Suplementos | Las cosas no eran tan simples y la división amenazaba a la comunidad Conociendo a san Pablo desde su vida Cuando Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía tenían mucho para contar a los hermanos, pero también se encontraron allí con muchas novedades... Por: EL INFORMADOR 27 de julio de 2009 - 05:56 hs Cuarta parte Estancia en Antioquía Cuando Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía tenían mucho para contar a los hermanos, pero también se encontraron allí con muchas novedades: --Fíjate, Pablo, que como en nuestra predicación anunciamos a Cristo Jesús, la gente ha dado en llamarnos “cristianos”. --Es muy hermoso…podemos muy bien quedarnos con ese nombre… --A mí también me gusta… Pero no todo era bueno, bello y agradable, también empezaban a surgir problemas que procedían precisamente de los judíos que se consideraban más observantes de la Ley. Cuando alguno de éstos se encontraba con otro no judío, éste le decía: --¿Cómo es que no te has circuncidado? Acuérdate que si no te circuncidas no te vas a salvar. --¿Y eso?, ¿qué no es la fe en Jesús lo que salva? --Sí, pero la Ley de Moisés es importante. Pablo y Bernabé se indignaron al saberlo; no estaban de acuerdo.¡Tantos no judíos habían creído en Jesús…! --¿Cómo vamos a imponerles a estos hermanos las normas y costumbres de la Ley, si ni siquiera nosotros hemos podido con ellas? Las cosas no eran tan simples y la división amenazaba a la comunidad. Entonces decidieron: --Que Pablo, Bernabé y algunos más vayan a Jerusalén, a consultar a los Apóstoles y a los Presbíteros, para decidir acerca de esta cuestión. --Vamos pues. Y ellos se fueron, atravesando los campos y admirando el paisaje en esa época exuberante y florido de Fenicia y Samaría. El Concilio de Jerusalén Cuando llegaron a Jerusalén fueron recibidos por los representantes de la Iglesia: los Apóstoles y Presbíteros. Entonces contaron, con todo detalle, la conversión de los gentiles y cuanto Dios había hecho, dando con ello gran alegría a todos los hermanos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para insistir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés. Entonces se reunieron los Apóstoles y los Presbíteros para tratar este asunto. Después de una larga discusión, en la cual parecía que nunca se pondrían de acuerdo, Pedro se levantó, tomó la palabra y les dijo: --“Hermanos, ustedes saben que Dios me eligió para que por mi boca los gentiles oyeran la palabra de la Buena Nueva y creyeran. “Ustedes saben que Dios nos dio el Espíritu Santo para dirigirnos. “¿Por qué, pues, ahora contradicen a Dios al imponer a los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros podemos soportar?”. “Tiene razón --pensaban algunos--”. “--Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, igual que ellos”. Pedro vuelve sobre el tema, emocionado: -- “Los gentiles han recibido el Espíritu Santo con los mismos dones de los circuncidados y, al igual que ellos, profetizan. Todos fueron llenos de gozo del Espíritu Santo… y Pablo nos puede decir lo mismo”. -- “Sí, los gentiles bautizados se vuelven hombres nuevos y el Espíritu Santo es para ellos aliento e impulso”. -- “¿Qué es lo que has visto en ellos, Pablo”? -- “Los frutos del Espíritu, que son la caridad, el gozo, la fidelidad, la bondad, la perseverancia, la dulzura, la fe, la modestia, la castidad”. Toda la asamblea guardó silencio, y luego pidieron a Bernabé y a Pablo que les contaran los milagros y prodigios que Dios había realizado por su medio entre los gentiles. Discurso de Santiago. Cuando terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra y dijo: -- “Escúchenme, hermanos, todo lo que hemos oído concuerda con los oráculos de los Profetas: ‘Yo volveré y reconstruiré la casa de David y la volveré a levantar. Para que el resto de los hombres busquen al Señor, y todas las naciones sean consagradas a mi nombre’”. Sus palabras resonaban en el recinto sin, que nadie se atreviera casi ni a respirar. Después de breves momentos continuó: -- “Por eso, opino yo que no se debe molestar a los que se convierten a Dios, sino escribirles que tan sólo cumplan los diez mandamientos, que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre”. La carta apostólica -- “¿Qué haremos entonces?”. Pedro, como el más autorizado, dijo: -- “Vamos a escribirles una carta donde les explicaremos todo lo que aquí hemos decidido”. -- “¿Por qué no enviar a algunos más, aparte de Pablo y Bernabé, para que expliquen todo esto a los hermanos de Antioquía?”. -- “¿Quiénes les parece bien que vayan?”. -- “Podría ser Judas, el Barsabás…”. -- “Y también Silas, que es un buen dirigente”. -- “De acuerdo, vamos de inmediato a redactar la carta”. -- “Es bueno empezar con un saludo…”. “Los Apóstoles y los Presbíteros hermanos de Jerusalén, saludan a todos los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. “Nos hemos enterado de que algunos de entre nosotros, sin nuestra autorización los han inquietado con sus palabras; por lo tanto hemos decidido, de común acuerdo, no imponerles más cargas que las indispensables: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Harán bien en evitar estas cosas. Adiós”. Los delegados en Antioquía Ellos, se despidieron, y partieron hacia Antioquía. Allí reunieron a la asamblea y entregaron la carta. Los que la leyeron y escucharon se llenaron de gozo al recibir aquellas palabras tan alentadoras. Judas y Silas predicaban largamente ilustrando a los hermanos, les explicaban todo lo referente a Jesús y ellos quedaban muy confortados. Después de algún tiempo, se despidieron de los hermanos para volver de nuevo a Jerusalén. Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando la Palabra del Señor. Pedro visita la Iglesia de Antioquía. Algún tiempo después Pedro, acompañado de Silas, fue a visitar a los hermanos de Antioquía. La visita del Apóstol es un gran acontecimiento, lo reciben con respeto y lo escuchan con atención. Cuando se reúne la comunidad para celebrar la Fracción del Pan, los hermanos continúan la conversación hasta muy tarde, comunicando sus experiencias y dando testimonio de las maravillas que Dios está repartiendo en todo el mundo. Pedro relata lo que le sucedió en casa de Cornelio, y Pablo y Bernabé comentan lo que vieron y vivieron en Asia. Los días transcurrían serenamente y todos se sentían felices. Pedro compartía con ellos, oraban juntos y comía con todos los convertidos: les trataba como a hermanos, sin hacer distinción ninguna. Pero como siempre hay quienes quieren meterse en todo, aplicar sus normas y tratar de imponer su voluntad, muy pronto llegaron algunos desde Jerusalén para indagar lo que allí sucedía… Éstos eran precisamente los que habían quedado descontentos con la decisión del Concilio, y seguían con la absurda pretensión de mantener bajo el yugo de la Ley a los no judíos convertidos. Declarando que iban en nombre de Santiago, sin más ni más se presentaron en Antioquía, investigándolo todo y opinando aún sin que se les preguntara… En un primer momento Pedro se alarmó, y para no turbar a los hermanos de Jerusalén, se alejó de los gentiles convertidos. Pablo, entonces, considerando desfavorable la actitud de Pedro para la unidad de los hermanos lo enfrentó diciéndole: -- “¿Qué pasa, Pedro? Si tú te comportas así, ¿qué podemos esperar? La unidad de la Iglesia la ciframos en ti, que eres la cabeza”. -- “Pero es que yo…”. -- “Tú fuiste designado por el Señor Jesús para ser el Hermano mayor, el Obispo, el Pastor”. -- “Tienes razón, Pablo; yo quería evitar discusiones inútiles, pero es mejor poner las cosas claras desde el principio”. -- “Recuerda, Pedro, todos nos apoyamos en ti y esperamos que nos confirmes en la fe”. La unión de Pedro y de Pablo quedó firmemente consolidada, al tiempo que desarmó a los hermanos que habían venido de Jerusalén hasta Antioquía. (Continuará). María Belén Sánchez Bustos fsp Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones