Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | “El pan que desciende del cielo”

Alimento diario

Cuando Jesús estaba enseñando, mencionó que Él era el verdadero pan del cielo

Por: EL INFORMADOR

 “El pan que desciende del cielo” era una expresión que los judíos del tiempo de Jesús podían entender muy bien, porque se referían al maná, el alimento que sus padres comieron en el desierto por cuarenta años. El pueblo de Israel había salido de la esclavitud de Egipto, en la cual vivieron por 400 años, y ahora se dirigían a lo que se llamaba “la tierra prometida”, es decir, el lugar que Dios les había preparado para que se establecieran definitivamente.

     Mientras llegaban a ese lugar, tuvieron que vagar por el desierto, a pesar de lo cual Dios siempre cuidó de ellos; una de las formas más maravillosas del cuidado divino, fue que cada mañana ellos recibían el alimento diario que les caía del cielo. Se trataba de una especie de escarcha con sabor a harina y miel, que aparecía sobre la faz de la tierra como si fuera un rocío matutino y que duraba hasta que salía el sol y calentaba la tierra. A este alimento le llamaron “maná” y aprendieron a cocinarlo de diversas maneras.

    El maná tenía todo tipo de virtudes: un alto contenido de humedad, lo que llenaba en mucho sus necesidades de agua (recordemos que anduvieron 40 años en el desierto), y un balance nutritivo perfecto, ya que ese alimento fue suficiente para mantener a la gente saludable y bien nutrida. Seguramente ninguno de los dos y medio millones de israelitas que anduvieron tanto tiempo por el desierto, tuvo problemas con su colesterol o su glucosa, ya que comían diariamente un alimento perfecto, el alimento del cielo.

    Durante esos 40 años, Dios cumplió su promesa de alimentarles, de tal manera que nadie murió de hambre, ni padeció necesidad. Con todo, y a pesar de que el maná era el alimento perfecto, el pueblo llegó a quejarse de Dios por una razón: llegó el momento en que les aburrió el sabor de su comida. De hecho, el maná presentaba lo que podría entenderse como “otro inconveniente”: había que madrugar para recogerlo, no había forma de levantarse tarde y obtener la comida del día.

    Estos factores hicieron que en ocasiones el pueblo se quejara de Dios y extrañara los sabores que había probado en Egipto, tales como la carne, los melones, las cebollas y otras verduras; sus quejas fueron reprendidas duramente por Dios, ya que estaban menospreciando el milagro diario que sucedía delante de sus ojos.

    Cuando Jesús estaba enseñando, mencionó que Él era el verdadero pan del cielo, en comparación con el maná que habían conocido sus antepasados. Todos entendieron la afirmación, y se molestaron, ya que se dieron cuenta de que Jesús afirmaba entonces haber bajado del cielo (igual que el maná) y tener la tarea de alimentar a los hombres. Incluso Jesús comparó los beneficios del maná contra los beneficios de Él mismo: los que comieron el maná, a pesar de recibir alimento del cielo, murieron, mientras que los que comían de Él (es decir, de sus enseñanzas) tendrían vida espiritual eterna.

    Pero al igual que los israelitas en el desierto, conocer a Jesús como el verdadero pan de vida tiene un desafío: hay que dedicarle cada día un tiempo especial para poder alimentarse de Él. Aquí es donde el asunto se vuelve un conflicto, porque la mayoría de la gente vive demasiado ocupada como para dedicarle a Jesús un verdadero tiempo de calidad, mientras que otros deciden alimentarse de Él cada domingo, cuando piensan que es su deber acercarse a Dios por un rato, y con la idea de irse lo más pronto posible a disfrutar de su día de descanso.

  Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail

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