Suplementos | Guía: third Conociendo a san Pablo desde su vida Tercera parte Por: EL INFORMADOR 19 de julio de 2009 - 04:37 hs Los hermanos oraban; la tarde del domingo se reunían a leer y a celebrar la Cena del Señor. Luego seguían hablando y escuchándose unos y otros y la conversación se prolongaba hasta muy tarde. Pero una vez, en esos momentos de oración, el Espíritu Santo hizo oír su voz diciendo: --Sepárenme a Saulo y a Bernabé. --¿Qué sucede? --El Señor quiere encomendarles una misión: quiere que vayan a otros pueblos y ciudades a difundir por todas partes el Mensaje de salvación que Jesús nos ha dado… -- ¿Ir… a dónde? --A donde el Espíritu los guíe… Vayan a todos los lugares donde encuentren corazones abiertos, dispuestos a recibir con amor la Palabra de Dios… La respuesta no se hizo esperar. Inmediatamente empezaron días de preparativos en que los ánimos hervían de entusiasmo. El anhelo, los sueños que dormitan se enderezan y del corazón surge el Aleluya. --Aleluya --decían los hermanos. --Amén --exclamaron Bernabé y Saulo. También Juan Marcos, aunque era muy joven, se entusiasmó y lo aceptaron en la comitiva… Primer viaje misionero La consigna era clara: ir allá donde haya hombres de buena voluntad que quieran oír hablar Jesús… Y con esa idea clara, una mañana muy temprano partieron los tres misioneros hacia el puerto de Seleucia, para de allí embarcarse a la isla de Chipre, donde predicarían en las ciudades de Salamina y Pafos. En cada ciudad iban a la sinagoga, y cuando les tocaba hablar, Pablo tomaba la palabra y explicaba con elocuencia y claridad el mensaje que llevaba en su corazón. Sergio Pablo Un día el procónsul, llamado Sergio Pablo, los mandó llamar. Hablaron largamente acerca de Jesús --Jesús, Hijo de Dios, nacido del linaje de David según la carne, ha sido constituido con poder, según el Espíritu de santidad, y glorificado por su resurrección de entre los muertos. --Continúa, Pablo… --Por Él hemos recibido la gracia del apostolado, para llevar la fe a todas las naciones para gloria de su nombre entre todos los hombres, judíos y gentiles, entre los cuales se cuentan también ustedes, llamados a ser justos y santos por su gracia… El procónsul escuchaba emocionado, y al final dijo: --Quiero bautizarme. --¿Sabes que también yo me llamo Pablo? Es mi nombre romano… --¡Qué bien! doblemente hermanos, por la fe y por el nombre… Pero Elimas, que escuchaba, presentía que su influencia ante el procónsul iba a mermar y se propuso hacerles la vida imposible… Entonces Pablo le pidió a Dios que lo dejara ciego de sus ojos por un tiempo, para que con su espíritu pudiera ver la luz de Dios… Juan Marcos regresa a Antioquía Juan Marcos piensa que allí se detendrán para permanecer de forma estable. Pero los proyectos son otros, y Juan Marcos intuye que Pablo tiene intenciones de llegar hasta el fin del mundo. Y sus pensamientos lo atormentaban: “Un viaje del que tal vez no regresarán jamás”. Entonces dice: --¿Hasta donde iremos? --El mundo no tiene fronteras… --Yo quiero regresar. -- ¡Oh, Juan Marcos, no puede ser! Aunque él también amaba a Jesús, en la noche de insomnio tomó una decisión. –Si ustedes quieren ir más lejos, yo regreso. --¿Regresar? ¿Estás loco? --Pero… Saulo cortó: --Si lo prefieres… Y muy pronto se presentó una buena oportunidad y Juan Marcos abordó un barco de regreso a Antioquía. Regreso de la primera Misión El tiempo pasaba, llegó el invierno y vino otra vez la primavera… soplaban los vientos y volvían las flores, hasta que por fin un día no esperado, llegaron los dos misioneros cargados de noticias de Asia y de aquellas ciudades lejanas. --Todos tenían ansia de oír lo que decían, y los misioneros relataban detalladamente todo cuanto habìan vivido durante ese tiempo: --Cuando nos embarcamos hacia Pisidia llegamos a Atalía y a Perge, donde fuimos muy bien recibidos, pero siempre notábamos en los judíos más convencidos cierta desconfianza… no obstante, muchos aceptaron la fe en Jesús. --Nosotros les decíamos: “Hermanos, hijos de la raza de Abraham y cuantos entre vosotros teméis a Dios: a ustedes ha sido enviada esta Palabra de salvación”. Antioquía de Pisidia --No obstante, lo que queríamos era llegar hasta Antioquía de Pisidia, a pesar de lo difícil que es ese trayecto, de que nos atemorizaban por los ladrones que merodean por esos caminos y de que Pablo no andaba muy bien de salud. --Un ángel de Satanás me abofeteaba… Le pedí al Señor que me librara y sólo me contestó: “Te basta mi gracia”. --Cuando llegamos a la Sinagoga de Antioquía, nos asombró la gran cantidad de gente que allí se reunía; por eso, después de la lectura de la Ley y los Profetas, cuando los jefes de la Sinagoga nos dijeron: --“Hermanos, si tienen alguna palabra que decir, hablen, entonces les dijimos: --“Les anunciamos la Buena Nueva de que, según la promesa, Dios ha suscitado para Israel un Salvador… Jesús. --¿El que crucificaron en Jerusalén? --Sí, sin motivo los jefes del pueblo pidieron a Pilato que le hiciera morir… Pero Dios le resucitó de entre los muertos... El sábado siguiente acudió casi toda la ciudad, para escuchar la Palabra de Dios y el Mensaje que Pablo anunciaba. Los judíos, al ver a la multitud, se llenaron de envidia y lo contradecían a gritos y con blasfemias. Entonces Pablo alzó la voz diciendo con valentía: --Era necesario anunciarles primero a ustedes el mensaje de Dios; pero ya que lo rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, sepan que vamos a dedicarnos a los gentiles, pues así me lo ordenó el Señor cuando me dijo: “Te haré luz de las naciones, para que tú lleves la salvación hasta el fin de la tierra”. Al oír esto los gentiles se alegraron muchísimo y glorificaban a Dios y creyeron en la Palabra del Señor, de que estaban destinados a una vida eterna. Pero los judíos incitaban a mujeres piadosas y de la nobleza, y a los principales de la ciudad, promoviendo una persecución contra nosotros para echarnos de su territorio. Entonces sacudimos el polvo de nuestros pies y nos fuimos a Iconio; no obstante nos sentíamos llenos de gozo en el Espíritu Santo. La gente estaba entusiasmada con la predicación de Pablo, pero cuando un día no nos vieron más se preguntaban: --¿En dónde están Pablo y Bernabé? --Se fueron a Iconio. --Pues vamos a Iconio. En Iconio Allí entramos como de costumbre en la Sinagoga, y una gran multitud de judíos y griegos abrazaron la fe. Pero los judíos descontentos seguían menoscabando los ánimos de los gentiles. A pesar de todo nos detuvimos allí bastante tiempo, hablando del Señor y haciendo los milagros que Él nos concedía realizar... Como la gente de la ciudad se dividía y hasta querían apedrearnos, una mujer de la provincia de Licaonia, llamada Loide, nos invitó a Listra, su ciudad”. --Y se fueron a Listra… En Listra --Sí, un lugar muy bonito donde pudimos anunciar la Buena Nueva con mucha eficacia. Loide nos hospedó en su casa. Allí conocimos a Eunice, su hija, y a su nieto Timoteo, que era todavía un niño… La comunidad estaba encantada con los relatos de Pablo y Bernabé, y les animaba a que les siguieran contando las peripecias de su viaje. --Les escuchamos con interés y atención.. Un milagro Bernabé tomó la palabra: --Cuando todo parecía ir muy bien, en Listra nos sucedió la cosa más curiosa que casi desemboca en tragedia. --Cuéntanos --Había allí un inválido, cojo de nacimiento, que escuchaba con atención la Palabra, y entonces Pablo le dijo: --¿Tienes fe? --Sí, creo en Jesús. --Entonces ponte de pie y camina. El hombre se levantó y se puso a andar. Todos estaban asombrados, pero de pronto se alzó gran alboroto. La gente, al ver lo que Pablo había hecho, y alguien empezó a gritar: --¡Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres! --El sacerdote del templo de Zeus, trajo toros y guirnaldas y con la muchedumbre, se disponía a ofrecernos un sacrificio… Nosotros íbamos entre la gente gritando: --¡Amigos, no hagan eso, somos hombres igual que ustedes, y les predicamos al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay! --Con estas palabras a duras penas pudimos impedir que la gente nos ofreciera un sacrificio. Entonces Pablo añadió con tristeza: --Pero en eso llegaron los judíos y nos siguieron a pedradas, yo me tiré al suelo y como creyeron que estaba muerto, se alejaron sin más. --Los hermanos que me recogieron y me ayudaron a llegar hasta la casa me decían: --¿Te duele mucho, Pablo? --Más me duele la dureza de mis hermanos judíos, que son el pueblo escogido y no quieren reconocer al Mesías que Dios les envía. De allí nos fuimos a Derbe y estuvimos un tiempo, aunque no precisamente tranquilos. --Un día resolvimos volver aquí, a Antioquía, porque la persecución judía no cesaba y porque queríamos compartir con ustedes todas las cosas buenas y hermosas que el Señor va realizando por todos los lugares por donde pasamos. --Qué bueno, hermanos, nos alegra sobremanera, porque también aquí tenemos muchas cosas que contarles… --Pero antes pasamos por cada una de las ciudades que habíamos evangelizado, y nombramos en cada una de ellas responsables de les comunidades y les recomendamos que permanecieran fieles a la fe en Cristo Jesús nuestro Salvador. Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: ¿Acaso Dios encontrará fe en la tierra? 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