Suplementos | En este siglo XXI, muchos todavía no han visto la estrella Caminarán los pueblos a tu luz “Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría” Por: EL INFORMADOR 16 de enero de 2012 - 06:38 hs . / El profeta Isaías lo anunció ocho siglos antes, y en la plenitud de los tiempos tuvo fiel cumplimiento su anuncio. Los pastores se calentaban en torno al fuego, y ante su asombro un gran resplandor los sobresaltó. Un ángel, mensajero divino, se les mostró y dijo: “No tengan miedo. Vengo a anunciarles una buena nueva, motivo de gran alegría para todo el pueblo: hoy ha nacido para ustedes, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Los pastores fueron los primeros; ellos, los humildes, los sencillos, se apresuraron en acudir al pueblo de Israel, el pueblo elegido. Ellos se postraron y adoraron a la Luz de Dios, el Hijo de Dios. Para los no judíos --los gentiles--, una intensa luz, una estrella, los condujo a la Luz. Desde entonces, de mil maneras la bondad de Dios ha conducido a los hombres a encontrar la Luz de Luz: Cristo el Salvador. Paul Claudel, el gran poeta francés del siglo XX, encontró la luz en la noche de Navidad de 1896. Más bien, esa noche vio su estrella, sintió un sacudimiento interior y luego emprendió un largo caminar de cuatro años; mayor audacia interior, comparada con el caminar de los Magos, y por fin cayó de rodillas ante el Niño del Pesebre. “Vimos su estrella y vinimos a adorarlo” La fe es una estrella. Por la fe han encontrado a Cristo las miles de generaciones de veinte siglos de cristianismo. Creer es una gracia y una audacia. La fe es don divino, es regalo, como fue la estrella para aquellos Magos de Oriente. Se pierde la estrella, la fe, porque primero se pierde la moral. Cuando algún hombe cae en el fango, busca a quien o a quienes culpar de su caída, pues no acepta echarse así mismo el motivo de su derrota. Dicen algunos haber perdido la fe porque tuvieron noticia de escándalos, de conducta inmoral de ministros, de jerarcas. Esas son protestas para justificar sus propias manchas. Se pierde la fe porque también se pierde la humildad, pues esta virtud es básica para aceptar las verdades de la fe, y estas verdades no pueden ser comprobadas por las ciencias ni con los recursos de la razón. Ser creyente exige fidelidad, o al menos empeño de ser fiel al Señor, y aceptación humilde de los misterios revelados. Los primeros conversos, al volver a ver la estrella, llenos de alegría ya no la perdieron. “Que te adoren, Señor, todos los pueblos” El salmo 71 es la súplica en este día de la Epifanía, o manifestación del Señor. El día 25 de diciembre el pueblo cristiano vio en el humilde pesebre, el portento de Dios hecho hombre. En este día los Magos gozan el portento de ver a Dios en los brazos de María. Porque la estrella les ha dicho que es Dios, se postraron para adorarlo. La adoración, culto llamado Latría, solamente se le tributa al Ser infinito, omnipotente. ¿Por qué en este siglo XXI, unos creen en Él y otros no creen? Porque Dios reparte sus dones a quienes Él quiere,como Él quiere y cuando Él quiere. Todo lo de Dios es misterio, y misterio es el don de la fe, otorgado a unos y a otros no. Había muchos Magos en Oriente, pero solamente los llamados vieron la estrella y la siguieron. La fe es predilección. Esta palabra encierra misterio en sí misma. Si creo, soy un predilecto, es decir, antes-amado, antes-escogido. Los creyentes son predilectos. El antiguo catecismo el Padre Ripalda, en su primera página hacía una pregunta: Eres cristiano? Y allí mismo da la respuesta: Sí, soy cristiano por la gracia de Dios. Ser cristiano es ser predilecto, es haber visto la estrella --la fe--, es haber encontrado a Cristo. “Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría” Una madre de familia, ya en este siglo, afligida porque uno de sus hijos había perdido la estrella, había perdido la fe, preguntaba qué debería hacer para remediarlo. En esos días, en Polonia divulgaron unos carteles con una imagen: una mano y entre los dedos las cuentas del rosario y esta leyenda: La oración es la única medicina: pedir para que Dios le vuelva a dar la fe. Que la estrella vuelva a aparecer, que la luz de la estrella --la fe-- los lleve de nuevo a la Luz que es Cristo omnipotente, eterno, creador de cuanto existe, lo visib le y lo invisible. Allí ante el pesebre, después de un largo camino, están los peregrinos de Oriente ante Emmanuel -- que significa Dios con Nosotros--, y le ofrecen regalos simbólicos: incienso porque es Dios, oro porque es Rey, y mirra porque nació para ser mortal, y con mirra habrán de empapar las sábanas con que lo envolverán para depositarlo en el sepulcro. Las primicias de la Humanidad ante el Verbo hecho Hombre fueron los pastores y los Magos, mas El vino para todos, y ahora, como hace veinte siglos, el deseo es que todos los pueblos adoren al Señor. En este siglo XXI, muchos todavía no han visto la estrella El Señor, rodeado de sus discípulos, se despide porque ya es hora de volver al Padre. Su último mandato es este: “Vayan por todo el mundo y prediquen, bauticen; el que crea y se bautice, se salvará”. La fiesta de la Epifanía es el signo de la universalidad del llamado de Dios, llamamiento o vocación universal a la fe, la salvación, sin distinción de pueblos: a todos los pueblos de la tierra. Los obispos de América Latina y el Caribe reunidos en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, reafirmaron su vocación de discípulos y misioneros, y para avivar en los sacerdotes, los religiosos y religiosas y todos los fieles, el gozo y el compromiso de llevar la luz a todos los rincones de este continente y sus islas. En la Epifanía del Señor el pueblo creyente adora a Cristo enviado por el Padre, y le ofrece no los regalos de los Magos, sino su generosa disposición para ser instrumentos del amor a Cristo y misioneros, cada uno en su ambiente y circunstancias, para hacer llegar la Luz a quienes todavía vagan en tinieblas. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones