Sábado, 01 de Noviembre 2025
Suplementos | Y en palabras sencillas relataban las experiencias maravillosas vividas desde que dejaron de verse...

Conociendo a san Pablo desde su vida

Los griegos asistían a la oración y a la Fracción del Pan con devoción y reverencia

Por: EL INFORMADOR

Segunda parte

Damasco

     Saulo perseguía a los hermanos seguidores de Jesús, los arrastraba y los llevaba ante el tribunal.
     Pero en aquella ocasión se encontró con las casas vacías. La frustración acrecentaba su rabia…
     –¿Dónde están?
     –Se fueron… desde que son tan perseguidos, lo único que sueñan es con salir de Jerusalén.
     –Pero… ¿a dónde? ¿a dónde?
     –Ellos se fueron… creo que a Damasco…
     –Conque a Damasco… Como si Damasco estuviera al otro extremo del mundo… ¿creen que no puede llegar hasta allá el látigo castigador?
     –Saulo, Saulo, ¿qué estás pensando? Te conozco muy bien… cuando te quedas así, mirando indefinidamente un punto lejano en el horizonte, es que estás tramando algo muy serio…
     –Tienes razón. Ya no puedo permanecer inactivo. Seré yo el que acabe con esa secta maldita que desintegra a mi pueblo…
     Y sin pensarlo demasiado… fue ante las autoridades, pidió cartas y consiguió gente y le dieron todo el poder y la fuerza para ir precisamente a Damasco.

El encuentro

     Iban por el camino, bajo el sol ardiente
     –¿Por qué no nos detenemos a descansar un poco?
     –¿Descansar? Si falta ya tan poco, llegaremos a la ciudad antes de que caiga la tarde…
     –Pero… ¿cuál es la prisa?
     –La tuya ninguna… ánimo, allá descansarás.
     –Yo, sin duda, pero seguro que tú no te darás tregua…
     –Eso es cuenta mía.
     Y continuaron haciendo trotar sus caballos, sin importarles nada, impulsados por el ansia de llegar y caer por sorpresa sobre los seguidores de Jesús.
     De pronto, bajo el cielo despejado y a la luz del día, un relámpago partió el aire y estalló a mitad del camino.
     Una luz radiante resplandeció ante ellos, los caballos se encabritaron y Saulo cayó en tierra.
     El asombro envolvía a todos y les paralizaba, no lograban hacer nada. De pronto oyeron la voz de Saulo.
     –¿Quién eres?
     –…
     –¿Qué quieres de mí?
     –…
     – Dime, ¿qué tengo que hacer?
     Ellos no alcanzaban a percibir las otras palabras del interlocutor oculto; tan sólo Saulo, que era el destinatario, escuchaba aquella voz potente y dulce a la vez:
     –Soy Jesús, al que estás persiguiendo… Ve a la ciudad, allí te indicarán lo que deberás hacer…
     Y cuando sus compañeros los levantaron del suelo, se dieron cuenta de que Saulo no veía, había quedado ciego a causa del relámpago tan intenso que había visto en medio del camino.
     La luz de Dios había entrado en su corazón, y si sus ojos estaban en la oscuridad, en su interior empezaba a amanecer  con una claridad radiante, hermosa como el amanecer de un nuevo día.
     Lo llevaron a casa de Judas, su amigo, su compañero de juventud, y allí permaneció días y noches sin querer comer ni beber, sin ver a nadie, sin dormir, sin agitación, sin impaciencia ni angustia…
     –Saulo, me preocupas ¿qué puedo hacer por ti?
     –Ya haces mucho, y te agradezco, amigo.
     En el silencio de su corazón sin duda oraba, imploraba a Dios y ponía en sus manos toda la inquietud de su vida.

Bautismo

     –Saulo, ¿sigues orando?
     –Sí, poco a poco va llegando la paz.
     –¿Qué quieres?
     –Nada, ya estoy bien…
     –Aquí hay un hombre que te busca, que quiere verte…  
     –Ah sí, debe ser Ananías.
     –¿Cómo lo sabes?
     –Ohh…
     Y Saulo recibió la visita de aquel desconocido que el Señor le enviaba para darle la salvación, para devolverle la vista a sus ojos y la paz a su corazón.
     –Saulo, hermano, el Señor Jesús me envía para darte a conocer su mensaje y hacer que lleguen hasta ti la salud y la salvación…
     Entonces Saulo se levantó y recibió el bautismo en nombre de Jesús, de manos de Ananías…
     –Dime, hermano, ¿qué es lo que tengo que hacer?
     –No lo sé. Ya después, más tarde, tú mismo lo sabrás en su momento…
     –Pero…
     –El Señor sólo me ha dicho que tendrás que sufrir mucho por su causa, pero que has sido elegido para llevar su mensaje a todo el mundo…
     –Ohh… pero… si yo he sido un perseguidor, si yo quería acabar hasta con su nombre…
     –Eso tú, pero sus designios eran otros… Los planes de Dios son a veces muy diferentes a los nuestros.
     Y desde entonces la vida de aquel hombre cambió definitivamente, su voz áspera se iba dulcificando y cuando hablaba de Jesús adquiría matices especiales.
     No obstante, aquello no era fácil, los hermanos le tenían miedo y los judíos lo buscaban con encendida saña.
     El perseguidor era ahora perseguido…
      Si entraba en una casa, o si iba a la Sinagoga, el peligro estaba siempre pisando su sombra.
     –Pablo, debes irte…
     –¿Por qué, ahora que quiero reparar el mal que hice?
     –Porque nadie quiere oírte… además, ¿sabes que te buscan?
     –Tienen guardias junto a la casa de Judas, tu amigo, y día y noche vigilan las puertas de la ciudad por si te ven salir…
     –No hay más remedio que huír…
     –Ni que fuera un malhechor…
     –En fin, no hay por dónde escapar
     –Ni modo de abrir un boquete a la muralla de la ciudad…
     –Pero yo sí tengo una buena idea.
     –Dila.
     –Esta noche, antes de que salga la luna, te descolgaremos por el muro y tú te esconderás en los matorrales que están cerca del camino… en cuanto la luna se levante, ya podrás ver por dónde proseguir.
     –¡Qué vergüenza…!
     Sin más remedio, Pablo tuvo que aceptar la propuesta porque no había otra solución.
     Antes de media noche ya iba de camino hacia el desierto de Arabia…
     Tiempo después fue a visitar a Pedro y luego de pasar un breve tiempo en Jerusalén, aprendiendo todo lo referente a Cristo Jesús y su mensaje, se despidió de los Apóstoles para encaminarse a Tarso, su tierra natal, donde pensaba dedicarse de lleno a la predicación, en todo el tiempo que le dejara libre su trabajo.

Bernabé

     En tiempos lejanos, Bernabé había sido amigo de Saulo, tal vez cuando estudiaban en la Escuela de Gamaliel se conocieron y entablaron esa amistad profunda y sencilla…
     Pero cuando Bernabé siguió a Jesús y Saulo se dedicaba a perseguir a sus seguidores, sus caminos se distanciaron.
     Fue sólo después del bautismo de Pablo cuando reanudaron su amistad, ahora unidos más fuertemente por la fe que los hermanaba.
     Y fue precisamente por la recomendación de Bernabé, que Pablo pudo llegar hasta los Apóstoles de Jerusalén.
     Cuando llegan hasta Jerusalén noticias de lo que sucede en la Iglesia de Antioquía, los Apóstoles quieren saber algo concreto, porque allá la fe en Cristo Jesús, muerto y resucitado por la salvación de todos, está cundiendo…
    --Manden a Bernabé a ver qué pasa…
     Bernabé se encuentra con que el mensaje de Jesús se ha predicado a los griegos, y vio cómo en aquella incipiente comunidad florecían a la par la gracia y la esperanza que animaba la fe.
     Después de constatar la sinceridad de su adhesión a Cristo, los animó a permanecer fieles.
     Aquella gente sin prejuicios, sin las murallas de la Ley, sin los problemas que ocasiona la tradición judía, empezaba a vivir el Evangelio en toda su plenitud.
   --Debemos hacer algo, unirnos… no podemos estar dispersos... si los griegos quieren seguir a Jesús, es preciso acogerlos como hermanos…
     -Tienes razón, la fe y la salvación son para todos.
     Los griegos asistían a la oración y a la Fracción del Pan con devoción y reverencia; veían en el rito, aparte de la novedad, el encanto secreto de entrar a lo vedado; aquello era para ellos un maravilloso regalo de Dios.
     Jesús llegaba a ellos como un don; el privilegio judío quedaba como opacado ante la brillante persona de Jesús; iba perdiendo su atractivo, porque ahora tenían algo nuevo, bueno y verdadero...
    No obstante, entre los hermanos de la naciente Iglesia de Antioquia surgía la dificultad de alternar con la elocuencia de los recién adoptados.
     Bernabé pensaba… y su pensamiento iba abriendo surco en su mente:
     -Me acuerdo de Saulo… ¿qué hará? ¿dónde andará? Pienso a menudo en él ¿qué quedó de aquel  fuego?
     -Ve a buscarlo, su apoyo aquí sería muy valioso… dile que lo necesitamos.
     Y sin pensarlo mucho, Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo. Lo encontró tejiendo tiendas, orando y predicando.
     -Saulo, he venido a verte…
     -¡Bernabé, amigo!
     Y en palabras sencillas relataban las experiencias maravillosas vividas desde que dejaron de verse, y el florecer exuberante del Evangelio en tierras no judías.
     -¿Vamos?
     -En nombre del Señor Jesús ¡vamos!
     Y partieron juntos, casi dispuestos a no separarse más.

María Belén Sánchez Bustos fsp

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