Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | En el Antiguo Testamento, Kadosch (santo) significaba estar separado de lo secular o profano y dedicado al servicio de Dios

Acerca de la Santidad

'Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo' (Lv 19, 2). Así exhorta Dios a su pueblo, con lo que la llamada a la santidad es para todos aquellos que creen en Dios Padre y en Jesucristo su único Hijo

Por: EL INFORMADOR

Primera parte
     “Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo” (Lv 19, 2). Así exhorta Dios a su pueblo, con lo que la llamada a la santidad es para todos aquellos que creen en Dios Padre y en Jesucristo su único Hijo. Pero, ¿en qué consiste esa llamada? ¿Qué es lo que significa ser santos? Una primera respuesta a la segunda pregunta es que, en lenguaje bíblico, “santo” significaba “apartado para el Señor”, con lo que se encuentra un significado inmediato al mandamiento: “Santificarás las fiestas”; quiere decir que habrá que apartar un día para dedicárselo a Dios. En el Antiguo Testamento, Kadosch (santo) significaba estar separado de lo secular o profano y dedicado al servicio de Dios. El pueblo de Israel se conocía como santo por ser el pueblo de Dios. Por otra parte, la santidad de Dios identificaba –e identifica– su separación de todo lo malo, de manera que el llamado del Señor que se lee en el Levítico invita a apartarse del pecado y vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
     Lo anterior quiere decir que todos los cristianos son, por definición, gente santa. Entonces, ¿por qué puede verse que con frecuencia no se vive de manera santa? ¿Qué falta en las vidas de los bautizados, si ya han recibido la bendición y la gracia de Dios? Propongamos la hipótesis de que se espera que la santidad sea un cúmulo de experiencias “mágicas” extraordinarias, como tener visiones, recibir un ángel o adquirir una vivencia especial que mantenga a la persona santa libre de las pruebas por las que pasan los demás, de las tentaciones y de toda suerte de errores y debilidades. Parece ser un concepto equivocado, puesto que en el Evangelio según san Mateo (Cfr. 26, 41) se especifica que “la carne es débil”. El hombre es frágil por naturaleza y estamos sujetos a las tentaciones. Si bien el Espíritu de Dios que habita en nosotros es el motor que impulsa el proceso de la santidad, no es posible dejarle todo el trabajo, pues por la libertad que Él nos ha dado se puede elegir entre ser santo/santa o no serlo; no hay manera de escapar a nuestra responsabilidad.
     Una de las cuestiones que a veces olvidamos es que los cristianos (católicos), el pueblo de Dios, vivimos en el mundo dentro de una familia, y contextos histórico, cultural, económico, etc. por los que se encuentran serias dificultades para el crecimiento espiritual; esto es, el camino de la santidad está tan cargado de trances y conflictos, que parecería imposible recorrerlo. Sin embargo, ha de entenderse que el proceso de santificación es una senda evolutiva que conduce al desarrollo personal e interpersonal. Para transitar por ella se requiere, antes que otra cosa, la aceptación de Dios por medio de la fe. Una vez infundida en nuestro ser, comenzamos a caminar y evolucionar, primero con una fe como de niño en la que nos sentimos dependientes de Dios, quien nos dice lo que tenemos que hacer.
El problema de la fe infantil que no evoluciona y crece, es que seguirá relacionándose con Dios desde la inseguridad, por lo que será una fe dominada por preceptos que conducen a generar rigidez en el comportamiento, de donde saldrán sentimientos de culpa por no responder a las exigencias vividas, como si éstas fueran impuestas por Dios. En este caso creará un mundo maravilloso de milagros, sin sufrimiento y sin responsabilidad, desde el cual podrá evadirse de la realidad; pero en algún momento esta realidad lo golpeará y difícilmente contará con recursos para hacerle frente. También podría suceder lo opuesto: no dar importancia a la fe para cumplir con prácticas convencionales. En este caso se siente una especie de vacío.
     En el siguiente artículo de esta serie continuaremos analizando la evolución de la fe en el camino de la santidad; mientras tanto, hemos de aceptar que la santidad es un proceso por medio del cual nos acercamos al modelo perfecto que es Jesucristo y llegar, en una madurez emocional y de fe, a vivir un estado en el cual no existen en el corazón ira, malicia, blasfemia, hipocresía, envidia, afición a la holganza, deseo egoísta del aplauso y buena opinión de los hombres, vergüenza de confesar la cruz, mundanalidad, engaño, contienda, codicia, ni ningún deseo o tendencia mala (Cfr. 1Cor 5; 13, 4). Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx
  

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