Miércoles, 12 de Noviembre 2025
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Al rescate de la Esperanza

Cómo recuperar la esperanza

Por: EL INFORMADOR

Sabios antiguos afirmaban muy acertadamente que la historia es maestra de la vida, y que lo que se da en el macrocosmos se da en el microcosmos; es decir, lo que sucede afuera, en el exterior, se da también en el corazón de cada uno de los seres humanos.

Pero también sucede a la inversa, lo que vivimos en lo más íntimo de nuestro ser, inevitablemente influye en el contexto social: violencia, falsedad, mentira, injusticia, engaño, infidelidad, corrupción... todo lo que se deja germinar en el propio ser, va a reflejarse también en lo externo.

La trayectoria histórica de los pueblos y la trayectoria de cada ser humano tienen una similitud extraordinaria.

Cómo recuperar la esperanza

Esa esperanza Dios mismo la sembró en cada uno como una semillita, para que la hiciéramos crecer y desarrollar hasta llegar a ser una sombra frondosa, donde nos podamos cobijar y resguardar de todos los avatares que atravesamos durante este breve tiempo que nos toca vivir.

No es sencillo ni fácil, no es cosa automática; son muchas las condiciones que hay que mirar, muchos los aspectos que habrá que cuidar y mucho sin duda será preciso modificar, para poder instaurar esa esperanza que va a dar sentido nuevo a la vida cada día y que es la única que puede dar alegría, seguridad, certeza de ir por buen camino.

Si esperamos que el entorno cambie y nosotros mismos no hacemos nada por cambiar nuestro pequeño mundo interior, estamos equivocados.

Es aquí y ahora donde necesitamos encontrar la ruta, y la tenemos fácil, al alcance de la buena voluntad.

La fe es luz y la da gratuitamente Dios a quien quiere abrir las puertas y ventanas de su corazón para recibirla.

La esperanza es la actitud humana de apertura a lo que Dios ofrece.

Si esperamos de los demás, si ponemos nuestra confianza en estructuras y en esquemas que vienen de fuera, o en las personas, estamos equivocados.

Hay una Palabra muy áspera en la sagrada escritura, que deja frío al que la lee: “Maldito el hombre que confía en el hombre”.

Entonces ¿que?, ¿no debemos confiar en nuestros padres?, ¿es la desconfianza la que va a dirigir nuestros pasos?

Bien entendida, esta palabra tiene su sentido y se explica por sí misma: no es una invitación a la desconfianza universal, sino a poner la meta de todas nuestras esperanzas en Dios y a ser cada uno dignos de confianza.

Desafortunado el que pone su esperanza última en lo humano, en lo perecedero, en las personas, aún en las más queridas. Porque no es el ser amado, ni quienes nos dieron la vida quienes van a dar razón a nuestra existencia.

Es en resumidas cuentas el Dios de nuestro corazón quien puede llenar todas nuestras expectativas del presente y del futuro y el que tendrá la última palabra en nuestra vida.

Por eso la invitación es hoy a rescatar la esperanza, esa esperanza que tal vez llevamos dormida en lo más hondo de nuestro corazón.

ORACIÓN

Señor Jesús, tus palabras y tu ejemplo

han sido para cada persona que pasa por el mundo

la pista más segura para vivir en plenitud.

Inútilmente vamos buscando en este mundo

aquello que pueda dar consistencia a nuestra vida,

y a veces olvidamos que Tú eres la Verdad,

el Camino seguro y la Vida en plenitud.

Señor Jesús, aviva nuestra fe, para que podamos vivir

la esperanza auténtica, la que nos da seguridad

de que tan sólo en tus manos se encuentra la alegría.

María Belén Sánchez, fsp

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