te necesitamos, ven a      Macedonia.
     Los hermanos se quedaron muy impresionados por el sueño de Pablo y querían encontrarle alguna explicación.
     Al fin, Lucas dijo:
     --No hay que buscarle tanto, la cosa está clara. El Señor nos está indicando el camino… Europa es el camino.
     Y sin muchas discusiones llegaron al acuerdo de que irían a Macedonia.
Inmediatamente se prepararon y se dirigieron allá.
     Cuando llegaron a Filipos, se encontraron con la sorpresa de que allí no había ninguna Sinagoga, ni templo, ni nada…
     Entonces unos vecinos les dijeron:
     --El lugar de reunión es junto al río. Allí se reúnen cada semana las mujeres; van a rezar y a invocar al Dios Altísimo.
     Llegó el día indicado y se dirigieron allá, muy cerca del Arco Triunfal.
     Las mujeres que allí oraban, al verlos acercarse, se extrañaron, porque casi nunca asistían hombres a su reunión.
     Ellos decían:
     --¿Oyes? Están rezando…
     Ellas pensaban: “¿Quiénes serán?” “Parecen extranjeros…”.
     --Que el Señor esté con ustedes y el Espíritu Santo las colme de gracia…
     Lidia, una mujer muy rica, comerciante que vendía telas de púrpura, tomó la palabra y dijo:
     --Saludo, extranjeros, ¿quiénes son ustedes?, ¿son judíos que vienen a la reunión?
     --Sí, no hemos encontrado ninguna Sinagoga, y nos dijeron que aquí era el lugar de oración.
     --Bienvenidos sean, pero cuéntenos algo del lugar de donde vienen.
     --Venimos de Antioquía de Siria, hemos atravesado Galacia, pasando por Iconio, Listra y Derbe… en Troade nos embarcamos para Filipos.
     --¿Y no han estado ustedes en Jerusalén? ¿No han oído hablar de un tal Jesús que fue crucificado?
     --Sí, y precisamente eso es lo que nosotros predicamos, porque ese Jesús  crucificado es grande en obras y palabras.
     --Háblanos de Él.
     Muchos de los judíos de las ciudades de donde hemos pasado han creído en Él. Si ustedes quieren, yo les instruiré en el evangelio de Jesús, y si creen,  se bautizan en su nombre y recibirán el Espíritu Santo.
     Lidia dijo entonces:
     --Nos encantará oírte, y si crees que yo sea sincera y fiel al Señor, acepta hospedarte en mi casa. Allí podrás instruirnos sobre Jesús.
     --No quisiéramos ser gravosos. Yo soy tejedor de telas y en cualquier lugar que predico, trabajo para ganarme el pan.
     --Yo soy comerciante de púrpuras, mi negocio es importante, muchos macedonios frecuentan mi casa.
     --Pero…
     --Perdonen mi insistencia y permítanle que los obligue a aceptar.
     --Dios bendiga tu caridad. Nosotros aceptamos agradecidos tu hospitalidad. Así que ya saben, mañana en Casa de Lidia para la primera instrucción.

La primera catequesis en Filipos

     Y cuando Pablo hablaba, todo enmudecía para escucharlo:
“En nombre de Cristo, y en comunión con el Espíritu,  se  colma mi alegría, teniendo todos un mismo sentir, un mismo amor, un mismo ánimo y buscando todos lo mismo.
     “Nada hagan por ambición, ni egoísmo, sino con humildad, considerando a los demás como superiores, sin buscar el propio interés.  
     “Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual, aún siendo de condición divina, no ambicionó el ser igual a Dios, sino que se rebajó, y tomando condición de esclavo asumió la naturaleza humana. Y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
     “Por eso Dios lo exaltó  y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble  en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame  que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre”.
 
(Continuará)

María Belén Sánchez Bustos fsp

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