Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | Pedir no sólo es necesitar algo, sino reconocer que a quien acudo me lo puede dar

Al que pide se le da

La acción de pedir no sólo es necesitar algo, sino lo más importante, reconocer que a quien acudo me lo puede dar; desde el ámbito de la fe, la petición hecha a Dios es una proclamación de confianza y un reconocimiento de su poder.

Por: EL INFORMADOR

''El evangelio centrado en la oración supera los tratos apelados por Abraham''.  /

''El evangelio centrado en la oración supera los tratos apelados por Abraham''. /

• LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:

Génesis 18, 20-32


“Me he atrevido a hablar a mi

Señor, yo que soy polvo y ceniza”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los colosenses 2, 12-14


“Por el Bautismo fueron ustedes sepultados con Cristo y también

resucitaron con Él, mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos”.

EVANGELIO:

San Lucas 11, 1-13


“Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra, y al que toca, se le abre”.

REFLEXIONANDO LA FE...

• “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones”


« Vayan y hagan discípulos»; vayan más allá de las fronteras de lo humanamente posible, y creen un mundo de hermanos y hermanas.  Puntualizaba el Papa Francisco a los jóvenes al inaugurar la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, pero también los jóvenes tienen confianza en Cristo: no tienen miedo de arriesgar con él la única vida que tienen, porque saben que no serán defraudados.

Al dirigirme a los jóvenes, hablo también a sus familias, sus comunidades eclesiales y nacionales de origen, a las sociedades en las que viven, a los hombres y mujeres de los que depende en gran medida el futuro de estas nuevas generaciones.

Es común entre ustedes oír decir a los padres: “Los hijos son la pupila de nuestros ojos”. ¡Qué hermosa es esta expresión, que aplica a los jóvenes la imagen de la pupila de los ojos, la abertura por la que entra la luz en nosotros, regalándonos el milagro de la vista! ¿Qué sería de nosotros si no cuidáramos nuestros ojos? ¿Cómo podríamos avanzar? Mi esperanza es que, en esta semana, cada uno de nosotros se deje interpelar por esta pregunta provocadora.

La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo y, por tanto, nos impone grandes retos. Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio; eso significa tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; darle una base sólida sobre la que pueda construir su vida; garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser; transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir; asegurarle un horizonte trascendente que responda a su sed de auténtica felicidad, suscitando en él la creatividad del bien; entregarle en herencia un mundo que corresponda a la medida de la vida humana; despertar en él las mejores potencialidades para que sea protagonista de su propio porvenir, y corresponsable del destino de todos. Con estas actitudes, precedemos hoy al futuro que entra por la ventana de los jóvenes.

• ¿Cuánto es lo menos?


En la primera lectura de este domingo nos encontramos un apasionado diálogo entre Abraham y Dios, al puro estilo mexicano, comprando en un mercado. Dios que descubriendo la depravación en la que han caído las ciudades de Sodoma y Gomorra, decide exterminarlas, y Abraham aboga por su liberación, atendiendo a la misericordia de Dios, a quien conoce.

Este acontecimiento de deseo de terminar con esas ciudades y el pleno conocimiento que Abraham tiene de Dios, lo llevan a un afanoso regateo en búsqueda de cuánto es lo menos por lo cual Dios puede ceder: “¿Será posible que Tú destruyas al inocente junto con el culpable? Supongamos que hay cincuenta justos en la ciudad, ¿acabarás con todos ellos y no perdonarás al lugar en atención a esos 50 justos? Lejos de ti tal cosa: matar al inocente junto con el culpable, de manera que la suerte del justo sea como la del malvado; eso no puede ser. El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?”. Es la manera como inicia el diálogo entre Dios y Abraham, y lo interesante sigue en esta conversación, Dios cede a los 50 y Abraham vuelve arremeter buscando un nuevo descuento: si fueran 40, Dios cede, Abraham ofrece 30, luego 20, hasta llegar a 10, en donde se detiene Abraham y Dios acepta.

En este pasaje Abraham se destaca como un excelente negociador, de 50 llegó a tan sólo 10, ni la mejor ama de casa de nuestro México, puede lograr tal descuento, pero si Abraham es capaz de pedir a pesar de la manera tan titubeante con la que lo hace, es porque conoce Dios, y sabe de la realidad de estos pueblos: Dios es todo misericordia y no se deja ganar en misericordia, y Sodoma y Gomorra se han perdido de tal manera, que difícilmente se pueden encontrar algunos justos que sean el rescate de todos.

Aun cuando Abraham creyó haber hecho la mejor de las negociaciones su regateo no fue suficiente, no se encontraron 10 justos en Sodoma y Gomorra, pero esto de ninguna manera frenó la justicia y misericordia del Señor y en respuesta a estos pocos, por la acción de Abraham sacó a la única familia de justos que había en aquellas tierras antes del exterminio de los pueblos. Dios es rico en misericordia.

• ¿Me lo compras?

La perspectiva propuesta por el evangelio centrada en la oración, supera los tratos apelados por Abraham en la lectura, ya no es un trato distante entre el juez y el suplicante, es la cercanía, y más aún, la familiaridad del Padre con sus hijos.

Es Cristo mismo, el único Hijo, quien nos autoriza a dirigirnos hacia el Dios creador de todo con tan impresionantes palabras: “Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación’”.

Con esta oración que Jesucristo pone en nuestros labios, ya no es necesario regatear, se nos ha dado todo, somos hijos, todo lo suyo es nuestro y de Él todo es, ahora retomando las imágenes de nuestra vida, podemos decir que ya no hemos de preocuparnos por el precio, porque Dios ha pagado por nosotros a precio de su Hijo, que ha dado su vida para salvarnos, lo nuestro es ahora decir como el hijo pequeño que dice al padre: “¿Me lo compras?”, para saber con certeza que Cristo ya ha pagado por nosotros.

El Padre nuestro se convierte en la oración tipo de los hijos que osamos pedir todo al Padre para la realización de su Reino y para cuanto afecta a nuestra vida diaria de aquí abajo.

A la vez que todo lo recibimos de Dios, nuestro Padre  rico en misericordia, las oraciones, en particular el Padre nuestro, tienen una característica: no nos dispensan de actuar, no se trata de sólo pedir y permanecer cruzados de brazos, Dios nos escucha, pero pretende y espera que nosotros también le escuchemos, como Padre.

Y Dios como excelente padre que es, y busca ante todo la educación de los hijos, no nos da todo cuanto nosotros creemos necesitar, en nosotros está pedir, y en Dios dar, pero conforme a nuestra salvación, Dios nos lo ha comprado todo, pero nos lo da en orden a la salvación, que es lo que más nos conviene.

DESDE LAS LETRAS

¡Oh Cristo!


«Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor;

ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia

sin que yo me angustie y llore;

ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias,

¡oh Cristo!

»En vano busco en los hondos escondrijos de mi ser

para encontrar algún odio: nadie puede

herirme ya

sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos,

¡oh Cristo!

»¡Qué importan males o bienes! Para mí

todos son bienes.

El rosal no tiene espinas: para mí sólo da rosas.

¿Rosas de Pasión? ¡Qué importa! Rosas de celeste esencia,

purpúreas como la sangre que vertiste por nosotros,

¡oh Cristo!»

Amado Nervo

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones