Sábado, 01 de Noviembre 2025
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Aprender de ellos

Discapacitados en las cárceles

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO (07/MAY/2010).- En esta ocasión, la cotidiana cita con el asombro y la desilusión ha sido enterarnos que existen presos en las diferentes cárceles de nuestro país que presentan algún tipo de discapacidad intelectual. Algunos en espera de juicio, otros cumpliendo condena. Muchos, por no decir la gran mayoría, cobardemente inducidos a cometer delitos--- mayores y menores--- ya que dada su condición, son sujetos altamente manipulables. Resulta comprensible que se trata de personas que no entienden la trascendencia de sus actos. Por supuesto que una vez encarcelados se convierten en victimas propicias de abusos, violencia y manipulación. Pensar que a lo largo de su detención, proceso y sentencia cuenten, como lo indicaría el mas elemental de sus derechos, con asesoria de psicólogos, trabajadores sociales y juristas, resulta una mera utopía. Estamos hablando de personas con discapacidad que viven recluidos en las cárceles mexicanas con toda su brutal parafernalia y sujetos a penalidades indecibles, seres altamente propensos a desarrollar cambios de conducta que más temprano que tarde se traducirán en graves trastornos mentales.

Se trata de un asunto no menor. Si bien los casos son pocos en relación al total de la población penitenciaria  no quedamos eximidos de atender esta injusta, cruel e inhumana situación. Uno solo que fuera ameritaba atención. Por lo pronto el tema hay que enfrentarlo bajo el signo del inmediato compromiso tomando la justicia como guía.

El hecho de haber delinquido y no analizar con cuidado y suma puntualidad las condiciones en que se desarrollaron los hechos, es una grave falta humanitaria a la aplicación de la justicia. Por lo tanto, sentenciarlos y encarcelarlos se convierte en una extraña y contradictoria paradoja: el juez que condena termina por convertirse en sujeto de remordimiento, arrepentimiento y culpabilidad. Sin un cuidadoso estudio de las circunstancias bajo las que se cometió un delito por parte de una persona con discapacidad intelectual cualquier condena será una forma de opresión humana muy parecida a la esclavitud. Ya nos podremos imaginar la precariedad de su vida dadas las condiciones del entorno en que viven recluidos: es un impacto emocional de hondo calado. En otras palabras, si permitimos esta injusticia estaremos negándoles otro más  de los derechos humanos: el derecho a la compasión.

El maltrato y la violencia, factores comunes en los centros de reclusión impactan profundamente en una persona con discapacidad intelectual alterando peligrosamente su estabilidad emocional de por si vulnerable. Tenerlos presos y entremezclados con el resto de la población penitenciaria es algo así como mirar de frente la más alta manifestación de crueldad humana. La indiferencia al tema por parte de autoridades y sociedad se convertirá en el eco de una injusticia que nunca cesara. Un fracaso más de la civilización, negación de justicia como prueba de maldad. Mantenerlos presos y sin la debida atención  es condenarlos a un mundo que no les corresponde.

Así las cosas, las personas con algún tipo de discapacidad, presas y conviviendo con el resto de los recluidos nos debe obligar a hacer un paréntesis en el tema de la aplicación de la justicia, para reflexionar la aplicación de la justicia. Amén de los amenes.

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