Sábado, 25 de Octubre 2025
Suplementos | Dios en su grandeza no puede ser hospedado en un espacio finito

Basta una palabra

Dios en su grandeza no puede ser hospedado en un espacio finito, entre muros, aun cuando estos sean majestuosos. La Iglesia ofrece a todos una posibilidad de encuentro con Dios, en todo templo, pero son éstos también el lugar de encuentro entre los hombres

Por: EL INFORMADOR

La unidad de la Iglesia encuentra su grandeza cuando se manifiesta la fe.  /

La unidad de la Iglesia encuentra su grandeza cuando se manifiesta la fe. /

GUADALAJARA, JALISCO (02/JUN/2013).-

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:


Libro de los Reyes 8, 41-43

“Los extranjeros oirán hablar de tu gran nombre, de la fuerza de tu mano y de tu brazo protector”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los Gálatas 1, 1-2.6-10

“Si alguno les predica un Evangelio distinto del que ustedes han recibido, que sea maldito”.

EVANGELIO:

San Lucas 7, 1-10


“Yo no soy digno de que Tú entres en mi casa. Basta que digas una sola palabra y mi criado quedará sano”.

REFLEXIONANDO LA FE…

¿Cómo podría la Iglesia abrir las puertas a la juventud?


Sólo podemos abrirnos a los jóvenes partiendo de ellos mismos. ¿Cuáles son sus intereses?, ¿dónde viven?, ¿cómo viven ellos sus relaciones?, ¿qué critican y qué compromiso exigen de nosotros? Aquí pueden encontrarse muchas inquietudes en las que los colaboradores eclesiásticos pueden participar. Al comienzo, los jóvenes están en el centro: sólo después pueden introducirse los adultos y las estructuras eclesiásticas para ofrecer su apoyo y sus correcciones. Por cierto, este camino no funciona si comenzamos prescribiéndole a la juventud cómo ha de vivir y después la juzgamos con la intención de captar a aquellos de entre los jóvenes que corresponden a nuestras reglas y representaciones. La comunicación debe iniciarse en libertad, pues, de otro modo, no es comunicación. Sobre todo, así no puede conquistarse a nadie —a lo sumo, de ese modo se lo puede reprimir—. El ser humano con el que me encuentro es desde el comienzo un interlocutor en pie de igualdad y un sujeto. En el diálogo con él llegamos a concebir nuevas ideas y a dar pasos en común.

La cuestión en la que los jóvenes son más sensibles y susceptibles es si los tomamos como interlocutores en pie de igualdad o si queremos hacerlos objeto de nuestras enseñanzas como si fuesen tontos o estuviesen equivocados. Nosotros creemos que todos los hombres son criaturas de Dios y tienen una misma dignidad. Este es un requisito decisivo para toda comunicación en la que participamos.

Card. Carlo M. Martini

> El lugar del encuentro


La Iglesia es el lugar de la comunión por excelencia, o debe serlo, no es posible transferir una serie de fronteras en el seno de
la Iglesia misma, como lo marca la lectura del libro de los Reyes: “Los extranjeros oirán hablar de tu gran nombre”.

En la Iglesia nadie debe sentirse extraño, y nadie privilegiado, es esto lo que garantiza y establece la comunión a la que todos estamos llamados, aun los que no se han integrado por diversas razones, algunas conicidas y otras por conocerse.

En la Iglesia no se deben dar eventos de exclusividad, no se trata de prepararse una capilla aparte, en donde me reuno únicamente con los que yo he convocado, con los que considero son como yo; no olvidemos ni perdamos de vista que en toda celebración de Iglesia, el que nos convoca es Dios, y para él todos somos llamados, en quienes no hay distinción.

Cuando somos conscientes de este gran misterio, el templo, majestuoso o no, se convierte en un lugar en el que Dios está en toda su majestuosidad, porque nosotros nos hemos dado a la tarea de abrir las puertas a todos los que él ha llamado porque ama. No es suficiente orar por los otros, es necesario orar con los otros, con todos.

> El lugar de la fe

La posibilidad del encuentro que se busca en todo templo se da gracias al don de la fe, el evangelio de Lucas en este domingo, lo subraya de manera admirable. Un Centurión que suplica a Dios la sanación de un criado, no está presente frente a Jesús, por su generosidad y el germen de fe, que Dios deposita en todos los hombres, se ha movido en generosidad para con todos e incluso les ha regalado la construcción de un templo, en donde se adorara a un Dios en el que no cree, por esta fe, que él
manifiesta, aun cuando parece lejano, ser de otro grupo alguien a quien se debiera apartar o cerrar las puertas, logra no sólo el encuentro con los hombres, sino con Dios, por su fe.

Jesús se ha encontrado con la fe de un pagano y no ha podido controlar su asombro al grado que dice: “Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande”. Es la fe lo que causa la admiración de Jesús, es el don que él mismo nos da, que genera su admiración cuando ésta se vive en plenitud, en coherencia de vida, Dios ha depositado la semilla de la fe en todos los hombres, inscritos o no en nuestros libros parroquiales, pero si hemos de ser los inscritos y censados los que de una mejor manera, sepamos admirar, sorprender a Jesús por nuestras manifestaciones de fe, en razón de lo que hemos recibido, “Al que más se le da, más se le pide”.

> El lugar de la unidad


A Jesús no le interesa el hecho de que aquel hombre, el Centurión, fuese un bienhechor del templo local, sino el hecho de que aquel fuese portador de una fe extraordinaria, una fe que ni siquiera tenía necesidad de la presencia de Cristo en su casa, sino que se fiaba del poder de su palabra a distancia.

Ante este pasaje del evangelio de hoy, más que admirar el milagro de la curación de un hombre, se presenta el admirable milagro de la fe de un considerado pagano, logrando manifestar así que la gran unidad de los creyentes no está en la congregación bajo el techo de un templo, sino en la vivencia de la fe.

La unidad de la Iglesia encuentra su grandeza cuando se manifiesta la fe, fe que tenemos la obligación de vivir extraordinariamente.

Sólo quien ha tenido un encuentro con sus hermanos, desde la caridad será capaza de encontrarse con Dios, no sólo en el templo, sino en todo lugar, bastándole sólo una palabra, para reconocer la grandeza y majestuosidad de Dios.

DESDE LAS LETRAS

Frente al misterio de tu cuerpo

Frente al misterio de tu cuerpo siento

cuando el misterio me traspasa y mira

el tiempo dilatado de la vida

y el amor entregado que contemplo.

Tú eres la fuente de mi gozo eterno

anticipado en celestial comida

el que celebra cada eucaristía

en que te donas con abrazo tierno.

Siento que vives y tu Amor palpita

que el tiempo vuela con candor alado

que el canto fluye porque enamorado

desde la hondura de la ausencia invita.

Tú que en silencio todo lo percibes

cuando el susurro de mi voz te invoca,

cuando el aliento de mi amor te toca

dame la gracia que el Amor concibe.

Estoy sediento, el corazón postrado,

mis ojos en los tuyos, suplicantes.

y el pecho enamorado y anhelante

se confunde en el tuyo traspasado.

Comida del hambriento, te has quedado

en el pan del trabajo cotidiano,

en el fruto de la tierra y de mis manos,

en el vino del racimo triturado.

Fray Alejandro R. Ferreirós

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones