Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | Roma, ¡por fin!

Conociendo a San Pablo desde su vida

La tierra en el horizonte se divisa, y a lo lejos, imponente se perfila la ciudad…

Por: EL INFORMADOR

Octubre 18

Roma, ¡por fin!
     La tierra en el horizonte se divisa, y a lo lejos, imponente se perfila la ciudad… Pablo en silencio medita: “Roma, Roma, el sueño dorado de mi vida y… la frustración más grande…”.
     Los hermanos de Roma, informados de la llegada de Pablo y sus acompañantes, salieron a recibirlo con gozo y esperanza.
     Fueron a su encuentro caminando hasta el Foro Apio y se detuvieron en Tres Tabernas.
     Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y cobró ánimos.
    En aquellos hermanos que lo recibieron tan bien, aunque de antemano sabían ya que Pablo venía como prisionero, causó cierta consternación el hecho de verle encadenado.
     El Centurión Julio, que se había hecho cargo de él durante la travesía marítima, debía ahora presentarlo a las autoridades,y el centurión romano llama a uno de sus soldados:
     -- Tengo que encomendarte algo importante: un prisionero.
     -- ¿Un prisionero?
     -- Habrá que esperar juicio… mientras tanto encárgate de él. Custódialo…
     -- ¿Hasta cuándo?
     -- Ni idea… el César está sumamente ocupado. Fiestas, juegos, visitas… Te avisaremos
     -- ¿En la Cárcel? ¡No! ¿Quién se ocupa?
     -- No, aquí, en Roma se le permite a Pablo permanecer en una casa particular, pero siempre bajo custodia...

La voz se corre

     Pablo está en Roma,  Pablo está en Roma…
     Pablo que quisiera correr al encuentro de todos, su corazón es libre, pero la cadena le ata. Nada puede hacer, tan sólo esperar con los brazos abiertos y el corazón anhelante…
     -- ¿Eres tú Pablo?  
     -- Lo soy
     -- Yo seré tu guardián durante este tiempo.
     Atado a su cadena, el soldado es un prisionero más… día y noche lo vigila; y mientras tanto, escucha sus palabras llenas de sabiduría, aprende…
     El descontento fue dando paso a la admiración, y en su mirada se advierte lo mucho que le ha impactado la libertad que vive Pablo a pesar de estar encadenado
     Poco a poco va conociendo a Pablo, se adentra en el Mensaje que él predica, hasta que por fin llega el día en que cae de rodillas.
     -- Pablo, concédeme el don de ser cristiano; ya no quiero ser tu carcelero, quiero ser tu amigo…
     -- Desde hoy serás mi hermano.

Entrevista con los judíos de Roma

     Pablo mandó llamar a los principales judíos. Cuando se reunieron, Pablo les dijo:
     -- Hermanos, en Jerusalén fui injustamente entregado preso a manos de los romanos, quienes, después de haberme interrogado, querían dejarme en libertad porque no había en mí ningún motivo de muerte.
     -- Entonces, ¿por qué estás preso?
     -- Por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas.
     -- Entonces, podrías haber quedado en libertad…
     -- Ciertamente, así lo declararon tanto Félix como Festo, gobernadores de Cesarea; pero como los judíos se oponían, me vi forzado a apelar al César.
     -- ¿Entonces?
     -- Por este motivo les llamé para verles y para asegurarles que no pretendo acusar a los de mi nación.
     Ellos le respondieron:
     -- Nosotros no hemos recibido noticia alguna, ni hemos oído hablar de ti, pero sí deseamos oír de ti mismo acerca de esa secta que en todas partes se la contradice.

Declaración de Pablo a los judíos de Roma

     Le señalaron un día y vinieron en mayor número adonde se hospedaba.
Él les iba exponiendo el Reino de Dios, dando testimonio e intentando persuadirles acerca de Jesús, basándose en la Ley de Moisés y en los Profetas, desde la mañana hasta la tarde.
     Unos creían por sus palabras y otros, en cambio, permanecían incrédulos.
    Cuando, en desacuerdo entre sí mismos, ya se despedían, Pablo dijo esta sola cosa:
     -- Con razón habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isaías:
     “Ve a encontrar a este pueblo y dile: Escucharán bien, pero no entenderán, mirarán bien, pero no verán”.
     -- ¿Por qué dices eso Pablo?
     -- Porque el corazón de este pueblo se ha embotado: se han hecho duros sus oídos y se han cerrado sus ojos; podrá suceder que no sea que no vean con sus ojos, y con sus oídos no oigan, y con su corazón no entiendan ni se conviertan, y yo los cure.
     -- Sepan que la salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles; ellos sí que la oirán…  
 
Las cartas de la cautividad

     Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él; predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno.

La carta a los Filipenses

     Un día… llega Epafrodito desde Filipos, esa comunidad tan amada y que tantos recuerdos le trae…  
     -- Qué alegría verte…
     -- La comunidad de Filipos te recuerda siempre con mucho cariño y te envía este presente.
     -- Gracias, amigo…
     -- Yo siempre oro por ellos. Están en mi corazón…
     Largamente conversan acerca de todo lo que allá acontece… de sus inquietudes y sus dificultades, de su deseo de saber más y más acerca de Jesús.
     A la mañana siguiente, Pablo llama a sus más cercanos colaboradores.
     --  ¿Qué quieres Pablo?
     -- Quiero pergaminos, estiletes y tinta.
     -- ¿Piensas escribir?
     -- Sí, ya que no puedo llegar hasta los hermanos, que al menos mis palabras les lleguen en alas de unas cartas escritas desde estas cadenas que no alcanzan a atar mis manos ni mi corazón…
     -- Empieza a escribir, Timoteo, tú que tienes buena letra…
“Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a los santos que están en Filipos…. Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes, y elevo mis oraciones con alegría por ustedes… pidiendo en mi oración es el amor crezca cada vez más hasta llegar limpios y sin tropiezo a Cristo”.
--Pablo, ellos quieren saber de ti.
--Tienes razón, escribe:
   “Quiero que sepáis, hermanos, que  mi situación ha contribuido más bien al progreso del Evangelio, porque se ha hecho público en todo el Pretorio que me hallo en cadenas por Cristo. Y la mayor parte de los hermanos, alentados en el Señor por mis cadenas, tienen mayor intrepidez en anunciar sin temor la palabra. Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad; mas hay también otros que lo hacen con buena intención y por amor”.
     -- Déjame escribir un poco…
     “De mi parte lo que me importa es que Cristo sea glorificado, por mi vida o por mi muerte, pues para mí la vida es Cristo, y el morir, una ganancia.”
      Reflexiona un poco y prosigue:
     “Si para mí el vivir en el cuerpo significa trabajo fecundo, no sé qué escoger... Por un lado, mi deseo es estar ya con Cristo; por otro, quedarme aquí es más necesario para ustedes.”
     -- Y siguen los consejos:
     -- “En cuanto a ustedes, lo que importa es que lleven una conducta digna del Evangelio de Cristo y que se mantengan unidos en un mismo espíritu por la fe del Evangelio
     Estén siempre alegres en el Señor; os lo repito, estén alegres…
     No se inquieten por nada; el Señor Jesús está cerca. Más bien, en toda ocasión, presenten a Dios oraciones de petición y la súplica, acompañadas de acción de gracias.
     Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia custodiará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.”
     -- ¿Dónde está Timoteo?
     -- Se fue a ver a los hermanos del Tíber… tú mismo lo mandaste…
--Es verdad, me había olvidado. Entonces ven tú, Fortunato, ayúdame a escribir… ya ves que me canso rápido…
     -- Como quieras, Pablo.
     --Termina la carta recomendándoles que vivan en unidad y concordia… diles que se cuiden de los judaizantes…
     Ha pasado ya la media noche y  Fortunato ve la lámpara encendida; piensa que se olvidó de apagarla y va a hacerlo, pero ve a Pablo que sigue escribiendo:
     “Les agradezco cuanto han hecho por mí, y la ayuda que me enviaron…No tengan pendiente por mí, antes bien, alégrense conmigo, pues aunque mi sangre se derrame como libación yo me alegro por ustedes…  ustedes son mi alegría y mi orgullo, mi gozo y mi corona, ustedes son la prueba de que no me he fatigado en vano...”.
     -- Pablo, es muy tarde…
     -- Muy temprano, dirás, ya es de madrugada…
     -- Fortunato ve lágrimas en los ojos de Pablo y lee lo último que escribió:
“Cuántas cosas quisiera decirles, hermanos;  imítenme como yo imito a Cristo, hagan todo lo que han aprendido, oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes… fíjense en los que viven según ese modelo… porque no podemos negarlo, hay muchos que viven como enemigos de la cruz de Cristo…”.
     --Termina pues  la carta saludando a todos en Cristo Jesús, porque mañana sale Epafrodito hacia Filipos, porque allá están preocupados por su salud.
     -- ¿Y qué más les digo?
     --Diles que muy pronto irá Timoteo… saluda a todos y que la gracia del Señor Jesucristo esté con cada uno en  su espíritu.
(Continuará)

María Belén Sáchez Bustos fsp

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