Suplementos | La misericordia es el atributo de Dios por el cual remedia y perdona los pecados y miserias de las personas Bienaventurados los misericordiosos Esta bienaventuranza invita a alegrarse por la conversión de los pecadores y a perdonar a los que nos persiguen y son enemigos, deseándoles el bien de la salvación Por: EL INFORMADOR 24 de enero de 2009 - 12:40 hs “Dichosos los misericordiosos porque obtendrán misericordia” (Mt 5, 7). La misericordia es el atributo de Dios por el cual remedia y perdona los pecados y miserias de las personas. El ejemplo más claro de la misericordia divina se nos ofrece en la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32), por la que Juan Pablo II, en su carta encíclica de 1980, Dives in Misericordia, nos enseña que el pecador arrepentido “no se siente humillado, sino como hallado de nuevo y revalorizado”. El padre le manifiesta su alegría por haberlo hallado nuevamente y por haber resucitado, lo cual hacemos cada vez que, después de haber muerto por el pecado, nos levantamos y, arrepentidos de todo corazón, nos acercamos a la reconciliación. Esta bienaventuranza invita a alegrarse por la conversión de los pecadores y a perdonar a los que nos persiguen y son enemigos, deseándoles el bien de la salvación. Como Jesús mismo nos lo dice: “Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien y prestad no esperando de ello nada, y vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo, pues Él es bueno para con los ingratos y los malos” (Lc 6, 35-36) Por otro lado, la misericordia se empata con la compasión; así que el misericordioso es el compasivo que muestra comprensión ante la miseria y el sufrimiento ajeno o de su prójimo; es aquel que tiene verdadero sentimiento de pena y lástima por la desgracia o por el sufrimiento de sus hermanos. Así, la misericordia es el aspecto compasivo del amor hacia el ser que está en desgracia, o que por su condición espiritual no merece ningún favor. En consecuencia, la persona compasiva es sensible, afectiva, comprensiva, sabe perdonar las ofensas, tanto como pide perdón a Dios por ofender. Un ejemplo muy claro de misericordia se encierra en la historia del buen samaritano (Lc 10, 27-37), por la que aprendemos que no se trata solamente de un sentido de simpatía por otras personas, sino de una práctica; se trata de realizar actos concretos. En un primer acercamiento, la práctica de la misericordia necesita de la empatía, la cual se entiende, comunmente, como el “ponerse en los zapatos del otro”; esto es, ponerse en el lugar del prójimo y poder sentir lo que él o ella siente. Ese es el camino más directo para comenzar a entender lo que es la compasión. Pero empatizar no es un proceso simple; requiere que nos despojemos de todo egoísmo y de toda arrogancia, para que dejemos de ver con nuestros ojos y veamos a través de los ojos del otro. Pero, ¿cómo puede ser esto posible, cuando la evidencia nos muestra que existe un estado de desigualdad irrefutable en nuestra sociedad? Mientras existen personas que gastan miles de dólares en correas para su perro, miles de personas viven en extrema pobreza, y muchas madres ven a sus hijos entregarse a una vida delictiva o de adicciones por su condición infrahumana de vida. La sociedad materialista que sólo valora a la persona por lo tiene o, peor, por lo que aparenta, impide cada vez más la práctica de la misericordia. Como creyentes habría que mostrar misericordia, con todas las implicaciones que eso trae aparejado. Pero, ¿cómo mostrar misericordia con el esposo de una hija, hermana o amiga entrañable que es borracho y golpeador?, ¿con un violador, un secuestrador, un asesino o un traficante que envenena a nuestros hijos e hijas?, ¿con un terrorista? Habría que preguntarse seriamente ¿qué haría N. S. Jesucristo ante una situación como esa? Para poder llegar a tal perfección evangélica, podemos comenzar por poner en práctica al menos algunas de las obras de misericordia corporales (Mt 25, 35-36) por amor a Dios. Además, como bien sabemos, existen otras obras de misericordia, las espirituales, que no se compendian en un solo pasaje neotestamentario, sino dispersas en evangelios y epístolas, a excepción de “hacer oración por los difuntos” (2Mc 12, 45). La práctica piadosa de éstas también nos ayudará a acercarnos a empatizar con nuestro prójimo, y de ahí dar el salto a la misericordia que Dios quiere de nosotros, porque el Señor quiere misericordia y no sacrificios, pues Su Hijo no vino al mundo a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 13). Seamos pues misericordiosos, para alcanzar misericordia. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara(arroba)up.edu.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones