Sábado, 01 de Noviembre 2025
Suplementos | Muchos de fueron bautizados, dicen ser cristianos y creer en Dios

Basta que tengas fe

Es preciso, pues, abrir los ojos y conocer el verdadero rostro de Dios

Por: EL INFORMADOR

 ¿Por qué si los seres humanos fuimos creados para la felicidad, y la libertad, existen tantos hombres y mujeres que se empeñan en vivir tristes, apesadumbrados, deprimidos, oprimidos, temerosos, angustiados, etc., y como consecuencia de ello, existe tanta injusticia, violencia corrupción, etc.?

La respuesta es clara: porque viven engañados; porque ellos mismos así lo han creído u otros les han hecho creer conceptos totalmente falsos de lo que es Dios, de quién es Jesucristo, de lo que es la vida, del para qué vivimos, de cuáles son nuestra misión y nuestro fin.

Y aunque muchos de ellos fueron bautizados, dicen ser cristianos y creer en Dios, habrían de preguntarse en qué Dios creen para vivir en esa situación; porque, evidentemente, no es en el Dios de Jesucristo.

Pueden tener fe, mas no en un Dios que es Padre, que es Amor, que es infinitamente misericordioso, bondadoso, comprensivo, respetuoso de nuestra libertad, que perdona y olvida nuestras ofensas, y que siempre procura lo mejor para sus hijos, sino en un dios tirano, vengativo, inflexible, castigador, rencoroso, etc. Y, lógicamente, en ese “dios” no se puede confiar; y como no confían en Él, y, por menos que quieran, aunque se sientan autosuficientes, muy capaces de todo, todos terminarán por reconocer, en el fondo de su corazón, su debilidad e impotencia; el miedo y los temores llegarán a invadir su existencia, impidiendo su realización como personas humanas y, por ende, su felicidad.

Es preciso, pues, abrir los ojos y conocer el verdadero rostro de Dios, el que Jesucristo vino a revelarnos, y para lograrlo, hemos de conocer precisamente a Jesucristo, su Enviado, quien afirmó: “Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre.” (Jn 14,7), y para conocerlo, no basta con llenarnos de conceptos intelectuales, sino que es indispensable tener un encuentro personal con Él.

Una vez conociéndolo, podremos confiar en Él; y una vez confiando, el miedo se alejará de nosotros. Ahora bien, hemos de confiar en forma absoluta: “Esta confianza del hombre en Dios ha de ser plena de certeza, porque Él todo lo sabe, es todopoderoso y quiere nuestra salvación”, afirmó el gran teólogo y doctor de la Iglesia, Sto. Tomás de Aquino. No puede haber vacilaciones: “Pues el hombre que vacila se parece a las olas del mar que se levantan y se agitan según el viento. Un hombre así no espere nada del Señor”(Stgo 1, 6).

Por lo tanto, quien llega a confiar en Dios de esa manera, con esa certeza y firmeza, está  preparado para ser auténtico discípulo, es decir, seguidor de Cristo, y también apóstol a carta cabal, es decir enviado a predicar, a extender el Reino de Dios.

La confianza es fruto de la fe, y la fe no consiste solamente creer en una persona, sino también en creerle; sí, creerle a su Palabra, que es la que nos revela su persona,  sus mandatos, sus promesas, su fidelidad, su grandeza, su amor, su misericordia, etc., etc., y actuar en consecuencia.

Jesús cuando el jefe de la sinagoga se entera que su hija ya había muerto y es aconsejado por sus súbditos de que ‘ya no lo molestara’, pronunció una sentencia que nos debería cuestionar : “No temas, basta que tengas fe”, y finalmente volvió a la vida a la hija del funcionario.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

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