Suplementos | Nadie puede hablar bien de Dios, si no es Dios mismo A semejanza del Padre Dios elige a hombres y mujeres para manifestarse a otros y mostrarles su verdadero rostro Por: EL INFORMADOR 11 de septiembre de 2010 - 13:20 hs La peor desgracia que le puede suceder a un ser humano en su vida, es que la viva sin conocer el verdadero rostro de Dios. El acabose para aquél se da cuando muere así, sin conocerlo. Por una gracia especial en virtud de la misericordia divina, Dios, como sucede en muchos casos, se revela unas horas antes de la muerte, y la mayoría abre con humildad su corazón para recibir el perdón y, seguramente, la vida eterna. Aunque Dios puede revelársenos en la forma, el tiempo y el espacio que Él quiera, lo usual es que se valga de otros seres humanos para hacerlo; efectivamente, elige a hombres y mujeres para manifestarse a otros y mostrarles su verdadero rostro. De entre todos aquellos a los que Él llama, figura especialmente el sacerdote, quien, como representante de Dios en la tierra, ha de semejarse al padre del hijo pródigo. Debe ser, en primer lugar, el que acoge, pero habrá de hacer mucho más que esperar: ha de estar al acecho, “percibir desde lejos”, como lo refiere la parábola del Evangelio de hoy (Cfr. Lc. 15, 20). Para el pecador todo preámbulo se vuelve inútil: se siente que ya lo ha alcanzado en esa soledad en donde había encerrado su pecado. Antes de ser pronunciada una palabra, algo pasó: una mano, una mirada. Debe ser también, el que escucha: dejará al pecador decir lo que tiene en el corazón más que en la memoria. Escucha con tierna atención que incita a la confesión sin falsas huidas. Inspirará siempre al penitente una confianza que lo restituirá a sí mismo y le permitirá erguirse tal cual es ante Dios. Es quien abrirá al ser humano reconciliado un camino de progreso, a partir de las situaciones más desesperadas. La alegría surgirá de todas partes como el aroma de un hermoso jazmín, y ambos podrán cantar las maravillas de Dios, de las cuales los dos serán a la vez beneficiarios y testigos. Nadie puede hablar bien de Dios, si no es Dios mismo. El sacerdote no es más que un portavoz, pero es bueno que este instrumento se armonice perfectamente con la Palabra de Dios, con Dios mismo. El sacerdote se ayuda por una larga amistad con Cristo, quien se apiada de las multitudes en el desierto, se turba frente a la tumba de Lázaro, exulta porque la verdad llega a los más pequeños. El sacerdote se ayuda con la experiencia frecuentemente repetida de haber probado él mismo el perdón, y lo embarga la alegría que se da en el cielo cuando un pecador se convierte, e invita a los demás a “festejar y regocijarse” en el misterio de la Pascua, pues, como en la parábola del Evangelio de este domingo lo recuerda, “tu hermano que estaba muerto está vivo, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15, 32). Pero, sobre todo, el sacerdote, al igual que el Padre Providente, preside el banquete de la fiesta en el que alimenta y después seguirá alimentando al hijo y a todos los hijos e hijas que regresan a su casa, con el Pan de Vida, en cada Eucaristía que celebre, en la cual, con sus manos y su intermediación, gracias al poder que se le concedió al recibir el sacramento del Orden sacerdotal, consagra el pan y el vino, a los cuales el Espíritu Santo transforma en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, verdadera comida y verdadera bebida. Dios, nuestro Padre, nos invita hoy domingo a que lo conozcamos mejor y lo amemos más, y a que no olvidemos que “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a los que Éste se quiera revelar”, por lo que al participar en la Sagrada Eucaristía, a través de Cristo en el sacerdote, y presente y real en las especies consagradas, lo conoceremos y amaremos, y si nos alimentamos permanentemente de ellas, ya nunca lo dejaremos. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones