Lunes, 03 de Noviembre 2025
Suplementos | Al Sur del Cerro Toro y al Sureste del Cerro Vaca, se encuentra Laguna Juluapan

Admirable sitio natural

Al Sur del Cerro Toro y al Sureste del Cerro Vaca, se encuentra la fabulosa Laguna Juluapan

Por: EL INFORMADOR

Del restaurante nos dirigimos al Club Santiago y pasando el fraccionamiento se encontraba un sendero de tierra. EL INFORMADOR / V. García

Del restaurante nos dirigimos al Club Santiago y pasando el fraccionamiento se encontraba un sendero de tierra. EL INFORMADOR / V. García

GUADALAJARA, JALISCO (20/MAR/2016).- Al Sur del Cerro Toro y al Sureste del Cerro Vaca, se encuentra la fabulosa Laguna Juluapan, elevaciones que abrigan de los vientos a las barcazas ancladas en sus aguas, buen fondeadero con lecho de arena. Laguna que ofrece cobijo para un gran número de especies, acuáticas, terrestres, voladoras y a anfibios, donde la biodiversidad se manifiesta.

Después de una caminata en la playa y un chapuzón en el mar, fuimos a almorzar al Café Veracruzano, que se localiza por Las Brizas, nos sirvieron un rico café lechero, enseguida llegó un chiquigüite con tacos paseados de frijoles negros, las tortillas recién palmeadas, luego unas picadas y por último una tortilla española al estilo del restaurante.

Del restaurante nos dirigimos al Club Santiago y pasando el fraccionamiento viramos a la derecha por un sendero de tierra y luego de unos contornos fuimos maravillados por una sensacional masa de agua azul turquesa, delimitada por mangles y animada por diversas aves: pájaros bobos, tijeretas, garzas blancas, piquiamarillos, martines pescadores, y garzas tricolores.

Encontramos un claro entre los mangles y admiramos aquel insólito paraje natural, lleno de vida, muchas aves gozaban del cautivador espejo, otras se dejaban ver en las ramas de los frondosos mangles, rojos y blancos. La laguna se extendía, al fondo y al Oeste nos mostró dos islitas de mangle con aves por doquier, pelicanos y garzas cucharon.

Los mangles le daban un hechizante contraste al vaso, era un precioso anillo verde que enfatizaba el manto azul, embellecido por aves que lo surcaban o se sumergían por un pez, todas conviviendo y gozando de aquel hermoso paraje.

Caminamos lentamente por la vera de la laguna, pues el sendero la fue bordeando y serpenteando acorde a los salientes, el agua se dejaba ver a través de los mangles y en los claros nos deteníamos a observar las atractivas perspectivas que nos regalaba, agua salobre que alberga a una gran variedad de peces, camarones, cangrejos, culebras, almejas y bastantes más especies acuáticas.

Entre algunos mangles vimos lanchas varadas, más adelante, los cautivadores árboles se dejaron de ver y enseguida miramos un muelle con varias lanchas y lancheras aledañas, unas sirven de talleres para resanar y pintar cascos o arreglar motores.

 A corta distancia admiramos unas islitas de arena, cubiertas por gaviotas, nos a cercamos como a tres metros, permitiéndonos que las gozáramos por un buen rato, hasta que llegaron unos cormoranes y emprendieron vuelo a otra islita, una islita la ocupaban jaconas y pardelas, fiesta de vuelos y de poses, avocetas y espátulas mostraban su garbo.

Caminamos gustosos por el lecho de la laguna, que apenas cubría nuestros pies, percibimos su fina arena y su fresca y diáfana agua. No podíamos creer, ¡que estábamos viviendo el fantástico lecho, extenso y bajo, transparente y con olitas apenas perceptibles! “Vivencia inolvidable”. Unos niños jugaban con júbilo en aquel lecho, un chapoteadero a su medida, y lo más insólito, natural, artificialmente insuperable, lo disfrutaban algo incrédulos como nosotros. Posteriormente ocupamos una mesa de la “Ramada la Rana”.

Cherie se quedó a mirar la laguna y degustar unas ricas tostadas de ceviche. Marisol y yo fuimos a nadar en la laguna, no muy adentro, por que se hace profunda y una corriente fuerte sale al mar. Posteriormente Marisol se quedó sentada en el atractivo lecho, platicando con unos niños, yo fui a ver el puente colgante que permite ir a Palma Real, donde la laguna se estrechaba, formando una bonita boca para encontrarse con la Bahía Santiago y tocar el sorprendente Océano Pacífico.

La boca fue nombrada “La Boquita”, por su graciosa y zigzagueante forma. Después saboreamos unas heladas cervezas Pacífico y unos deliciosos cocteles de camarones y de pulpo, apreciando la bella laguna. Otras ramadas se asoman al mar. La Laguna Juluapan es simplemente sensacional, pintoresca, pródiga y un gran soporte viviente a la vez. Arropa aves endémicas y migratorias, se estiman cerca de trescientas especies, muchas vienen desde Canadá.

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