Lunes, 27 de Octubre 2025
Suplementos | Ellos decidieron sujetarse a su autoridad, incluso si las órdenes no eran de su agrado

150 años después

Ayer celebramos la victoria del ejército mexicano en contra de los invasores franceses, sucedida hace exactamente 150 años

Por: EL INFORMADOR

Ayer celebramos la victoria del ejército mexicano en contra de los invasores franceses, sucedida hace exactamente 150 años. Se trataba de una lucha desigual: el mejor ejército del mundo, suficientemente armado y pertrechado, bajo el mando de estrategas profesionales, en contra de un ejército sin experiencia, muy limitado en armamento, defendiendo a un país fracturado por sus propias pugnas internas. Una historia casi como la de David contra Goliat. Sin embargo, una vez más David venció al gigante. ¿Cuál fue su secreto? Podría sintetizarse en estas palabras: “Un líder, y una causa”.

En el ejército mexicano se agruparon soldados y voluntarios de muchas partes de México: Morelia, Querétaro, Toluca, Puebla, San Luis Potosí, Guerrero, Oaxaca, Tlaxcala, indígenas de Zacapoaxtla, Tetela de Ocampo,  Xochiapulco, y muchos lugares más. Sin duda que cada uno de ellos tenía una visión de lo que la batalla debería ser, y de la manera en que deberían de pelear, pero todos, absolutamente todos, se pusieron bajo el mando del General Ignacio Zaragoza.

Ellos decidieron sujetarse a su autoridad, incluso si las órdenes no eran de su agrado. Esta disciplina al combatir, marcó la diferencia en un grupo de soldados que habían sido derrotados muchas veces por la división en sus filas, y por las pugnas por el poder.

Cada miembro de este glorioso ejército abrazó una sola causa: la defensa del país. Son célebres las palabras del General Miguel Negrete, quien siendo de preferencias por el Partido Conservador, se puso a las órdenes de un Presidente del Partido Liberal: “Yo tengo patria antes que partido”. Ninguno de ellos pensó en su beneficio, antes, expusieron su vida para proteger a su nación, y garantizar libertad a sus compatriotas, sin distinción de sus preferencias políticas.

No extraña entonces que teniendo un líder y una causa, pudieron vencer a los mejores soldados del mundo. Esto me hace reflexionar en las derrotas que como humanos tenemos en la vida diaria, al tratar de lograr nuestras metas, o enfrentar nuestras adversidades: es posible que nos haga falta definir un líder y una causa. Fracasamos al variar los rumbos de nuestra vida, siguiendo nuestros impulsos, o confiando en nuestras buenas intenciones.

Es por eso que Jesús vino a este mundo, por causa de nosotros: Él es el líder, el que vino a dirigir nuestra vida con su sabiduría, y quien provee la mejor causa por la cual vivir: extender su reino en la tierra. Él es la planta, nosotros las ramas injertadas, y el fruto es nuestra razón de estar aquí.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail

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