Lunes, 27 de Octubre 2025
Suplementos | Fernando Palomar (III) en el Museo Raúl Anguiano

Arte contemporáneo

“Hallábame a la mitad del camino de nuestra vida, cuándo me vi en medio de una oscura selva, fuera de todo camino recto...”.

Por: EL INFORMADOR

por: patrick charpenel

1. “Hallábame a la mitad del camino de nuestra vida, cuándo me vi en medio de una oscura selva, fuera de todo camino recto...”.

Con estas palabras inicia La divina comedia de Dante Alighieri. Este libro es la máxima reflexión sobre la vida moral de la ciudad de Florencia en el siglo XVI, momento en el que esta región se encontraba en plena ascensión económica. Sin embargo, para Dante esta riqueza era consecuencia de la decadencia de una comunidad que había perdido sus valores. Esta contundente imagen es el eje de inspiración sobre el que giran las meditaciones del artista tapatío Fernando Palomar en su más reciente exposición. Por ello, ahora retoma las palabras de Dante y lo hace justo a la mitad del camino de su existencia: en una etapa de su vida que se muestra a medias, en la que ya se han realizado algunos de sus sueños pero en donde también han quedado frustrados muchos proyectos.
Por encomienda de Palomar se le pidió al conocido grafitero Frases que pintara, con sus característicos grafismos callejeros, la sentencia del escritor sobre láminas de metal.

2. En la galería Miguel Aldana Mijares del Museo Raúl Anguiano se inauguró la muestra I/II de Fernando Palomar. Dentro de los 350 metros cuadrados de área de exposición se muestran nueve trabajos realizados en distintas técnicas y materiales. El elemento que da unidad a todas las piezas es la propia “memoria” del artista, revelando con esto una suerte de arqueología personal. Los residuos de estos recuerdos son sonoros y visuales, son extractos de grabaciones, libros y fetiches de la infancia.
Sin modificar la museografía de la exposición de arquitectura que le precedió en el museo, Fernando buscó reforzar el efecto “huella”. Por ello, decidió conservar las bases de las maquetas de arquitectura, respetando las marcas que quedaron para introducir el primer elemento externo: el grafiti de Frases. Así, sobre las paredes octagonales del museo vemos desplegarse el texto de Alighieri hasta interrumpirse a la mitad del recorrido, aun lejos del centro de una elipsis envolvente que estructura el montaje. El segundo elemento externo de este conjunto de obras es un objeto utilitario: una barca de pescador construida en la rivera de Chapala. Se trata de una balsa de madera ubicada justo en el corazón de la sala.
El material con que trabaja Palomar está conformado por una colección de fetiches personales: recortes de periódico que cuentan el origen de una figurilla labrada en piedra hace miles de años (Leona Guennol); rompecabezas armables que reconstruyen una pintura de Brueguel (La fiesta del patrono San Jorge); portadas de discos de vinilo que reproduce la fachada de una obra arquitectónica (Música en la capilla del rey); videos que recrean animaciones infantiles (Speedy González cousin in Weimar). Todas estas piezas conforman la arqueología personal del artista, en cuyos linderos se prefigura su autobiografía.

3. La geometría espiral que estructura la muestra de Fernando Palomar está compuesta por una serie de elementos que se suceden uno a otro. En el extremo de esta extensa disposición reconocemos un “centro” que simboliza la forma esquemática de la evolución del universo. Es pues una suerte de planetario que se origina por el movimiento del público dentro de la sala. La espiral designa la relación entre la unidad y la multiplicidad de la exposición. Ahora bien, la espiral además tiene un espectro negativo que conecta con los elementos oscuros, sugiriendo una “suspensión” del orden provisional. Este ejercicio consiste en una introspección en la que se recuperan fragmentos de la historia personal del artista, para posteriormente proyectarlos en una barca, es decir, en un “vehículo” que comunica los tiempos y lugares de su vida.

4. Con su amigo Ernesto Ramírez, Palomar realizó la pieza clave de este proyecto. Ordenó alfabéticamente una lista de pintores en placas de aluminio y plexiglás. Así, se conformó un índice de grandes creadores que, en conjunto, constituyen un excelente muestrario de los movimientos artísticos de los últimos siglos. Aún siendo una lista extensa y plural, está selección refleja las preferencias de Palomar y Ramírez. Como Alighieri, Palomar se encuentra navegando sobre un universo moral: sobre un escenario nostálgico repleto de información, revelando las acciones buenas y malas que han tejido su memoria.

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